Cómo el estrés intenso y prolongado puede elevar el riesgo de ACV

La neuróloga Irene Katzan explica que la tensión emocional puede afectar la frecuencia cardíaca, la presión arterial y el control de afecciones previas

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Una discusión que se prolonga, una exposición pública o un episodio de tensión en el tránsito pueden dejar cansancio, irritabilidad y dificultades para concentrarse.


Aunque esas reacciones suelen asociarse con el estado de ánimo, los períodos de estrés intenso o prolongado también pueden afectar la salud física y sumar factores vinculados con el riesgo de accidente cerebrovascular.

Una situación aislada de tensión no implica necesariamente que vaya a producirse un accidente cerebrovascular. Sin embargo, durante esos momentos pueden aumentar la frecuencia cardíaca y la presión arterial.

Estos cambios pueden tener mayor importancia en personas que ya presentan otros factores de riesgo.

Mujer con camiseta azul, ojos cerrados y una mano en la sien, mientras un tensiómetro mide su presión arterial en el brazo. Un estetoscopio visible.
Un metaanálisis sobre estudios observacionales vinculó el estrés psicológico con una mayor probabilidad de sufrir un evento cerebrovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según Irene Katzan, médica especializada en neurología y accidente cerebrovascular en Cleveland Clinic, hay indicios cada vez más numerosos que relacionan el estrés con el riesgo de accidente cerebrovascular. También advirtió que sus efectos físicos pueden ser mayores de lo que suele advertirse.

Un metaanálisis publicado en Frontiers in Neurology reunió 28 estudios observacionales con más de 950.000 participantes.

Sus autores hallaron una asociación entre el estrés psicológico y una mayor probabilidad de accidente cerebrovascular, aunque señalaron diferencias importantes entre los estudios y posible sesgo de publicación. Por eso, los resultados no demuestran que el estrés sea por sí solo la causa del evento.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El estrés agudo acelera el ritmo cardíaco y provoca un aumento de la presión arterial (Imagen Ilustrativa Infobae)

Katzan diferenció la reacción puntual de la tensión que persiste durante semanas o meses. Según explicó, ambos tipos de estrés pueden afectar el organismo, aunque lo hacen de maneras y plazos distintos. También advirtió que el estrés puede coexistir con hábitos y enfermedades que se asocian con problemas cardiovasculares.

El estrés intenso puede elevar la presión arterial de forma repentina

Para la neuróloga, el estrés agudo es la respuesta del organismo ante un hecho puntual de fuerte impacto emocional. Una discusión intensa, hablar en público o una situación de peligro en el tránsito pueden desencadenarlo. Puede manifestarse con sudoración, temblores, inquietud o tensión muscular.

Un profesional de la salud con uniforme azul y guantes blancos toma la presión arterial a una mujer. En una mesa pequeña hay un monitor de presión.
Un estudio con más de trece mil casos relacionó los estados de ira en la hora previa con un primer accidente cerebrovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)

Explicó que este tipo de estrés puede acelerar el ritmo cardíaco y elevar de forma repentina la presión arterial. En determinadas circunstancias, ese cambio puede desplazar coágulos de sangre o romper vasos sanguíneos debilitados.

Aclaró que un momento de tensión no coloca automáticamente a todas las personas ante un peligro inmediato. El efecto puede ser más importante cuando existen condiciones previas que ya elevan el riesgo de accidente cerebrovascular.

La relación entre la ira o la alteración emocional y los accidentes cerebrovasculares fue analizada en European Heart Journal.

La investigación incluyó 13.462 casos de primer accidente cerebrovascular en 32 países y observó una asociación entre esos estados emocionales durante la hora previa y la aparición del evento.

Un monitor de presión arterial digital y uno análogo junto a un brazo con brazalete; al lado, una cabeza humana y un cerebro con colores vibrantes.
El accidente cerebrovascular isquémico se produce cuando un coágulo interrumpe el paso de sangre hacia el cerebro (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sus resultados no prueban una relación de causa y efecto. El aumento de la presión arterial y la aceleración del ritmo cardíaco son los cambios físicos inmediatos que la neuróloga vincula con esta respuesta.

El estrés prolongado puede agravar otros factores de riesgo

El estrés crónico no se limita a un episodio concreto, sino que permanece durante un período prolongado. Según Katzan, sus efectos pueden sumarse a otros factores y aumentar la vulnerabilidad frente a un accidente cerebrovascular.

Los efectos del estrés prolongado se asocian con la aterosclerosis y el endurecimiento de las arterias (Imagen Ilustrativa Infobae)
Los efectos del estrés prolongado se asocian con la aterosclerosis y el endurecimiento de las arterias (Imagen Ilustrativa Infobae)

Indicó que el estrés sostenido puede dificultar el control de otras enfermedades crónicas. Cuando se combina con problemas de salud preexistentes, puede aumentar la posibilidad de complicaciones.

La presencia simultánea de estrés prolongado y otras condiciones médicas es relevante al evaluar el riesgo, explicó.

También vinculó los efectos acumulados del estrés con la aterosclerosis, que es el endurecimiento de las arterias. Este proceso puede favorecer la formación de coágulos sanguíneos y, si se desprenden y llegan al cerebro, pueden causar un accidente cerebrovascular isquémico.

Hábitos cotidianos para reducir los efectos del estrés

La neuróloga señaló que cierto nivel de estrés forma parte de la vida cotidiana y que algunas situaciones que lo provocan son inevitables. Aun así, explicó que existen formas de reducir sus efectos sobre el cuerpo y la salud mental.

La actividad física diaria y la alimentación saludable disminuyen los efectos del estrés en el organismo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Indicó que identificar y evitar conductas poco saludables que pueden aparecer durante períodos de tensión es importante para reducir el riesgo de accidente cerebrovascular.

Recomendó disminuir el estrés y evitar hábitos perjudiciales, sin presentar estas medidas como una garantía frente a eventos cardiovasculares.

Entre las estrategias, mencionó pasar tiempo al aire libre, escribir un diario, realizar tareas de voluntariado, reír o conversar con una persona cercana. También destacó la importancia de una alimentación saludable y de realizar alguna actividad física todos los días.

Recomendó consultar a un profesional de la salud cuando el estrés genere preocupación por sus efectos físicos o emocionales. Esa atención puede ayudar a encontrar estrategias para afrontarlo y a abordar condiciones que podrían elevar el riesgo de problemas de salud graves, según explicó.

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