De hacer jugadas a jugar de verdad
El Real Madrid se impuso al Barcelona con una acertada mezcla de cohesión, solidaridad, disciplina y sentido de la oportunidad.
A Mourinho le cabe el gran mérito de preparar una alineación que respondió hombre por hombre, línea por línea, al desafío que tenía al Madrid en una situación de máxima urgencia. Ni el empate le convenía. Una cuestión rondaba en el madridismo desde el comienzo de la temporada: ¿qué equipo tenía Mourinho en la cabeza? Todo indica que la victoria en el Camp Nou despejará muchas dudas.
El Real Madrid comenzó la temporada con una estructura soportada por dos pivotes fuertes, de características bastante similares, centrocampistas que parecían garantizar la eficiencia defensiva, pero no la arquitectura del juego del equipo, todo esto en medio de la impaciencia del público del Bernabéu. La irregularidad dominó un alto porcentaje de los partidos. Aunque el Madrid es el equipo más capaz de ganar partidos con fogonazos de sus figuras, rara vez ha sido capaz de jugar bien de punta a punta, del primer al último minuto.
Equipo de jugadas más que de juego, y ese problema existe desde hace años, no podía permitirse ese defecto en el Camp Nou. El Barça tiene ojo de lince para encontrar las debilidades de sus rivales. Su metódico plan, ejecutado por excelentes jugadores, tiende a descubrir fracturas, fisuras y rendijas. El Madrid se lo impidió. Lo consiguió con una alineación que integró a Güler y Bernardo Silva, sin que se resintiera el sistema defensivo. Al contrario, la actividad y rigor de ambos fue crucial en el encuentro.
Mourinho concentró su interés en despojar a Rodri y Pedri de la importancia capital que tienen en su equipo. Bellingham se ocupó de Rodri con éxito y Bernardo Silva mantuvo a raya a Pedri en el primer tiempo. Le comenzaron a abandonar las fuerzas en el segundo y ahí se torció el panorama al Madrid. Varias claves sirvieron para rescatarle.
El cambio de Bernardo Silva por Camavinga añadió la pujanza perdida. Los centrales, tantas veces cuestionados, bloquearon un altísimo porcentaje de ataques y remates. Fue lo más parecido a una reválida para Huijsen, un partido destinado a medir su verdadero espesor como defensa. Su actuación le ayudará a vencer prejuicios. Mourinho le eligió en un día crucial y la respuesta fue impecable, lo mismo que la de Konaté.
La victoria del Madrid se fraguó a través del equilibrado rendimiento de todos sus jugadores, algo que se echaba en falta. Ni uno solo bajó del notable, cada uno en su versión más óptima. Lunin dejó una parada imponente, Mbappé añadió dos goles a su cuenta, Diomande confirmó todas sus cualidades y colaboró como un soldado con Cucurella, Tchouameni funcionó como un reloj como pivote defensivo y Bellingham cambió su propio paso: de ocuparse de Rodri a ocupar todo el campo con un despliegue bestial.
Con cuatro fichajes recientes en la alineación titular -Konaté, Cucurella, Bernardo Silva y Diomande- se verificó su importancia. Mourinho dispone de la mejor plantilla en los últimos 10 años del Madrid. Y entre los nuevos que jugaron en el Camp Nou, ninguno merece más reconocimiento que Cucurella. Desactivó a Lamine Yamal en el primer tiempo -el genial jugador del Barça tuvo que emigrar a posiciones más interiores en el segundo- y se proyectó por la izquierda con la soltura que le caracteriza. En cierto modo, en Cucurella se identificaron todas las virtudes del Madrid, relanzado después de superar el trance del Camp Nou.


