Valverde, aunque le pese
En la banda derecha voló ante el Villarreal. Cuando Mou le reubicó como lateral fue incontrolable. Asistió a Diomande y se exhibió físicamente. Más decisivo que en sala de máquinas.
Al abrigo del descanso Mou dio la primera orden. Güler y Valverde intercambiaron posiciones y no fue algo puntual. Tras el descanso, ídem. El Madrid empezó a funcionar. Más aún cuando en el 52′ entró Vinicius... por Trent. Y Fede, al lateral. El inicio de su revolución. Porque abarcó mucha banda y desde ahí partió para cocinar el tanto, con un pase con bisturí. Pero también completó una hoja estadística que le dejó como el madridista con más ocasiones creadas de partido (tres, como Diomande) y el segundo en pases completados en el último tercio del campo (12, tras los 18 de Güler). Y en intendencia: cuatro recuperaciones, dos interceptaciones, un despeje, éxito en la única entrada que intentó y cuatro duelos (de cinco) ganados. Amén de no haber sido regateado ni una sola vez. Una actuación de campanillas.
Pleno al nueve
Hasta había sido indiscutible su presencia. Tanto en el campo como en la sala de máquinas. Sólo Courtois y Mbappé (810 minutos, todos) le superan en tiempo sobre el campo (744′, pleno al nueve en titularidades) y hasta el Villarreal, su hábitat, más allá de algún escarceo, había sido el doble pivote. Con unos o con otros, pero ahí. En pretemporada también. Para Mou no había discusión, hasta que tomó la decisión. Una que cambió el partido. Valverde a la banda. Primero como falso extremo, después como lateral. Y con ello cambió el Madrid. Veremos si es algo coyuntural para Mou o algo más.
Valverde ha sido honesto con su sentir en el pasado. En aquella rueda de prensa de Almaty con tanto decibelios en septiembre de 2025: “No nací para jugar de lateral, no crecí tampoco aprendiendo a jugar en esa posición. No me siento cómodo, porque hay muchas cosas y virtudes que yo no las tengo, como cerrar atrás en defensa”. Para después añadir, eso sí, que estaba “al servicio del entrenador, en cualquier demarcación”. En aquel entonces, Xabi Alonso. Pero no fue el tolosarra el primero en colocarle ahí, tampoco el último. Porque aunque le pese, funciona.
El 30,5% en banda
Por eso le han ido probando, uno a uno, todos sus técnicos. Empezó Zidane, con Ancelotti explotó como extremo hasta ser uno de los héroes (y asistente a Vini) en la Decimocuarta, pero en tiempos de carestía le mandó al carril del dos y bromeó sobre ello: “Es el tercer mejor lateral derecho del mundo (tras Carvajal y Lucas)”. Xabi Alonso y Arbeloa también le colocaron ahí y ahora, también Mourinho. En total, 116 partidos en la derecha, a mayor o menor altura del carril, de sus 381 encuentros con el Madrid. El 30,5%, en banda. Y 35 de ellos como lateral derecho. Esa posición que contra el Villarreal volvió a explotar.
Del milagro a la paradoja
Un partido al que aterrizó Valverde después de toda la polémica del derbi. De aquella entrada salvaje de Kang In Lee que se quedó sin sanción, pero que le generó una lesión. Un esguince de tobillo que le hizo quedarse sin parón. Sin la convocatoria con Uruguay, para quedarse en Valdebebas recuperando. Y lo hizo, con mucho trabajo entre bambalinas. Tras el escrutinio inicial de los galenos blancos se entendió como posible la Roma y como más complicado el Villarreal, pero finalmente llegó. Y no solo eso, sino que voló. Parecía un milagro y terminó siendo un regalo. Para el Madrid, claro. Porque Fede fue decisivo, y como lateral. Esa posición para la que no nació. A veces en la paradoja está el éxito.


