Liverpool-Villarreal / El Submarino encalla en la orilla del Mersey

El Villarreal lo bordó durante 35 minutos pero el balón parado y Rio Ngumoha remontaron sus dos tantos de ventaja.

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El Villarreal se imaginó, por un momento, que iba a dar la campanada de la jornada en Champions. Rozó la perfección durante algo más de media hora. Con un juego de toque y precisión, saliendo de la presión alta que ordenaba Iraola sin pestañear, plantándose solo ante Allison cada dos por tres, con una intensidad propia de la Premier, con una jerarquía inusitada en la Champions. La alfombra de Anfield, mojada durante todo el día por una fina capa de lluvia, era un tapete mágico para el Submarino.


El tanto de Mikautadze, aprovechando un error de Van Dijk, y el posterior de Cardona corroboraban en el marcador lo que se estaba viendo sobre el terreno de juego. El plan era aguantar hasta el descanso. No conceder. No dejar respirar a un Liverpool incrédulo, con muchas de sus estrellas lesionadas o en el banquillo. Se estaba cocinando el caldo de cultivo perfecto para un sorpresón, para la primera victoria del Villarreal en Anfield. Pero una desatención en una acción directa de un córner y un error manifiesto de Mikautadze (¿Por qué no la mandó a la grada para que pitara el final?) y después Cardona levantaron de la lona a un Liverpool muy inferior hasta entonces.

Lo de después del descanso ya era lo esperado. Con un Rio Ngumoha superior, driblando y superando por velocidad a Cardona y a todo aquel que le venía a ayudar. Todos retratados por la joven promesa inglesa que acabó, con sus esláloms, dándole la vuelta y dejando el partido casi definido. De hecho, fue sustituirle Iraola y volver el Villarreal a crear peligro. Tanto que Tani Oluwaseyi acabó apretando el final con un gol tras un pase de Ayoze al segundo palo. El tercero del Villarreal volvió a dar un atisbo de esperanza al Submarino, unos minutos para volver a dar un vuelco en el marcador. Pero no hubo opción y el equipo de Iñigo se vuelve a quedar con la miel en los labios en una plaza grande. Como en el Metropolitano, como en el Signal Iduna Park, como en el Bernabéu. Esta vez en la orilla del Mersey. El Submarino enfila la cuarta jornada con tres puntos y la próxima jornada visita La Cerámica el campeón PSG que llega tras golear al Barça. No son buenos augurios pero sí buenas sensaciones. El equipo está en crecimiento y de estas derrotas también se aprende.

El Villarreal enfiló el túnel de vestuarios cabizbajo tras la primera parte. Había bailado al Liverpool en su jardín, había silenciado a Anfield durante gran parte del primer periodo e incluso se había puesto 0-2 con un juego de toque y desmarque, aprovechando las lagunas defensivas reds. En el primer gol, Mikautadze, volvía a interponerse entre el central y el portero, igual que contra el Nápoles. Y la deficiente dejada de Van Dijk la convirtió en el primer tanto amarillo. El córner visitante se frotaba los ojos.

El silencio era tan sepulcral que se escuchaban los gritos de Veiga y Gulacsi, ordenando el equipo desde la retaguardia. Estaba siendo un baile de época. El segundo gol fue pura poesía, con varios toques en el centro del campo para que Saliba acabara dejando solo a Cardona, ante Allison, y este metérsela con un tiro colocado y suave. Increíble. El Submarino asaltaba Anfield. Pero esto en Anfield es muy largo. Y el Liverpool es especialista en meterse en los partidos desde las esquinas. El primero fue de Mac Allister, de cabeza, adelantándose a Saliba para girar el cuelo y mandarla a la red. Podía pasar. Pero inaceptable fue que en la última jugada de la primera parte, Mikautadze no la mandara a la grada y después Cardona dejara pasar el balón, pensando que no tenía nadie a la espalda. Error grave. Allí estaba Araújo para meterla a la red, en el último suspiro del primer acto.

Fue lo peor que le pudo pasar al Villarreal. Del vestuario salió un flan. Ni rastro del equipo ordenado y con personalidad que había desarbolado al Liverpool ante su propia parroquia. Rio Ngumoha superaba rivales como si fueran hologramas y el campo se inclinó hacia la portería de Gulacsi. El extremo inglés, recién cumplida la mayoría de edad, destrozó a Cardona varias veces y al final tenía que caer el gol. Mac Allister lo vio claro. Si caía al borde del área Ngumoha se la iba a poner. y se la puso. 3-2 en remate que entró tras tocar el larguero. Y sin tiempo para recomponerse llegó el cuarto. Florian Wirtz, que acaba de salir, se la cruzó a Gulacsi. Así se acabó la pesadilla que vivió el Liverpool durante 35 minutos. El tanto de Tani solo sirvió para maquillar el resultado y el golaveraje.

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