Stuttgart - Atlético / Julián revive, el Atleti sobrevive

Los rojiblancos arañaron un punto gracias a que el argentino se reencontró con el gol ante el Stuttgart. El partido fue un asedio alemán toda la primera parte y la media hora final, tras la roja a Hjulmand. Leweling hizo el gol local.

As

Esto es la Champions, papá, pareció al Atleti gritarle ese Stuttgart irregular en su liga pero con paso de Top-8 en Europa nada más rodar el balón. Primer minuto y en dos disparos la portería de Oblak se quedaba rodeada de pólvora. Todo nació en la segunda pelota del partido, la primera del Atlético.


Llorente la perdió en la salida y Pejcinovic se la entregó a El Khannous para que rematara seco y por bajo. El guante del portero, estrenado. Su mano por bajo, dificilísima, evitó el gol alemán pero no alejó el peligro. Porque el Stuttgart seguía ahí como el dinosaurio en la habitación. Y Oblak se vio obligado a volver a enseñar el guante de inmediato, con una parada en dos tiempos para volver a negar el gol alemán. A 231 kilómetros de Múnich, el Atleti se enfrentaba a otro asedio. Esto es Alemania, indios. Y el hombre al frente del banquillo del Stuttgart es Sebastian Hoeness, el nieto de aquel Uli que le hiciera dos goles al Atleti en el partido de desempate de la final de la Copa de Europa de 1974, la primera que en su historia los rojiblancos acariciaron.

El Atlético, sin Cuti, lesionado, muy pronto comenzó a añorarlo aunque el centro de la defensa fuera la titular antes de que el argentino llegara este verano con el candado. En un Llorente tembloroso y un Giuliano desacertado encontraban camino los alemanes para percutir una y otra vez sobre la madera de Oblak como lluvia ácida. Stiller, con una volea, fue el siguiente en sacar el fusil para toparse de nuevo con el guante del portero. Los hombres del hombre de negro solo escuchaban balones sibilantes a su alrededor. Un balón, por completo del Stuttgart. Fruto de su presión altísima y de la movilidad de El Khannous y Furich que, intercambiando sus posiciones constantemente, habían metido la pizarra del Cholo en la lavadora. Y ninguno de sus jugadores era capaz de encontrar el botón del pause o de sacar un balón desde atrás sin regalarlo. Los alemanes atacaban y atacaban sin dejarles pensar. O respirar siquiera. Sólo corrían detrás de los alemanes y ese balón que el Stuttgart no soltaba. Con Furich convertido en el dragón del padre de Agassi lanzando centros laterales sobre el área de Oblak llenos de veneno.

Apretaba el equipo alemán, apretaba la grada del MHPArena, le apretaba el partido tanto al Atlético que hasta la media hora no logró sacar la cabeza, un poco, y tirarle por primera vez al Stuttgart: fue un cabezazo fuera de Pubill en el único córner que, hasta el momento, había logrado rascar. Baena y Julián se estorbaban, Barrios no estaba y Pubill había salido disfrazado de Lenglet. El Atleti se reducía solo a la lucha de Giuliano, pero era como ver a Don Quijote ante los molinos. A la enésima que los alemanes se presentaron ante la puerta de Oblak lograron romperle los guantes.

Entre Furich y El Khannouss desarbolaron para que Leweling le sumara el gol a la infamia de partido de Pubill. Pretendió el central en el balcón del área salir conduciendo la pelota rodeado de alemanes como pirañas. Pésima idea. La perdió, claro. Y Leweling le recortó para enviarla a la red de un zurdazo que, en su vuelo hacia la portería, complicó aún más Hjulmand. Lo que el Mundial le dio a Baena se lo quitó a Pubill. Qué mal le ha sentado la estrella a este chico que la temporada pasada fue la mayor, e inesperada, sorpresa que dejara este equipo.

Jonathan David se marchó del partido sin que el mundo viera si conectaba o no con Julián, obligado a jugar de espaldas 45 minutos ante centrales que le sacaban cuatro cabezas. Tras el descanso, en su lugar, Lookman. Enseguida hizo clic con Julián para que, seis meses después, la afición del Atlético volviera a aplaudir algo del argentino. El gol. Al fin uno suyo con la rojiblanca. Ese que llevaba desde el 29 de abril persiguiendo. En esta, su competición. Porque esta es la Champions, sí. Su territorio y jardín. Cuando más lo necesitaban el Atleti y él mismo. Entre Barrios y Grimaldo llevaron el balón al área, donde Lookman conectó con Julián con un pase tenso. La Araña, en el punto de penalti, giró lo justo para rematar con la zurda esa pelota que parecía irse alta pero no. Se le coló a Seimen por la escuadra. Con la salida de David, Baena centralizaba su posición y el Atleti sumaba. Los alemanes dejaron de llover. Ya no presionaban, ya no mordían, ya no apretaban, como si la gasolina hubiera abandonado sus pies. Y cuando mejor estaba el Atleti, Hjulmand le dejaba la plancha a Stiller en el tobillo para ver la roja directa.

Simeone sacrificó a Baena para introducir a Cardoso y Hoeness respondía sacando al goleador del partido por su goleador en el curso: Demirovic. En el siguiente cambio, Simeone sumaría la altura de Le Normand y la sorpresa de Obed por Julián y Barrios. Ante diez, la gasolina había regresado a las piernas alemanas. Chabot buscó el gol de cabeza y Promel con la zurda. Simeone introducía a Sorloth, pero el 1-1 ya no se movería. El Atleti sudó el punto. No sumó una séptima victoria pero sobrevivió. Porque cuando se trata de sufrir nadie le gana a un rojiblanco.

Entradas populares