Cómo se mide el nivel del mar y por qué el océano nunca tiene una altura fija

Mareógrafos, satélites y promedios de largo plazo permiten establecer la referencia que se utiliza en mapas, puertos, obras costeras y estudios climáticos

Infobae

La costa cambia de aspecto con cada ola, pero la altura del agua que se utiliza para calcular la elevación de una ciudad, trazar una carta náutica o proyectar una obra no depende de esa imagen instantánea. El nivel medio del mar se calcula con observaciones repetidas durante años, que permiten separar las variaciones diarias de una referencia vertical útil para la navegación, la cartografía y el seguimiento climático.


Esa referencia no es igual en todos los lugares. La superficie oceánica responde a las mareas, el viento, la presión atmosférica, las corrientes y la temperatura. A la vez, el suelo costero puede elevarse o hundirse. Por eso, los especialistas distinguen entre el nivel del mar local, registrado junto a la costa, y el promedio global que reconstruyen las misiones satelitales.

Los mareógrafos transforman las variaciones de la costa en un promedio

Los mareógrafos registran de forma continua la altura del agua respecto de un punto fijo en tierra, vinculado a referencias geodésicas o bancos de nivel. El valor refleja las condiciones de cada sitio: una tormenta puede elevar el agua sobre la costa y el hundimiento del terreno también modifica la medición relativa.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) define el nivel medio del mar como la media aritmética de las alturas horarias del agua. Para calcular los datums de marea, utiliza un período de referencia de 19 años, que permite incluir ciclos astronómicos de largo plazo y reducir el efecto de fluctuaciones de corta duración.

La NOAA utiliza actualmente el período 1983-2001 como referencia nacional y prepara una actualización con datos recogidos entre 2002 y 2020, cuya publicación está prevista para 2029. El organismo revisa estos valores porque el ascenso del mar, el movimiento vertical de la tierra y las modificaciones de las mareas alteran las condiciones de cada estación.

Manos con guantes negros usan un compás y una regla de metal sobre un mapa marítimo, junto a una probeta graduada en un laboratorio.
Los mareógrafos registran de forma continua la altura del agua respecto de un punto fijo en tierra (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por eso, un registro de un puerto no representa por sí solo la altura de todos los océanos. El nivel local del mar resulta decisivo para anticipar inundaciones, diseñar infraestructura costera y delimitar áreas de navegación, pero combina cambios en el agua con movimientos del terreno de ese lugar

Los satélites calculan la altura del océano con radar

Desde 1992, la altimetría satelital extendió las mediciones hacia vastas zonas oceánicas sin instrumentos costeros. Los satélites equipados con altímetros envían pulsos de microondas hacia el mar y miden el tiempo que tarda la señal en regresar después de rebotar en la superficie.

Para convertir ese tiempo en una altura del océano, los equipos deben conocer con exactitud la posición del satélite respecto del centro de la Tierra y corregir los efectos de la atmósfera. El vapor de agua puede demorar la señal de radio y alterar el resultado si no se considera ese ajuste. Por eso, la medición satelital requiere datos orbitales, sistemas de posicionamiento y calibraciones continuas.

La NASA indica que las misiones de referencia repiten sus trayectorias aproximadamente cada diez días. Esa continuidad permite comparar la superficie marina a lo largo del tiempo y construir un registro global de sus cambios. Las misiones TOPEX/Poseidon, Jason-1, Jason-2, Jason-3 y Sentinel-6 Michael Freilich conforman una serie de más de tres décadas para estudiar la evolución del nivel del mar.

Los satélites cubren la mayor parte del planeta, aunque no sustituyen a las estaciones de costa. Un mareógrafo puede registrar con más detalle un evento breve en un punto específico, como una crecida causada por una tormenta o un tsunami. La combinación de ambos sistemas permite contrastar los datos y distinguir cambios regionales de la tendencia del conjunto oceánico.

Una boya marina amarilla con antenas cilíndricas, un panel solar y circuitos electrónicos flota sobre el agua del océano con olas.
Los satélites calculan la altura de la superficie oceánica mediante pulsos de radar enviados hacia el mar (Imagen Ilustrativa Infobae)

El “cero” de los mapas surge de una referencia técnica

La expresión metros sobre el nivel del mar simplifica un procedimiento técnico: asignar una elevación a partir de una superficie de referencia definida mediante mediciones y promedios. Esa base se aplica a montañas, valles, rutas, puertos y obras hidráulicas, pero no describe una línea inmóvil que pueda verse en la orilla.

Las diferencias regionales son esperables. La gravedad no es uniforme en toda la Tierra; las corrientes redistribuyen el agua, la expansión térmica modifica su volumen y el deshielo continental suma agua a los océanos. También inciden los movimientos de las placas, la subsidencia y la elevación de las costas.

Los datos locales y globales responden, entonces, a preguntas distintas. Los primeros permiten conocer qué sucede en una comunidad costera; los segundos muestran la evolución del océano a escala planetaria. La NASA integra observaciones de satélites, mareógrafos y flotadores Argo, que aportan información sobre la temperatura y la salinidad a lo largo de la columna de agua.

La próxima actualización de los datums de marea de la NOAA incorporará la serie 2002-2020 para recalcular las referencias utilizadas en sus productos. Esa revisión periódica permite mantener actualizada una medida que depende de un océano y de unas costas en cambio constante.

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