Diomande juega como un niño
Hay algo de inocencia en su mirada, en sus gestos, en su forma de abordar su profesión de futbolista que me encanta y me reconcilia con este deporte...
Al contrario de muchos jugadores que se sienten (demasiado) importantes porque visten la camiseta del Madrid o de otros que no aguantan su peso histórico, Diomande vive esa aventura merengue naciente con una naturalidad y un entusiasmo que dejan pensar que irá muy lejos. Que nada negativo le podrá afectar. Se atreve a hacer cosas complicadas sin miedo al error, sin temor al reproche. Es feliz jugando al fútbol para sí mismo y es justamente por esta razón que provoca satisfacción en el aficionado. La angustia o la soberbia de un futbolista en el campo transmite mal rollo. Nada de eso pasa con el marfileño.


