Atlético - Bayern de Múnich / Hubo solo un equipo y no fue rojiblanco
Un error de Le Normand abrió la puerta a Karl para que el Bayern hiciera ley ante el Atleti su fútbol huracanado. Laimer, el mejor del partido, haría el 0-2.
InfobaeHasta el himno de la Champions se apagó ayer, en esta jornada de Copa de Europa en el Metropolitano con el luto llenándolo todo, tras la pérdida del futbolista Jesús de Miguel. Era difícil concentrarse en el movimiento del balón cuando el árbitro pitó el inicio. La cabeza, aún en el minuto anterior. Ese hondo de silencio absoluto que abrazaba profundo a su familia en Tenerife y a todas las de los que viajaban en esos trenes de Urda y no regresaron a casa. Pero también a la de Antonio, hincha fallecido el día del Atlético-Deportivo cuando entraba al Metropolitano, y a la de la peña rojiblanca Medinenses de Medina del Campo, porque desde el viernes falta Félix padre. Un minuto de silencio también dedicado al hombre al que se dirigió aquel del United, por la pérdida de su madre, un Koke en el banquillo y de regreso por primera vez desde aquel día. Demasiados adioses alrededor de este partido en el que el Atleti recibía al ogro de 1974 que en 2026 lleva el rostro de Harry Kane. Pero no. Kane, último y flamante Balón de Oro, solo es una cara más de esta máquina de hacer fútbol huracanada, coral y total alemana. Este Bayern al que no se le notaron las bajas (Luis Díaz, Gnabry, Musiala, Saibari), con Neuer y Olise, que llegaban el día anterior como duda, pero ahí estaban de inicio, titulares. Los alemanes enseguida pondrían el partido mirando hacia Oblak. Y eso que el primer aviso había sido rojiblanco. De Julián.
Había salido Simeone acompañando al argentino con sorpresa: Sorloth. El noruego titular para que todos sus compañeros le buscaran al ataque. Por el aire se las ganaba todas a Upamecano y Tah para convertir melones lejanos en ocasiones como esa del primer minuto. Sorloth prolongó uno de esos balones llegados de lejos y Giuliano se lo cedió a un Julián en carrera cuya su rosca se marchó fuera por dos palmos. El Bayern reaccionó al aviso tatuando su nombre en el cuero después de que Sorloth repitiera el truco otras dos veces.
Los alemanes no presionaban, asfixiaban. Los alemanes no corrían, te mordían. Su presión alta e intensa enseguida convirtió el partido para el Atlético en un mero ejercicio de supervivencia. Todo, enseguida, comenzaba a suceder cada vez más cerca de Oblak. Y más y más, lamiendo los pies del portero. Todo menos las ocasiones, al menos. Ninguna clara, ninguna bien rematada del todo, ninguna a puerta. Ni por Kane. Grimaldo se había pegado tanto a Olise que le había quitado el aguijón y todos los rojiblancos se multiplicaban para cerrar los espacios por dentro. Con ayudas, coberturas, sin precipitación. Kimmich tenía el control pero ralentizaba y el Bayern amenazaba sin disparar de verdad. Por mucho que Laimer se moviera como si el viento tuviera piernas, desmarcándose y ofreciéndose indetectable. Todo se había alejado tanto del área de Neuer que allí ya nada pasaba. Bueno, sí. Que el Atleti había enlazado tres córners seguidos y que Sorloth se había quedado muy solo. Ya ni melones llegaban. Todos los interceptaban antes los alemanes para tratar de lanzárselos a Oblak, en un dejá vù del partido de Múnich 2016 en su 553 con la rojiblanca.
Regresaría el Bayern del descanso estrenándole los guantes. Un latigazo de Kimmich desde la frontal que el portero despejó de puños. No tardarían mucho más en romperse. Sería Karl, con la ayuda de uno de los hombres del Cholo: ese sospechoso habitual de apellido Le Normand. Titular en el lugar de Cuti, que no había llegado a tiempo por sus problemas físicos, en la primera parte había cumplido sin cometer un penalti, pero nada más ya comenzar la segunda no supo cómo guardar, o despejar simplemente, una pelota ante Karl. El alemán se la llevó facilísimo para, solo y a dos metros de Oblak, fusilarle. Error terrible e inconcebible del central franco-español. El plan del Cholo reventado por su eslabón más débil atrás. La puerta ya derrumbada ante el huracán alemán.
Y eso que pareció recuperar color el Atlético en los minutos posteriores. Simeone hacía un triple cambio que arrancaba a Le Normand del partido (junto a Sorloth y Baena) para tratar de alcanzar el área de Neuer con jugadas en las que se asociaran Lookman y Kang-in con Julián. Pero tampoco por mucho aunque, durante unos minutos, pareció que pasaba, que el Atleti se acercaba al área contraria. Espejismo. Mentira. Trampantojo. El Bayern volvería a caer encima de todas las carencias rojiblancas con una verdad meridiana: los alemanes parecían jugar a una cosa distinta aunque fuese la misma. Más rápidos, más veloces, más físicos, más grandes, más todo. Incansables, insistentes. Como gigantes jugando contra tiernos niños en el patio de un colegio.
Si Laimer antes corría como si no cansara, ahora, ante Lookman comenzó a volar. Justo después de que Upamecano se topara con uno de los milagros de Oblak que enviaron su disparo desde la frontal al larguero, el hombre del partido haría el 0-2. Ese Laimer, que asistido por Kane lanzaba un violento misil imparable para cerrar este duelo dejando al Atleti tiritando de puntos en el ecuador de la fase liga esta Champions y el aire lleno por completo de un último aviso, todo en un alemán tan enorme como habían sido los cuerpos de los jugadores del Bayern, su fútbol. Quieren ser uno de los dos equipos sobre esa hierba en la final de junio. En ese partido en el que sí sonará el himno de Champions sin que ninguno hayamos olvidado, eso nunca, eso jamás, ni a Ana María Merodio, ni a Félix padre, ni a Antonio Castelo, ni a las víctimas de Urda, ni a Jesús de Miguel. DEP.


