De generar a definir: cómo cambió el ataque de Boca contra Unión con las modificaciones de Arruabarrena
El Xeneize goleó al Tatengue por 3 a 0 en la fecha 11 del Torneo Clausura 2026. El papel del Vasco en el devenir del partido gracias a la renovación ofensiva en el segundo tiempo.
En ese marco, Leandro Paredes y Milton Delgado se repartían la base de la jugada en pequeña gran sociedad; Santiago Ascacíbar (más liberado de tareas de gestación) se situaba alto y cerrado por derecha, a la altura de un Alan Velasco suelto entre la izquierda y el centro detrás de Miguel Merentiel; y, más cerca de la raya, un Villa abierto y profundo que, por inercia, provocaba que Lautaro Blanco -carrilero nato, insistente aun impreciso en sus centros llegando al fondo- tuviese que desdoblarlo por adentro contra su propia naturaleza. Distinto el panorama para Leandro Lozano, con terreno ancho y resto físico para subir por flanco diestro y marcar diferencias en ataque.
La intención de juego estuvo clara desde el primer momento: juntar pases por adentro, con los volantes cerca unos de otros para siempre tener líneas de pase a las espaldas del 4-1-4-1 de Unión, expuesto ante la constante movilidad de Delgado, Ascacíbar y Velasco a los costados de su volante central Joaquín Mosqueira y por detrás de los internos Nacho Malcorra y Mauro Luna Diale. El tándem forzado entre Blanco y Villa -voluntarioso, desde ya más productivo, pero de toma de decisiones y de cambio de ritmo intermitentes-, junto a la poca presencia en el área rival de un Merentiel desapercibido como en Rosario, conspiraron durante una hora contra un fútbol de rápida circulación y recuperación por presión que hundió irremediablemente al Tatengue en su propia mitad de cancha.

Distinto fue el panorama, ya con el resultado a favor por el cabezazo goleador de Lautaro Di Lollo, a partir de la renovación en ofensiva con los ingresos de Enner Valencia por Merentiel, de Carlos Palacios por Velasco y, sobre todo, del pibe Flores por Villa. Así, Boca sumó a una referencia en punta a la que buscar por arriba o de espaldas como el ecuatoriano; a un pasador y receptor recuperado para la causa como el chileno; y a una fuente de desequilibrio por potencia y por gambeta -y a perfil invertido, su ideal- como el oriundo de Beccar. Piernas frescas, sistema nutrido.
El 2-0, tardío pero seguro, es inexplicable sin la cirugía mayor del Vasco en el último tercio: Valencia, como pivot, atrae marcas y le genera espacios a Ascacíbar (en apoyo) y a Lozano (en ruptura); Palacios, bajo, le permite a Delgado pisar el área y atacar el segundo palo en el centro raso desde la derecha; y Flores, agresivo para seguir la misma fórmula que el Chelo, con el timing para capturar la pelota muerta, la sangre fría para pausar y perfilarse hacia su diestra y la calidad para colocarla en el palo largo del arco de Matías Mansilla. Las bandas, espacios medulares para este Xeneize post-lesión de Tomás Aranda, como zonas de promesas.
En el 3-0, la fórmula cambió pero los protagonistas volvieron a ser los de arriba. Ante un Unión descompensado por cada salida limpia de Boca desde el fondo, Flores enganchó hacia adentro y encontró a Valencia al espacio. La lentitud en la toma de decisiones de Enner le dio tiempo al Tate para replegarse; no así para presionar al primer lanzador, Flores, receptor de la cesión de Valencia y con espacio para volver a exhibir su remate colocado. Otro golazo para certificar otra goleada y sumar otro ladrillo en el muro de la ilusión, de la que el pibe formado en Boca Predio es bandera. Y para hacer testimoniales los ingresos de Ángel Romero y de Williams Alarcón.
El fútbol de los cinco cambios vive dando muestras de que la línea entre los titulares y los suplentes es cada vez más difusa. Cabría, en palabras de Mikel Arteta, definir a unos y a otros como "iniciadores" y "finalizadores". Arruabarrena, con su capacidad de convencimiento y su lectura durante los partidos, ha hecho del banco una usina de soluciones en contextos bravos y en instantes breves. Lo sucedido frente a Unión, como en la remontada obrada contra Racing, fue una prueba más de ello.


