River se reencontró con el triunfo, pero no con su mejor versión
La victoria ante Aldosivi le permitió al Millonario acomodarse en la tabla y dar un paso hacia el objetivo del Clausura. Pero el rendimiento volvió a mostrar que todavía hay mucho por corregir.
Resulta todo tan paradójico y enrevesado en este año de River que después del superclásico, del arbitraje controversial de Nicolás Ramírez y de la continuidad mediática del enojo, el partido frente a Aldosivi comenzó a enderezarse producto de dos intervenciones del VAR. Justas, correctas, por caso. Que podrán invitar al reclamo, al “por qué ahora sí y antes no”. Pero que no deben ocultar una capa más profunda: que al equipo de Leonardo Ponzio le costó por demás hacerle daño a un rival descendido.
Que el gol de Santiago Moya por offside de Andrés Vombergar fuera invalidado maquilló la imagen previa. El cuasi blooper entre Santiago Beltrán y Nicolás Otamendi que decantó en el centro exigido y en esa pirueta incómoda del goleador de Aldosivi en posición adelantada. Postal de una descoordinación alarmante, quizás una secuela del golpe del fin de semana. Y es que, si bien River le había rodeado el área a su adversario, que había tenido un tiro en el travesaño de Almada y una posesión que rozó el 70% en el primer tiempo, faltó precisión. Y el campo seco y algo irregular tampoco favoreció a la fluidez. Como para que todo lo que ya era bravo pareciera incluso más difícil.
Créditos: ESPN.
Aunque es cierto que antes del 1-0 ya se habían dado ciertas aproximaciones (el tiro libre de Sebastián Driussi, varias jugadas dentro del área pero sin la chance de rematar cómodo), esa mano de Vombergar dentro del área a la salida de un tiro libre -que inicialmente Bryan Ferreyra no observó; lo convocó José Carreras- permitió el switch para dejar atrás lo vivido en la Bombonera y poner la cabeza y el cuero en el Minella. De ahí vino lo que cambió todo: un penal, una chance clara, para generar la ventaja y empezar a construir el triunfo aliviador. Y la aprovechó: Lucas Beltrán se reencontró con el gol con un remate firme pegado al poste.
Créditos: ESPN.
A partir de ahí, todo se dio para que empezara a fluir un poco más el pase y la agilidad. Tanto que de una acción mucho más dinámica vino el segundo, el remate al segundo poste de Ángel Correa en modo killer para que el triunfo se transformara en una realidad concreta, como el avance a los playoff dentro del top 4. Para volver, ahora sí, al Monumental en los mata-mata. Y para ir en busca del objetivo: el título, la clasificación a la Libertadores y un alivio que en Núñez necesitan en plena sensación de loop autodestructivo. Lograr la vuelta olímpica que se negó en Córdoba podría resetear todo de cara al 27.
Créditos: ESPN.
“Esta hinchada se merece, se merece ser campeón”, tronó en el José María Minella. Pedido desde las gargantas de los 10.000 hinchas que acompañaron a River en Mar del Plata a la hora de la siesta, del break laboral o de la placita con los chicos. Una exigencia hecha voz, que ya habían planteado desde la dirigencia y que se ha vuelto una necesidad para River.
Que está en deuda. Que está viviendo un año ”negativo”, según su propio presidente. Que necesita de un shock positivo construido a través de las victorias. Y en particular, de las que tranquilicen por juego. En Mardel eso no pasó. Pero igual ganó. El futuro de River depende de River.


