Israel: la elección del 27 está tan cerrada que los partidos árabes-israelíes podrían decidir el futuro político de Netanyahu

Si las encuestas tienen razón y hay un virtual empate, no va a ser posible formar un gobierno alternativo al primer ministro sin la opinión de esos bloques minoritarios

Infobae

Cuando hay tanta gente que opina sin tener mayor conocimiento sobre una realidad tan diferente como es el Medio Oriente, y en particular, Israel y los árabes israelíes como son llamados aquellos que en 1948 decidieron quedarse, es llamativo lo que me ocurrió con la inteligencia artificial, ya que la situación es lo suficientemente compleja para que Gemini en un gesto de humildad, decidiera excusarse de opinar.


Así me pasó, ya que todavía soy parte de esa minoría que solo la consulta esporádicamente, pero, aunque sobre los árabes israelíes he escrito y hecho docencia, de todas maneras, decidí consultarles “sobre el papel que han jugado los partidos árabes en la Knesset”, el parlamento israelí, ya que me interesaba saberlo durante la guerra actual. La sorprendente respuesta decía “se recomienda consultar directamente los canales informativos autorizados”, consejo que también sería útil para tanto medio de comunicación que en vez de hacer lo señalado, difundieron la propaganda de Hamas.

El martes 27 de este mes, las elecciones definirán el futuro del primer ministro que más tiempo ha estado en el cargo, pero no de la guerra, ya que eso lo deciden más bien los enemigos de Israel, y la respuesta de Israel corresponde más bien a políticas de Estado que a ideas personales. Sin embargo, el resultado puede definir el futuro político de Benjamín Netanyahu, ya que va a impactar en dos decisiones que se han dilatado por demasiado tiempo. La primera es que la Corte Suprema ha recibido demasiadas presiones y ha esquivado el bulto de fallar si es culpable o inocente de los cargos de corrupción electoral que han llevado a otros políticos, incluyendo algún exprimer ministro a la cárcel, siendo la segunda, la muy esperada comisión de investigación de las responsabilidades en la total falta de preparación para la mortífera invasión de Hamas, origen, a no olvidarlo, de la actual guerra.

Es una elección muy cerrada, tal como han sido los últimos tres comicios, dos ganados y uno perdido por Netanyahu y a no ser que todas las encuestas estén equivocadas como en Brasil, se va a repetir lo ocurrido en ellas, virtual empate, agravado por algo que es habitual en Israel, que quien gana o pierde no es decidido por la votación, sino que ello es fruto de una negociación posterior, donde hay un intercambio de favores con partidos menores, muchas veces de raíz religiosa, para decidir quién forma gobierno, cuya mayoría parlamentaria es de solo un par de votos y que, tal como ha ocurrido en estos años, les da una indebida voz de altos decibeles a sectores extremos, que, sin embargo, tienen el poder de chantaje sobre si continúa o no el primer ministro en ese cargo.

Esta situación produce resultados que no generan estabilidad, consecuencia de un sistema electoral que desde la primera elección poco después de la Declaración de Independencia, maximiza la representación, pero no la solidez del gobierno, ya que no importa quién obtiene más votos, sino cuántos diputados votan a su favor, el resultado de negociaciones posteriores que deciden cómo se conforma la coalición que conducirá la nave del Estado. Ha pasado con partidos religiosos en las coaliciones encabezadas por Netanyahu, pero en la época de predominio de la socialdemocracia, cuando el partido mayoritario era el Mapai (Partido de los Trabajadores) este recibía habitualmente el apoyo del partido Mapam, a su izquierda, y de raíz, a la vez socialista y sionista, ambos hoy sin relevancia. También, en apoyo de Avigdor Liberman, un político que ha desempeñado durante tres décadas distintos ministerios, se formó un partido que quiso representar a los israelíes de habla rusa.

El sistema parlamentario de Israel define la formación de gobierno mediante acuerdos posteriores a las elecciones con agrupaciones minoritarias. (REUTERS/Ronen Zvulun)
El sistema parlamentario de Israel define la formación de gobierno mediante acuerdos posteriores a las elecciones con agrupaciones minoritarias. (REUTERS/Ronen Zvulun)

Como en otros países, las elecciones en Israel traen novedades y algunas sorpresas. En el actual proceso eleccionario, todo parece indicar que serán los partidos árabes los que serán relevantes, no porque su participación sea una novedad, ya que habitualmente más del 80% de los israelíes de habla árabe lo hacen por ellos. Sin embargo, el número de electos depende de cuantos acuden a votar, y en esta oportunidad han decidido poner sobre la mesa sus principales preocupaciones, y por lo tanto, en vez de hacer una oposición testimonial de crítica al sionismo, esta vez la Lista Conjunta habla de ofrecerle una “red de apoyo” a quienes quieren derrotar a Netanyahu, como es el caso de Gadi Eizenkot, quien ocupara entre 2015 y 2019 la posición militar más importante, la de Jefe del Estado Mayor, en un sistema político donde es habitual que ex generales se dediquen a la política después de su retiro. Para el acuerdo se deben acoger demandas, donde en primer lugar figura el combate al crimen organizado en las comunidades árabes.

Lo realmente distintivo de esta elección no es la participación de partidos árabes israelíes ya que ese es un rasgo habitual, y en esta oportunidad hay cuatro partidos, incluyendo uno que se pronunció en forma parecida ya en la elección en la que la dupla Bennet-Lapid asumió brevemente el gobierno en reemplazo de Netanyahu. Entonces fue un partido conservador, religioso e islamista como es el caso de Raam (también conocido como Lista Árabe Unida) y su líder Mansour Abbas, quien públicamente lamentó el 7-X. La representación árabe israelí mayoritaria la ha asumido desde 2015 una alianza variable de tres o cuatro partidos eminentemente árabes como lo son Jadash, Balad y Ta´al, alianza que aparece o desaparece, dependiendo de la elección, ya que la diversidad va desde religiosos hasta excomunistas.

La sorpresa se concretó cuando su líder Yousef Jabareen informó a través de un video que “para imponer sus términos sobre cualquier configuración política que resulte de la próxima elección”, la Lista Conjunta utilizará toda herramienta que la legalidad les permita, aludiendo a las posibilidades que ofrece el régimen parlamentario. Para partidos que en el pasado se han opuesto a acuerdos de paz con países árabes, que con frecuencia han expresado posiciones semejantes al nacionalismo de la OLP y rechazan al sionismo y al carácter judío del Estado de Israel, es ahora una novedad grande que las demandas sean elementos claramente de politica interna como lo es que se utilicen todos los recursos del Estado para combatir el crimen organizado y la criminalidad detrás del consumo de drogas, hoy, la principal demanda de la comunidad árabe como también lo es presionar a favor de un horizonte político para el Estado palestino, además de legalizar las edificaciones que se han hecho por parte de árabes en lugares no autorizados como también la situación de las aldeas beduinas, una realidad que se impuso en la época que mayoritariamente eran nómadas, y se quiso una sedentarización que no les acomodaba, similar a lo que en Europa hizo con sus gitanos.

Quizás por la guerra, pero el hecho es que Netanyahu no hizo lo que Raam esperaba en el combate a la criminalidad que afectaba a las aldeas árabes, y ahora existiría apoyo suficiente para avanzar en la legislación necesaria. Lo novedoso es que lo anterior es lo que ha estado detrás de la decisión de la Lista Conjunta de participar activamente en la politica interna de Israel, para mejorar la vida de la minoría árabe y no solo para combatir al carácter judío del país. Es necesario insistir que hay un importante cambio, muy en consonancia con la alianza que ha establecido Israel con países árabes sunitas en el marco de los Acuerdos de Abraham, sobre todo, en el aspecto militar con países como los Emiratos y Marruecos.

El ex jefe del Ejército israelí, Gadi Eisenkot, busca arrebatarle el poder a Netanyahu
El ex jefe del Ejército israelí, Gadi Eisenkot, busca arrebatarle el poder a Netanyahu

Dependiendo del resultado, que si es un empate como pronostican las encuestas, el voto de los partidos árabes podría cumplir un rol semejante al de los votos de los partidos vascos y catalanes con Pedro Sánchez en España, es decir, permitir la existencia de un gobierno minoritario, ya que en el ejemplo español, los socialistas sacaron menos votos que el partido Popular, mientras que en Israel los partidos árabes podrían concurrir a la formación de un nuevo gobierno sin ser parte de él, pero habrían negociado todas sus demandas a cambio de algo que los otros partidos desean más que ninguna otra cosa, que Netanyahu quede afuera para proceder con la comisión investigadora del 7-X y que por fin la Corte Suprema sentencie la situación del actual primer ministro.

Para la Lista Conjunta, el éxito va a depender de cuán numerosa sea la concurrencia para votar de la minoría árabe que en las últimas elecciones ha estado en alrededor del 50%, mientras que la participación judía supera habitualmente el 70%, como también de cómo se distribuya el voto árabe entre la Lista Conjunta y Raam. En el caso de Netanyahu solo le sirve obtener mayoría, situación que según todas las encuestas no se daría en esta oportunidad como tampoco se pronostica una mayoría para Gadi Eizenkot.

Esta ha sido una elección que nuevamente se transforma en un plebiscito sobre Netanyahu, entre otras razones por la desviación presidencialista que él ha impreso a un sistema que no lo es, sino que claramente es parlamentario, en el contexto de una guerra que no ha concluido y que no terminará mientras exista la República Islámica. Israel demostró clara superioridad sobre Irán, derrotó a Hamas y por primera vez el gobierno de El Líbano se le ha unido en buscar la desaparición de Hez bolá, pero han sido resultados incompletos, ya que las guerras se acaban cuando se termina la voluntad de lucha del adversario lo que sin duda no ha ocurrido, debido a que los tres mencionados se sienten victoriosos por haber sobrevivido, situación que impide que sea aún más visible la división entre judíos laicos y judíos religiosos, que seguramente se va a convertir en el conflicto mayor de Israel cuando exista la paz, que estoy convencido va a llegar en el sentido de una alianza real entre Israel y los países árabes sunitas, para reemplazar a Europa, Canadá, Australia que cada vez se alejan más de Israel, actuando tal como los países árabes lo hacían en el pasado, y ya no lo hacen, en medio de un antisemitismo tal, que al menos en Europa no se veía desde la segunda guerra mundial.

En todo caso, esta elección hace quedar mal a quienes como la reciente galardonada con el Premio Nobel Navi Pillay, quien tiene una trayectoria de vida donde ha utilizado toda tribuna a su disposición para deslegitimar la existencia de Israel, ratificando la diferencia de este premio otorgado por una comisión designada por el Parlamento Noruego, a diferencia de las distintas academias suecas que otorgan los otros Nobel.

La realidad israelí no puede ser explicada en términos simples de blanco y negro, de buenos y malos, ya que admite muchos colores y tiene muchos matices, donde han existido guerras, pero también muchos procesos negociadores, algunos exitosos. Demasiados políticos, sin embargo, actúan con evidente hostilidad y hasta antisemitismo contra Israel como lo expresan casos como Pedro Sánchez o la casi totalidad de los gobernantes irlandeses en Europa o Petro y Boric en Latinoamérica.

Los partidos árabes-israelíes tendrán un rol muy importante en los próximos comicios
Los partidos árabes-israelíes tendrán un rol muy importante en los próximos comicios

Estos comicios no alterarán la constante de producir parlamentos con mayorías de solo un par de votos que toman decisiones de enorme relevancia, por consiguiente, existe la necesidad de reformar el sistema electoral, lo que hoy es que es casi imposible dada la polarización existente, además de una conflictividad muy marcada a favor y en contra de Netanyahu, donde hay muy pocas posibilidades, tan pocas como en EEUU de llegar a acuerdos de largo plazo.

A diferencia de otros conflictos, Israel ha enfrentado esta guerra en varios frentes sin un gobierno de unidad nacional, con consecuencias tales como que una vez más se ha combatido sin que exista una propuesta politica para el día después de un cese del fuego, carencia que se expresa hoy en Gaza, además de la ausencia de una politica de consenso para enfrentar a la deslegitimación, al lawfare en la justicia internacional con acusaciones infundadas de genocidio, y el retorno del antisemitismo que quizás nunca desapareció y que probablemente empeorará antes de mejorar.

Se mantenga o no alguien como Netanyahu que no parece ser el líder adecuado para la etapa que viene, Israel enfrenta problemas que solo un consenso centrista puede generar acuerdos y propuestas que hoy no existen para reformar el sistema electoral o contar con una constitución escrita, idea que se esperaba aportaría la primera Knesset que no pudo funcionar como constituyente por las urgencias de ser invadidos apenas se formó el Estado, donde lo urgente postergó lo importante y donde se inauguró una constante que hasta hoy perdura, de guerras que Israel no inicia donde obtiene resultados favorables, que sin embargo no traen consigo la anhelada paz.

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