Croacia-España / Merino es Haaland
El futbolista del Arsenal, que entró tras el descanso, marca dos goles y mete a España en cuartos de final de la Nations League.
La del martes era una noche rara, emotiva, de adioses varios, una noche en la que se cruzaban los nombres de tres de los mayores talentos que ha dado el fútbol mundial en los últimos años: Cristiano, Modric y Messi. El portugués cortocircuitó las redes sociales al difundir un comunicado para aclarar lo sucedido con su seleccionador (“Jorge Jesus faltó a su palabra”, explicó); el croata era titular en uno de sus últimos bailes con la selección nacional; y el argentino estaba en plena cuenta atrás para su adiós a la Albiceleste, en el legendario Monumental de Buenos Aires, con los pañuelos preparados por más que el rival, Benín, no hubiera despertado demasiada ilusión en el país.
Hace una semana, la afición del Sánchez-Pizjuán no tuvo la suerte de disfrutar de Luka, pero la cita de Split merecía todo el arsenal croata para hacer frente a esa España impulsada por la inercia del título mundial. Tras el doloroso revés sufrido ante Inglaterra, un 0-7 que dilapidaba buena parte de sus aspiraciones en la presente Nations League, Slaven Bilic había prometido que ante España sus futbolistas jugarían “como hombres”. ¿Pero como hombres que juegan bien o como hombres que juegan mal? Ese es un pequeño gran detalle.
El croata trata de superar a Pedri en Split.MIGUEL MORENATTIPor lo pronto, la afición recibió al equipo con cariño. Cada balón recuperado era una victoria, cada vez que Modric, Kovacic o Perisic, sus tres tenores, triangulaban en el centro del campo se disparaba el clamor en la grada. El primer aviso serio fue croata (minuto 13), con un centro al segundo palo que Stanisic cabeceó para que Unai despejara en un acto reflejo. La Roja no se dio por aludida y pagó caro ese despiste, pues solo cuatro minutos después Croacia volvió a llegar en vendaval a la portería española. En esta ocasión, el rechace de Unai al disparo de Matanovic quedó franco para el cabezazo de Perisic en lo que significaba el 1-0.
Croacia corría y España caminaba, Croacia mordía y España se incomodaba en cada acción. La amarilla a Perisic por una dura entrada a Pubill fue la constatación de que el partido no era un partido más para los hombres de Bilic, mientras que en el caso de España el hecho de que solo hiciera falta un punto para estar en cuartos de final ejercía de anestesia.
Conexión Lamine-Pubill
Lamine absorbía buena parte del juego español, su comunión con Pubill por la banda derecha suponía un quebradero de cabeza para Gvardiol. Pero Croacia se abrigaba bien atrás, con una línea de cuatro en defensa y de cinco en el centro del campo, con lo que resultaba muy complicado encontrar líneas de pase. Incluso a Pedri, que ve donde otros no ven, se le complicaba la noche.
Sucedió así en la primera parte y también en los primeros compases de la segunda, en los que Merino se había sumado a la causa como sustituto de Baena. La receta era clara: paciencia, mucha paciencia, porque Croacia apostaba por cerrarse y esperar atrás hasta que el minuto 90 tocara a la puerta. Paciencia y, cómo no, Merino, porque ese no falla, el del Arsenal es un tipo con la habilidad de pasar inadvertido a las defensas rivales pese a su corpulencia. Del mismo modo en que aclaró el partido del pasado sábado cuando Chequia había recortado distancias (2-1), ante Croacia puso la primera piedra para la remontada española con un remate raso ante el que nada pudo hacer Livakovic.
A partir de ahí, la Roja creció y el rival fue perdiendo el sitio. Fruto de esa aceleración, Perisic vio la segunda amarilla, una expulsión quizá rigurosa, pero que dio gasolina extra a España para afrontar los últimos diez minutos del partido. Le sobraba tiempo a Merino para regalarnos su nueva perla: un control orientado dentro del área y un zurdazo rumbo a la escuadra. Un nuevo detalle de un héroe discreto. Con Mikel, todo es más fácil.


