Error histórico de Madrid y Barça

A Kane no lo quiso el Madrid (sí Ancelotti) para convertirlo en el nuevo Benzema; tampoco lo quiso el Barça como sustituto de Lewandowski a pesar de que tenía una cláusula de salida de Múnich de 65 millones.

Aritz Gabilondo
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No seremos muchos los forasteros que hemos estado en Chingford, en el noreste de Londres, en el barrio donde nació y creció Harry Kane. Alejado en casi 20 millas del centro de la capital, uno de sus ejes es el Peter May Sports Complex, el recinto deportivo en el que se forjó el nuevo Balón de Oro. Allí empezó jugando en el Ridgeway Rovers. Su familia había llegado procedente de Irlanda. Él y su hermano Charlie enseguida se hicieron notar. A Harry lo captó el Arsenal, aunque fue descartado por “gordito”. También el Watford lo descartó. Sólo el Tottenham le hizo un hueco, aunque lo cedió a Leyton Orient, Milwall, Norwich y Leicester antes de ubicarlo en el primer equipo. Por todos es sabido que no ganó un solo título con los Spurs a pesar de sus goles y que a los 30 años hizo las maletas al Bayern entre burlas y mofas.

Lo demás es historia. Historia del jugador que en Múnich alcanzó la excelencia y que hoy ya puede decir que es el mejor futbolista del mundo. Sirva de paradoja sobre lo que es este deporte y en general la vida, sobre lo que uno puede llegar a sufrir y debe pelear para alcanzar sus sueños. A Kane pareció no quererle nadie, cuando en realidad ha terminado siendo una leyenda. No lo quiso el Madrid (sí Ancelotti) para convertirlo en el nuevo Benzema; no lo quiso el Barça como sustituto de Lewandowski a pesar de que tenía una cláusula de salida de Múnich de 65 millones; no lo quiso el público bipartidista de nuestro país que presagiaba un ganador entre Lamine y Mbappé. Pero el fútbol ha hablado. El Balón de Oro es suyo. El mejor jugador inglés de todos los tiempos entra de lleno en la historia.

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