AEK-Real Madrid / Una resurrección eterna
El Madrid vuelve a revivir en un partido en que estuvo dos veces por detrás y que, como en Roma, resolvió en el descuento con un gol de Valverde. Taconazo para el recuerdo de Bellingham. Vinicius no mejora.
Volvió a hacerlo el Madrid, eterno resucitado. Con un gol de Valverde en el descuento puso a salvo el triunfo en Atenas. Eso sí, cuando apure el champán, llegará el tiempo de reflexión, porque el coliderato y el pleno de puntos merecen el brindis, pero sin olvidar que aún es alto el riesgo de recaída; que Vinicius, otrora estrella, ahora parece un intruso; que Bernardo Silva y Camavinga no mezclaron, y que Courtois salvó más de lo que convenía. Aun así, el equipo de Mourinho fue mejor que el AEK, aunque tardara en hacérselo saber. En el baúl de los recuerdos quedarán el latigazo final de Valverde y un gol de tacón de Bellingham que mereció un partido mejor.
Entre obligado (por las ausencias) y convencido (por los éxitos recientes), Mourinho presentó uno de los onces más afilados que se le recuerdan, incluyendo su primera época. Dos mediocentros poco posicionales, Camavinga y Bernardo Silva, por detrás del diamante de cuatro puntas: Diomande, Bellingham, Mbappé y Vinicius. Una declaración formal del estado de optimismo y una invitación a corregir el presunto desequilibrio con altas dosis de solidaridad, que esta vez fue menos de lo exigible. La pirueta vino acompañada de tres cambios en defensa respecto a Santander, incluido Militao, que en los últimos seis meses solo jugó medio tiempo ante el Alavés y cinco minutos ante el Sevilla. Le pareció a Mourinho un buen día para comprobar en el campo lo que ve del brasileño en los entrenamientos.
Con este taconazo se apuntó Bellingham el primer empate del Madrid.ARIS MESSINISEn un movimiento de acción-reacción, al otro lado, el serbio Nikolic activó una operación acordeón para encoger el equipo al dejar fuera a su mediocentro con más criterio, el rumano Marin, y a su máximo goleador, el húngaro Varga (nueve tantos), para hacerle sitio a un amago de trivote. Una capa de cemento pensando que entregaría la pelota, pero no los espacios. Fue un doble refugio: el formato y el comodín del público, que en Grecia tiene valor doble. Lo sabe bien el AEK, que en cinco partidos en el curso entre Liga y Champions no había encajado un gol en casa y había marcado 18.
Un mal inicio
Sin embargo, el inicio del Madrid tuvo que ver más con el desmayo de Roma que con la aplicación del Clásico. El AEK le quitó el balón, le ganó cada disputa, superó con facilidad la tibia presión blanca y acabó tomando ventaja. Primero fue el aviso, un disparo tras recorte de Gacinovic al que Courtois puso sus piernas. Después llegó el gol de Koita, magnífico, con un cambio relámpago del pie derecho al izquierdo y remate fulminante con este por el palo del meta belga. Un tanto para recordarle al Madrid que esto es la Champions, tierra de leones, competición para adultos.
El equipo de Mourinho era transparente en ataque y en defensa. Arriba, añoraba a Arda Güler, el futbolista que hace más digestivo su juego. En el centro, Camavinga era incapaz de sujetar al equipo y dejaba alguna acción irresponsable. Atrás, entregaba cada duelo y no podía anular a Gacinovic, uno de esos mediapuntas que saben quedar fuera de cualquier radar con su movilidad: estaba en todas partes sin ser detectado en ninguna. En definitiva, un Madrid perdido en aquel laberinto de pasiones, desbordado por el equipo número 68 del ranking UEFA.
Mbappé anotó con este remate el 2-2.Associated Press/LaPresseAntes de que el equipo de Mourinho empezase a espabilar, Courtois evitó el mal mayor al adivinar un remate cercano y fuerte de Jovic, aquel goleador que no lo fue en el Bernabéu y al que se recuerda por su sangre de reptil. El primer signo de vida del Madrid fue un gol anulado a Bellingham, que en fuera de juego desvió hacia dentro un remate de Vinicius que iba fuera. Eso, y unos cuantos córners a fondo perdido eran el único balance del Madrid hasta el supergol del empate, del propio Bellingham. Mandó un centro raso desde la izquierda Cucurella y el inglés aplicó un taconazo inteligente de izquierda desde el punto de penalti que acabó en la red. Grábenlo, guárdenlo, en la sala de trofeos a ser posible, porque puede ser un ejemplar único. Es lo que tiene el Madrid: lo que no le da el juego se lo dan los jugadores.
El gol inauguró otro partido, en el que el Madrid comenzó a sentirse superior y el AEK pareció corto de combustible, porque quemó casi todo en media hora, aunque le diera para llegar en igualdad al descanso.
Un buen final
A partir de entonces el Madrid comenzó a tomárselo en serio. Desde Bernardo Silva, que hace tiempo descubrió que le gusta conducir, fue hundiendo al AEK, aunque las ocasiones tardaron en llegar. Abrió el fuego Militao, con un tiro lejanísimo de aquellos que no tienen demasiado futuro, y le siguió Cucurella, que en una posición excelente que le había procurado Mbappé estrelló su remate en Rota. Luego fue el francés quien lo intentó dos veces, también sin éxito.
Nikolic, advirtiendo el peligro, desanduvo el camino y metió a los generalmente titularísimos Marin y Varga. La respuesta de Mourinho fueron el luego providencial Valverde, útil porque el partido se había vuelto de ida y vuelta, que es lo suyo, y Endrick, gran pescador en río revuelto. Para entonces el Madrid daba sensación, mala, de equipo partido, con demasiados atacantes escaqueándose del repliegue. Pudo salirle caro, porque una conducción de Koita por la izquierda culminó con pase al lateral Pilos que, en carrera, batió a Courtois por su palo.
Con este remate le dio Valverde el triunfo al Madrid.Milos BicanskiNo fue suficiente para matar al Madrid de las siete vidas. Nada lo es. El equipo de Mourinho empató de inmediato en centro de Dumfries y remate en boca de gol de Mbappé. EL técnico activó entonces el plan de emergencia con Carlos Espí, autor de unas cuantas resurrecciones. No le puso su nombre a esta. Fue un misil de Valverde, otro de los últimos recursos, el que sacó al Madrid del apuro. Un zapatazo de su catálogo que fue otra vez sanador. Este equipo, que utiliza el ataúd como trampolín, sale a dos milagros por semana.


