Cómo los cazadores de huracanes vuelan hacia el ojo de Isaias

Las tripulaciones atraviesan la parte más intensa del ciclón para registrar vientos, presión y temperatura. Los datos llegan en tiempo real y ayudan a precisar la trayectoria y la fuerza del fenómeno

Infobae

La cabina se sacude, los cinturones sujetan a la tripulación y, detrás de las ventanillas, una muralla de nubes y lluvia borra el horizonte. El avión no busca alejarse de la tormenta: entra en el corazón del huracán Isaias, que alcanzó la categoría 3 en el golfo de México, para medir desde dentro un sistema con vientos máximos sostenidos de 193 km/h.

Mientras Isaias avanza hacia la costa norte de Estados Unidos y activa evacuaciones obligatorias y alertas en sectores de Florida, Alabama y Misisipi, los cazadores de huracanes cruzan una y otra vez la pared que rodea el ojo del fenómeno meteorológico, donde se concentra la parte más intensa del ciclón. Cada pasada permite registrar los cambios de presión, viento y temperatura.

El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC) ubicó el centro del huracán a unos 386 kilómetros al sur de Pensacola y a 274 kilómetros al sur-sureste de la desembocadura del río Misisipi, en su última actualización este viernes 9 de octubre. Allí, sobre el golfo, la misión de estas tripulaciones es recoger datos en las condiciones más extremas.

Parte frontal de un avión militar gris iluminado de noche en una pista de aterrizaje, con las escaleras de la puerta abiertas
El 53.º Escuadrón de Reconocimiento Meteorológico de la Fuerza Aérea opera desde la base de Keesler con diez aviones WC-130J (X: @53rdWRS).

La Fuerza Aérea mantiene una unidad que vuela huracanes desde 1944

El 53.º Escuadrón de Reconocimiento Meteorológico, conocido como los Cazadores de Huracanes de la Reserva de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, es la única organización del Departamento de Defensa que aún vuela dentro de tormentas tropicales y huracanes, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).

De acuerdo con la Asociación de Cazadores de Huracanes, la historia de estos vuelos comenzó con una apuesta en plena Segunda Guerra Mundial. El teniente coronel Joe Duckworth llevó un avión de entrenamiento AT-6 Texan hasta el ojo de un huracán. Aquel ingreso abrió una práctica que, con el paso de las décadas, se convirtió en una herramienta de observación meteorológica.

El actual escuadrón remonta su origen al 7 de agosto de 1944, cuando se creó el 3rd Weather Reconnaissance Squadron, Air Route, Medium. Desde entonces, forma parte del Ala 403, con base en Keesler, en Biloxi, Misisipi. Cuenta con diez aviones Lockheed-Martin WC-130J y sus respectivas tripulaciones.

Fotografía en blanco y negro de un avión B-17 Flying Fortress en vuelo con insignias de Estados Unidos en la estructura
El avión B-17 Flying Fortress fue el avión más solicitado para reconocimiento meteorológico durante la Segunda Guerra Mundial (Hurricane Hunters Association).

El avión cruza la pared del ojo para medir los cambios de Isaias

Mientras los vuelos comerciales rodean un huracán, las aeronaves de reconocimiento trazan rutas que atraviesan su núcleo. En una cobertura de Local 10, el meteorólogo Brandon Orr acompañó a una tripulación durante casi ocho horas dentro de Isaias, a bordo de un avión laboratorio conocido como Miss Piggy.

La aeronave realizó cinco pasadas por el sistema, según explicó el meteorólogo Sim Aberson. “El aspecto era distinto cada vez. Está cambiando con mucha rapidez”, afirmó. Durante el vuelo, la presión descendió, los vientos aumentaron y el ciclón se expandió.

En estas incursiones, los aviones pueden descender a unos 3.000 metros para cruzar esa franja, donde los vientos pueden superar los 241 km/h. A su vez, utilizan hélices para poder volar a baja altitud y mantener el control en turbulencia intensa. Está preparado para condiciones como el granizo y el posible impacto de aves atrapadas cerca del ojo, precisó CNN.

Tras ese tramo, el interior del ojo ofrece un contraste marcado. Las nubes se abren sobre la aeronave y el aire baja hacia el centro del sistema, lo que puede formar una estructura semejante a un estadio: un espacio relativamente calmo, rodeado por torres de nubes de la pared ocular.

Parte frontal de un avión militar gris iluminado de noche en una pista de aterrizaje, con las escaleras de la puerta abiertas
Los aviones de reconocimiento utilizan hélices para volar a baja altitud y resistir la turbulencia en la pared del ojo (X: @53rdWRS).

Las sondas caen al mar y transmiten presión, viento y humedad

Cada ingreso al ojo permite liberar dropsondas (sondas de caída), instrumentos pequeños que se lanzan desde la parte inferior del avión y envían mediciones durante su descenso hasta la superficie del océano. Así, registran temperatura, presión atmosférica, dirección y velocidad del viento, además de humedad.

Las señales que envían las dropsondas llegan al avión y se transmiten en tiempo real al NHC, en Miami, donde meteorólogos y sistemas informáticos las incorporan a sus análisis.

Parte frontal de un avión militar gris iluminado de noche en una pista de aterrizaje, con las escaleras de la puerta abiertas
Las dropsondas liberadas desde las aeronaves transmiten información sobre presión, viento, temperatura y humedad en su descenso al mar (X: @53rdWRS).

La navegación también tiene una tarea precisa: identificar y marcar el punto central de circulación. Ese dato funciona como una referencia para estimar la trayectoria posterior del huracán.

Según Local 10, los registros de los cazadores de huracanes pueden mejorar los pronósticos que llegan a los medios de televisión hasta en 20%.

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