Una lección para el Madrid de Mourinho
La noche del Olímpico será recordara en esta segunda etapa de Mourinho en el Madrid. Una remontada épica, una victoria de alma... pero también una lección para lo que queda por delante.
El técnico portugués sorprendió de inicio con su alineación, sentando a Güler, puede que el mejor jugador del equipo en lo que va de temporada. En el once no sólo faltaba el turco, también Huijsen y Trent. Sin duda, tres de los jugadores con mejor pie de la plantilla. El plan de Mou pasaba por otra cosa. Por intentar que las tres balas de arriba (Mbappé, Vinicius y Diomadé) hiciera pensarse dos veces a Gasperini ir tan alto en su presión. Pero el italiano ni se inmutó y, ya con las cartas sobre la mesa, a la Roma no le costó trabajo alguno hacerse con el partido con un centro del campo superpoblado ante el que Valverde y Tchouameni poco podían hacer.
Lo que vino en la segunda parte ya es historia del segundo paso de Mourinho en el Madrid. Una noche para recordar. Primero, un naufragio evidente del plan, con Courtois haciendo de líbero (en la primera parte fue el madridista que más la tocó) y desechando cualquier atisbo de utilizar el centro del campo. En una despreocupada descarga de Vini a pase del belga, precisamente, se le empezó a ir el partido al Madrid. Y el brasileño lo pagó con el banquillo… Vini levantó tímidamente los brazos pidiendo explicaciones, pero la cosa no fue a más. Hasta la victoria servirá para minimizar ese conato de incendio.
El Madrid se convirtió en un cohete con los cambios. Primero con Güler y luego con Bernardo Silva, y con Valverde de lateral y con muchos minutos aún por delante, el Madrid se hizo por fin con el partido. Olía a remontada desde Cibeles. Espí y Endrick nunca defraudan. El brasileño, que pudo irse a la Roma este verano y Mou lo impidió, tiró la puerta a las primeras de cambio, demostrando que hay mucho más que gol en él, también desborde. La remontada del Madrid era imparable. Otro asombro para el mundo… y una lección para lo que queda.


