Más de 10.000 vuelos en 21 años: la historia del pasajero que nunca dejaba de viajar

Un pase vitalicio de American Airlines le permitió a Steven Rothstein viajar en primera clase por todo el mundo, hasta que la empresa decidió cancelarlo

Infobae

Durante 21 años, Steven Rothstein realizó más de 10.000 vuelos en primera clase con un pase vitalicio de American Airlines. Viajó a Nueva York, Londres, Tokio, París y Sídney con una libertad que, para la aerolínea, terminó por representar un costo cada vez mayor. El 13 de diciembre de 2008, al llegar al aeropuerto de Chicago, un empleado le comunicó que su credencial había sido anulada por presunto uso fraudulento.


La historia había comenzado más de dos décadas antes, a partir de una oferta creada para atender una necesidad financiera de la compañía. Rothstein, un financista de Chicago que ya volaba con frecuencia, pagó USD 250.000 por el AAirpass en 1987. Dos años después desembolsó otros USD 150.000 para sumar el beneficio de un acompañante. El contrato le permitía reservar sin límite de cantidad dentro de la red de American Airlines, siempre en primera clase.

Con el tiempo, aquel pago inicial quedó lejos del valor de los trayectos que realizó. Acumuló más de 30 millones de millas y recorrió una distancia equivalente a unas 500 vueltas al mundo, según reconstruyó National Geographic a partir de crónicas y registros de la época.

American Airlines lanzó el AAirpass para conseguir ingresos inmediatos

El AAirpass nació en 1981, cuando American Airlines atravesaba dificultades financieras y buscaba obtener dinero en el corto plazo. La propuesta estaba dirigida a pasajeros de alto poder adquisitivo: un pago único a cambio de vuelos ilimitados en primera clase, sin restricciones de fecha y hacia los destinos que operaba la empresa.

La aerolínea lo comercializó hasta 1994. Sus ejecutivos suponían que el precio reduciría el número de compradores y que quienes accedieran al beneficio no viajarían con una frecuencia capaz de alterar las cuentas. Ese cálculo no contempló a un grupo reducido de titulares, entre ellos Rothstein.

El contrato le permitía resolver un viaje con escaso margen de anticipación. Podía reservar lugares en varios vuelos y definir después cuál abordaría. También disponía de un asiento adicional por el complemento para acompañante. Según la información publicada por el medio español, algunas veces invitaba a amigos y, en otras ocasiones, dejaba el lugar libre para llevar su equipaje de mano.

American Airlines lanzó el programa AAirpass en 1981 con el objetivo de recaudar dinero de forma inmediata ante dificultades financieras (Wikimedia Commons)
American Airlines lanzó el programa AAirpass en 1981 con el objetivo de recaudar dinero de forma inmediata ante dificultades financieras (Wikimedia Commons)

Mil veces a Nueva York y un centenar a Tokio

Las cifras permiten dimensionar su rutina aérea. Según datos citados por The Hustle, realizó cerca de 1.000 vuelos a Nueva York, unos 500 a San Francisco y una cantidad similar a Los Ángeles y Londres. A ese registro se sumaron aproximadamente 120 viajes a Tokio, alrededor de 80 a París y otros 80 a Sídney.

Para Rothstein, el avión dejó de ser solo un medio de transporte. Su hija, Caroline Rothstein, contó a The Guardian que, después de la muerte de su hijo Josh en 2002, a los 15 años, su padre encontró refugio en los viajes. Los aeropuertos y el contacto habitual con el personal de la aerolínea se integraron a su rutina durante el duelo.

Steven Rothstein desembolsó 400.000 dólares para adquirir su pase vitalicio y el beneficio de un acompañante en American Airlines (Caroline Rothstein)
Steven Rothstein desembolsó 400.000 dólares para adquirir su pase vitalicio y el beneficio de un acompañante en American Airlines (Caroline Rothstein)

La aerolínea anuló el beneficio y la Justicia respaldó su decisión

Con el paso de los años, American Airlines revisó el uso de los pases vitalicios y concluyó que algunos clientes generaban costos superiores a los previstos. La empresa había dejado de vender el AAirpass en 1994, aunque debía respetar los contratos ya emitidos. Rothstein siguió volando hasta el 13 de diciembre de 2008, cuando la compañía revocó el suyo.

Rothstein llevó el caso a los tribunales, pero la Justicia falló a favor de la aerolínea. El pase quedó sin efecto y perdió el beneficio que durante más de dos décadas le había permitido volar en primera clase sin comprar un pasaje para cada viaje.

Después del conflicto judicial, continuó viajando, aunque bajo otras condiciones: tuvo que volver a pagar sus boletos. Su situación económica le permitió conservar esa costumbre, mientras que el AAirpass quedó como el antecedente de una promoción de 1981 que terminó por costarle a American Airlines mucho más de lo previsto.

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