Cambios de Paradigma
La victoria demócrata en las legislativas de Estados Unidos expresa el agotamiento del ciclo político iniciado con Donald Trump y reordena las disputas entre las alas socialista y de centro del partido
Infobae“Cambia, todo cambia,” dice la canción del chileno Julio Numhauser que inmortalizó la argentina Mercedes Sosa. Podría convertirse en el tema musical de las elecciones de medio término que tuvieron lugar ayer en Estados Unidos. El Partido Demócrata retomó el control de ambas cámaras del poder legislativo. Y lo hizo con victorias históricas, como las del senado en Kansas y Texas, donde no ganaba desde 1932 y 1988, respectivamente.
Cuando cambian los paradigmas, se vuelven más visibles transformaciones sociales amplias y profundas que antes era más difícil entrever. Y una vez que los nuevos paradigmas se instalan en el discurso público, potencian y aceleran otras mutaciones en el escenario político.
El ascenso del presidente Donald Trump y su movimiento MAGA en 2016 tuvo esa dinámica: los cambios que expresó en aquel entonces se gestaron durante largo tiempo, pero solo se comprendió su magnitud al cabo de las elecciones de ese año. La derrota de ayer marca el comienzo de un ocaso de este paradigma que también se viene cocinando a fuego lento, a la luz del día para quienes hayan querido mirar.
El Partido Demócrata ha atravesado su propio proceso de cambio de paradigma durante este período en forma paralela. La batalla cultural ocupó el centro de la escena estos años. Estas elecciones también marcan su ocaso dado que la exitosa propuesta electoral demócrata estuvo dominada por las alternativas socialistas y de centro.
El ascenso del ala socialista no debería sorprender a nadie, pero sin embargo no se le ha dado la suficiente relevancia. Recordemos que el senador Bernie Sanders tuvo un excelente desempeño en las etapas iniciales de las primarias de 2020, lo cual llevó a que el mainstream del partido se alineara detrás del expresidente Joe Biden para frenarlo. Biden ganó aquella interna menos por mérito propio que por el temor de muchos a la alternativa de Sanders. La victoria de Abdul El-Sayed, el senador electo de Michigan, es un símbolo de este ascenso. El mismo ayudará para potenciar a la alternativa socialista en las elecciones de 2028, cuya figura más visible en la actualidad es la diputada Alexandria Ocasio-Cortez.
Pero la gran ganadora de ayer fue el ala de centro del Partido Demócrata. El senador electo de Texas, James Talarico, es el símbolo que más cobertura mediática ha recibido del ascenso de esta visión social y política entre los demócratas. Derrotó en la interna a Jasmine Crockett, apoyada por la ex vicepresidenta Kamala Harris, y en las elecciones de ayer a Ken Paxton, quien contó con el aval del presidente Donald Trump. Y lo hizo con un margen contundente. Pero también es notable el desempeño de otros candidatos de centro, como el senador electo Adam Hamilton, un popular pastor metodista que lideró el primer triunfo demócrata en Kansas en casi 100 años.
La ciudadanía está mucho menos ideologizada de lo que se suele decir. Por el contrario, prioriza las soluciones eficientes a sus problemas concretos por sobre sus preferencias ideológicas. Dicho de otro modo: a la gente le interesa mucho menos la política que a los políticos. Y por lo tanto prefiere votar a los candidatos que ofrecen las mejores soluciones y tienen más probabilidad de implementarlas.
Los paradigmas cambian cuando hay un desfasaje entre el marco ideológico de los partidos y las necesidades de la vida cotidiana. El ala socialista del Partido Demócrata ha ganado fuerza porque encarna el descontento frente el aumento de la inequidad y la pobreza, sobre todo entre los más jóvenes. El ala de centro lo ha hecho porque ha capturado el deseo de buena parte de la ciudadanía de tener una gestión práctica y de sentido común de sus necesidades concretas acompañada de un discurso público tolerante y sin estridencias.
El resultado de las elecciones de ayer es mucho más que el cambio en el control del Congreso. Es el final de una larga década que comenzó en 2016. Es incierto aún qué forma adquirirán los nuevos paradigmas, pero hay una fuerte sensación de certeza de que hoy se inicia un tiempo nuevo.


