Las muertes de negros en EE UU colocan a la policía ante el espejo

Al año del caso de Ferguson, se ha afianzado el debate sobre las prácticas policiales

Joan Faus
Cleveland, El País
En el vestíbulo de la sede del sindicato CPPA de la Policía de Cleveland (Ohio), cuelga un cartel que reza: Las Vidas Azules Importan. Es la respuesta al emblema Las Vidas Negras Importan, el epítome de las protestas contra la reiteración de muertes en Estados Unidos de personas negras desarmadas a manos de la policía.


La muerte, el 9 de agosto de hace un año, de un joven afroamericano en Ferguson (Misuri) por disparos de un agente blanco en circunstancias confusas propició una ola de disturbios, y un debate nacional sobre las prácticas policiales y el trato a la comunidad negra.

Doce meses después, el debate se ha afianzado. Cada vez que ha trascendido un caso parecido, ha crecido el escrutinio a la policía y se han desatado protestas. Sucedió en noviembre en Cleveland -en el Medio Oeste de EE UU- tras la muerte de Tamir Rice, negro de solo 12 años, por disparos de un agente que se sintió amenazado al creer que era real la pistola de juguete que llevaba. Un jurado debe decidir si lo imputa. La mejor prueba es una borrosa grabación de una cámara de seguridad.

Otros episodios similares en el último año difícilmente hubieran adquirido notoriedad o se hubieran aclarado sin la difusión de vídeos grabados por transeúntes con sus teléfonos móviles. Ferguson ha desencadenado una cascada de consecuencias: una investigación federal ha revelado un patrón racista en la policía local, más cuerpos han colocado cámaras en los uniformes, el FBI ha asegurado que muchos agentes tienen prejuicios raciales; y la Casa Blanca ha lanzado un plan de mejora de las prácticas y estadísticas policiales, y ha frenado la entrega de material militar a los cuerpos locales.

Pero las causas de fondo son complejas y han aflorado un examen de conciencia. ¿Es la policía en EE UU demasiado agresiva? ¿Actúa igual ante un blanco, negro o latino? ¿Ampara demasiado la justicia la capacidad de defensa propia de los agentes?

El cartel en el sindicato de Cleveland evidencia la polarización de este debate. "Siempre hay espacio para la mejora, pero creo que el escrutinio es intenso e injusto", dice Stephen Loomis, el presidente de CPPA, en una entrevista en su despacho. Loomis -22 años como policía y que representa a 12.500 agentes- niega que exista un problema racial ni de agresividad, y atribuye el efecto Ferguson a un desapego social, a la falta de respeto a la autoridad, a que la policía es un blanco fácil, y a una campaña de desprestigio del Gobierno.

Lo que más parece molestarle es que ahora se cuestione la esencia policial: el riesgo de ser atacado, la heroicidad de los agentes que se juegan la vida, la potestad de defenderse o la importancia de seguir sus órdenes.

Pero dice sentirse reconfortado por el papel de la Justicia, como la exoneración del agente de Ferguson por defensa propia, y confía en que sean condenados aquellos policías que abran fuego sin justificación, como el agente blanco de Carolina del Sur que en abril descerrajó ocho tiros por la espalda a un hombre negro desarmado. También asegura que él y sus compañeros del cuerpo nunca habían recibido tantas muestras de cariño en las calles.

En los primeros cinco meses de 2015, la policía mató en EE UU a 385 personas, más de dos al día, según un recuento del diario The Washington Post, que duplica las incompletas cifras oficiales. El ratio de víctimas negras triplica a las blancas. El 80% de las víctimas estaban armadas. De las desarmadas, dos tercios eran negras o hispanas, muy por encima de su peso demográfico.

Son niveles inéditos en otros países desarrollados. En un año, mueren en Alemania por disparos policiales ocho personas, y en Reino Unido y Japón ninguna, según el semanario The Economist. Mientras, cerca de 50 policías fallecieron el año pasado por disparos en EE UU.

Loomis, que es blanco, considera "idealista" pensar que restringir las ventas de armas (hay unas 270 millones de uso privado en un país de 321 millones de habitantes) reduciría las muertes porque, esgrime, los criminales siempre acaban teniendo acceso a ellas.

En cuanto al debate sobre las cámaras, alega que se está sobredimensionando el papel de las grabaciones de transeúntes, y defiende instalar cámaras de vídeo en todos los coches policiales en lugar de en los uniformes de los agentes porque considera que ofrecen imágenes más fidedignas.

El jefe sindical hace poca autocrítica. Su mayor reproche son los recortes en la última década al gasto policial en Cleveland, lo que redujo el despliegue en comunidades. El "mayor problema" en EE UU, sostiene, es la ausencia de un canal de comunicación entre policía y comunidad. Eso, especula, podría haber evitado la muerte del niño de 12 años.

Sin embargo, existían problemas previos, que Loomis minimiza: una investigación federal reveló un patrón de uso excesivo de la fuerza de la Policía de Cleveland y demasiada laxitud en el proceso de reclutamiento de agentes.

Tamir Rice murió en un parque infantil al lado de su escuela en un barrio empobrecido al oeste de Cleveland. El motivo de la llegada de la policía el sábado 22 de noviembre fue una llamada que alertaba de la presencia de un hombre "probablemente menor de edad" con un arma "probablemente falsa", pero estos detalles no fueron transmitidos desde la centralita a los agentes. El policía que abrió fuego alega que Rice -que medía 1,70 metros- parecía tener 20 años.

El viernes por la tarde, se acumulaban osos de peluche en el lugar donde fue abatido. En un poste, había una felicitación de aniversario de los 13 años que Rice nunca cumplió. Y a unos metros, varios niños negros jugaban felices en unos columpios.

"Es un problema que continuará ocurriendo hasta que hagan algo", decía, sobre la policía, Michael, afroamericano de unos 40 años y empleado de limpieza del parque. En cinco minutos en coche se llega del parque a la sede del sindicato policial, pero la distancia entre ambos mundos parece un abismo.
Ferguson, año I

No todos los policías creen, como el jefe sindical de Cleveland, que Ferguson no deba suponer un punto de inflexión. “Ha sido un año muy importante para reconocer que debemos encontrar formas de mejorar las prácticas policiales, especialmente en comunidades diversas”, dice por teléfono Chuck Wexler, director de Police Executive Research Forum, una organización con sede en Washington que tiene como miembros a los jefes policiales de la mayoría de grandes ciudades estadounidenses. “Muchas ciudades del país están analizando su uso de la fuerza y la confianza pública”.

El centro de análisis aboga por mayor restricción de los agentes y tomas de decisión más pausadas. Wexler cree que debe actuarse en los procesos de selección y entrenamiento de policías, en fortalecer los lazos con las comunidades, y en saber actuar mejor ante determinados colectivos, como los enfermos mentales y vagabundos. Y no se queja del mayor escrutinio propiciado por el caso de Ferguson: “Por la naturaleza de lo que hacemos, tenemos una responsabilidad ante el público”.

En el primer aniversario de la muerte de Brown, están previstos varios actos de conmemoración en varios puntos de ese suburbio de San Luis de 21.000 habitantes, en el Medio Oeste de EE UU. Tory Russell, negro de 30 años, participará en ellos. “Estoy orgulloso [de este año]”, dice desde Ferguson el cofundador de Hands Up United, uno de los principales grupos de activistas surgido de las protestas tras la muerte de Brown. “Me gustaría que hubiera más acciones contra la policía”, agrega en referencia al informe del Departamento de Justicia que reveló un patrón de discriminación racial en el cuerpo de Ferguson.

Hands Up United promueve actividades de apoyo social a comunidades afroamericanas empobrecidas en Ferguson y dispone de lazos con otros grupos similares en EE UU y el extranjero. Russell dice que un rasgo diferencial de los activistas de Ferguson es que están directamente “conectados con la lucha” de las clases trabajadoras y “no son un concepto abstracto”. En este sentido, se jacta de no coordinarse con las tradicionales organizaciones nacionales negras de derechos civiles.

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