Diomande juega como un niño

Hay algo de inocencia en su mirada, en sus gestos, en su forma de abordar su profesión de futbolista que me encanta y me reconcilia con este deporte...

Frédéric Hermel
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A veces me hago esta pregunta: ¿Y si el fútbol fuera siempre un juego de niños? Es decir, que estuviera alejado del dinero, de la presión, de la fama y de la tensión. Confieso que puedo disfrutar más de un partido con chavales que disputan un duelo de cinco contra cinco en el parque al lado de mi casa que de un encuentro de la Liga con adultos con egos desmesurados. Por ello me gusta tanto ver a Diomande en el Madrid. Hay algo de inocencia en su mirada, en sus gestos, en su forma de abordar su profesión de futbolista que me encanta y me reconcilia con este deporte. Quizás sea porque todavía no ha alcanzado los 20 años (los cumplirá el mes que viene) o quizás sea porque es simplemente su carácter, pero espero que no cambie nunca.

Al contrario de muchos jugadores que se sienten (demasiado) importantes porque visten la camiseta del Madrid o de otros que no aguantan su peso histórico, Diomande vive esa aventura merengue naciente con una naturalidad y un entusiasmo que dejan pensar que irá muy lejos. Que nada negativo le podrá afectar. Se atreve a hacer cosas complicadas sin miedo al error, sin temor al reproche. Es feliz jugando al fútbol para sí mismo y es justamente por esta razón que provoca satisfacción en el aficionado. La angustia o la soberbia de un futbolista en el campo transmite mal rollo. Nada de eso pasa con el marfileño.

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