Utiliza un submarino nuclear como cebo para atraer ovnis y asegura encontrar algo que desafía las leyes de la física: “No existe tecnología”

Jay Stratton, exintegrante de programas del Gobierno de EE.UU. dedicados a investigar fenómenos anómalos no identificados relata fenómenos que, a su juicio, no encajan con la física conocida.

Laura Martin Sanjuan
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Más allá de extraterrestres sí o extraterrestres no, estamos solos en el Universo, o si somos capaces de detectarlos, el verdadero asunto es por qué las Fuerzas Armadas estadounidenses han dedicado recursos, informes y personal a investigar objetos que siguen sin explicación oficial.

En ese debate emerge ahora la figura de Jay Stratton, uno de los antiguos responsables de los programas del Gobierno de Estados Unidos dedicados al estudio de los llamados fenómenos anómalos no identificados (UAP, por sus siglas en inglés). Su testimonio, recogido por Popular Mechanics, vuelve a poner el foco sobre una cuestión que ha abandonado hace tiempo el terreno de la ciencia ficción para colarse en las agendas de seguridad nacional.

Stratton asegura haber participado en investigaciones que buscaban comprender el comportamiento de objetos observados por personal militar estadounidense y que, según sostiene, exhibían capacidades difíciles de explicar con la tecnología conocida. Entre los episodios más llamativos figura una operación en la que un submarino nuclear habría sido utilizado como elemento de atracción para tratar de observar la reacción de estos fenómenos. Lo que ocurrió después, afirma, sigue sin tener una respuesta satisfactoria.

Maniobras ‘diferentes y descontroladas’

Según su relato, algunos de los objetos detectados parecían realizar maniobras incompatibles con las limitaciones aerodinámicas y energéticas que afectan a cualquier aeronave actual. Velocidades extremas, cambios bruscos de dirección y movimientos aparentemente imposibles forman parte de una lista de características que han sido mencionadas en diferentes investigaciones impulsadas por organismos estadounidenses en los últimos años.

Sin embargo, la cuestión central no es si se trata de tecnología extraterrestre. De hecho, ninguna agencia del Gobierno estadounidense ha concluido oficialmente que exista evidencia de origen alienígena detrás de estos fenómenos. La preocupación de los responsables de defensa se centra más bien en la posibilidad de encontrarse ante tecnologías avanzadas desconocidas, errores de interpretación, fenómenos naturales aún mal comprendidos o sistemas desarrollados por potencias rivales.

El interés de Washington por este asunto ha crecido de forma considerable durante la última década. Informes desclasificados, comparecencias ante el Congreso y la creación de equipos específicos para recopilar información reflejan que el fenómeno ha dejado de ser una curiosidad marginal para convertirse en una cuestión analizada desde la óptica de la seguridad nacional.

Las declaraciones de Stratton alimentan uno de los grandes interrogantes de nuestro tiempo. No tanto si los seres humanos han establecido contacto con otra civilización, sino si existen en nuestros cielos fenómenos capaces de desafiar los conocimientos tecnológicos actuales y que continúan resistiéndose a una explicación definitiva tal y como conocemos la ciencia ahora.

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