Baena ya hace de Griezmann
El centrocampista decide en el 89′ un partido que al Atleti se le había atragantado ante un Espanyol que no solo sobrevivía, también había amenazado a balón parado. Volvió Puado.
Ochenta y nueve minutos antes, el Atleti había saludado al partido con una primera ocasión, un disparo de Kang-in Lee, que se fue muy cerca de la escuadra. Los del Cholo habían salido subidos en la moto de las últimas semanas: balón, combinaciones, presión alta y pases de ruptura. Da igual quien esté enfrente o en el once. No cambia. En Cornellà era titular por sorpresa Dani Martínez y se sentaban Grimaldo, Llorente y Baena, pero ahí seguían Barrios, para que el fútbol pasara por sus pies, y Cuti, para cerrarle la puerta a un Espanyol que solo veía a Oblak desde lejos, muy lejos. La pelota era como un trozo de hielo que se deshacía en cuanto la tocaban los jugadores de Manolo.
Si el Atleti había tunelado en esa primera ocasión una vía hacia Fortuño a la espalda de Cabrera, Jonathan David la exploraba. En el 5’ sumaba otra ocasión, tras rematar de primeras un centro raso de Giuliano. A los diez minutos, el Atleti había dado 120 pases por 25 del Espanyol. El partido recién comenzado y el Cholo ya le había resquebrajado el plan a Manolo, quien por primera vez en la temporada alineaba tres centrales, para ver cómo los rojiblancos superaban sus líneas de presión como si fuesen finas tiras de plástico. Su área, llena de rojiblancos dirigidos por un Barrios que estaba otro día más de recital: lo mismo rompía por el interior para generar huecos que iniciaba el juego. Los del Cholo solo debían afinar el disparo. Y ahí sobrevivía el Espanyol. Rezando. Hasta que en el minuto 25 se miró el cuerpo más allá de esa estadística (el 82% de la posesión del Atleti). Estaba intacto. Y un partido no lo gana quien más tiene el balón sino quien más veces lo deposita en el fondo de la red.
Hjulmand había bordeado la roja al golpear con el codo a Expósito, sin balón en juego, en la defensa de un córner y, entre Hinojo y Riedel, despejaban en la línea un disparo de Giuliano desde la frontal, cuando el Espanyol llegaba por primera vez a los pies de Oblak... y casi se va con premio. Roberto cabeceó una pelota que se fue a una uña del palo derecho después de que Bryan Zaragoza la colgase al área en un córner que el Espanyol sacó rapidísimo. Casi. El partido se equilibró. El Atleti le sumó la precipitación al ritmo, la posesión y las ocasiones. El Espanyol se condensaba más atrás a la espera de una contra mortal. O un balón parado. Como ese córner cuyo rechace Cabrera mandó al larguero. Fortuño ya le había enseñado de nuevo el guante a Jonathan David para desviarle un disparo al lateral de la red.
El partido regresó sin Dani Martínez ni Lookman, pero en el caso del último igual daba: es como si no hubiera estado en ninguno de los 45 minutos anteriores. Con Julián y Grimaldo, el Atleti se instalaba de nuevo en el área rival, con juego por dentro y mismo resultado: un pase de la muerte de Jonathan David, Cabrera lo despejaba en la línea a córner. Barrios se iba en el 55’, por eso de que sus minutos se cuentan en Excel para evitar las lesiones, cuando Simeone introducía a Llorente. El Espanyol seguía en ese bloque defensivo que parecía hormigonado, sin una grieta, y la posesión rojiblanca, de tanto estamparse en ese punto, empezaba a ser espesura.
Como por dentro no, lo intentó desde lejos Llorente, con un zapatazo desde la frontal que le ponía el broche a un pase de tacón de Kang-in. Tampoco. Su tiró, que rozó Fortuño con la punta del guante, se chocó con el larguero. Pasada la hora, el del Excel era el Cuti, el hombre del Cholo que se había comido a Roberto para evitar la amenaza de un Espanyol en el que Javi Hernández ponía criterio e intención. Con la entrada de Mendoza, Simeone reordenó sus piezas, moviendo a Llorente y Pubill. Cinco minutos llevaba Baena en el campo: había visto ya una amarilla por protestar y no dejaba de pedirse balones con el equipo al lomo. Para masticar de una vez este partido atravesado.
En el 81’ Cornellà celebraba el regreso de Puado nueve meses después mientras al Atleti acampaba en su área. Pero Giuliano se enredaba siempre con el penúltimo pase, Julián lo intentaba tres veces y las tres veces fue negado y la maldición de Cornellà, campo sin victoria rojiblanca desde 2021, parecía que alargaría su sombra otra temporada. Entonces, esa jugada que nació con una salida en la que Hancko, Hjulmand, Llorente y Mendoza parecían liarse hasta que Grimaldo le dio la pelota a Julián y éste a Baena. Baena la recibió y, en la frontal, se detuvo el segundo justo para lanzarle a Fortuño el tiro definitivo. Con la derecha, a media altura. Lo celebró abrazando a Simeone antes de que Oblak tuviera la última de verdad. Paradón ante Lozano y ya sí, volando a Stuttgart.


