Spalletti, solo y confundido

La dura derrota de la Juventus ante la Lazio ha puesto aún más de manifiesto las grietas del proyecto bianconero, y el intercambio de pareceres entre Bremer y Spalletti es prueba de ello.

Sabrina Uccello
As
Asumir responsabilidades es siempre loable, pero, antes de hablar, conviene recordar que quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra. En el caos general que está viviendo la Juventus, es cierto que constantemente caen peñascos que crean escombros a su alrededor, entre los que resulta difícil distinguir los buenos tiempos pasados. Y parece absurdo pensar que incluso los tiempos con Igor Tudor en el banquillo fueron mejores que los actuales: al principio de la temporada pasada, antes de que el croata fuera destituido, la Juventus había sumado doce puntos en siete jornadas. Con Spalletti, en el mismo periodo, el equipo ha sumado uno menos y ya está a ocho puntos del Inter y la Lazio, que encabezan la tabla, mientras que hace un año el Milan, líder de la tabla, estaba a solo cuatro pasos de distancia.

Sin embargo, lo que preocupa no son las matemáticas. Para eso todavía hay tiempo, pero sí preocupa la falta de ideas y de ritmo para abrir los espacios necesarios para acercarse al gol. Pero, aunque se llegara a la portería con mayor facilidad, faltaría un delantero centro nato. Mientras abundan los supuestos jugadores de banda como Conceição, Alajbegovic, Nico González y Zhegrova, se siente una profunda nostalgia por Vlahovic. Kolo Muani no está hecho para esa tarea, ni le correspondería a Woldemate. No obstante, juntos, contra la magnífica Lazio de Gattuso, intentaron arreglar un mal 0-3 en el tramo final del partido: una mano lava la otra, pero el futuro sigue siendo extremadamente oscuro.

Los aficionados de la Juventus protestaron contra el equipo al final del partido entre pitos y murmullos, y lo que menos hacía falta era que Gleison Bremer y Luciano Spalletti siguieran su ejemplo. El defensa brasileño, ante los micrófonos de ‘SKY’ tras el partido, abordó el tema más candente de la noche: “Somos 11 jugadores más 5 que entran y no puedo cargar con todos. Yo llego hasta cierto punto: hay quienes tienen más carácter y quienes tienen menos, hay quienes oyen los pitidos, se esconden y tienen miedo, y quienes no. No quiero señalar a nadie, pero cada uno tiene su carácter. Hay quienes, cuando las cosas van mal, dan la cara y quienes, por el contrario, se esconden”.

No ha quedado claro con quién estaba enfadado, pero parece que Bremer ha apuntado contra todos y contra nadie. Así que Spalletti, para que la situación no se le fuera aún más de las manos, intentó reafirmar la autoridad de su cargo, pero quizá solo acabó cediendo a una salida de tono que habría sido mejor analizar en privado en lugar de exponerla al escarnio público: “Está bien que haga análisis, pero Bremer está en el partido de esta noche como lo estoy yo y, antes de hablar del equipo, hay que hablar de nosotros mismos. Yo lo hago”.

En las estancias secretas de la ciudad deportiva, en la aguda soledad y en la sencillez que tanto le gusta, Spalletti seguramente habrá comenzado su proceso de reflexión, pero no es la primera vez desde el inicio de la temporada que su genio desbocado no se ve en el campo. Por supuesto, los jugadores están en el campo, pero antes él era capaz de controlarlos con la mente. Hoy, la Juventus sobre el terreno de juego parece un coro de voces desafinadas que alaban a un sujeto sin alma y, cuando intenta ponerle remedio, lo empeora todo. Y el pensamiento vuela hacia Antonio Conte y sus recientes declaraciones: “Me gustaría uno de esos clubes que han perdido de vista su propia historia”. Ahora, más que nunca, empieza a dibujarse la silueta del escudo bianconero tras estas palabras.

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