Así es la taza de porcelana que permite tomar café en el espacio y terminó en el Smithsonian
Diseñada por el astronauta Donald R. Pettit, la pieza retoma un prototipo armado en órbita con materiales improvisados. Hoy, esta versión resuelve un desafío cotidiano de la vida fuera de la Tierra
InfobaeEn microgravedad, inclinar una taza no alcanza para que el café avance hacia los labios. El líquido permanece adherido a las paredes del recipiente y, por eso, las bebidas suelen consumirse desde bolsas cerradas con pajita.

Según la ficha del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian, Pettit diseñó esta versión de porcelana en su casa de Houston, la elaboró en un horno doméstico y la donó a la institución en 2023.
La pieza integra la colección de equipos personales y accesorios de alimentación vinculados con la exploración espacial, aunque el museo informa que no está expuesta al público.
La taza de porcelana nació de un prototipo creado en órbita
La historia de la pieza comenzó en noviembre de 2008, cuando Pettit construyó una primera versión durante la misión STS-126, que estaba unida a la Estación Espacial Internacional.

De acuerdo con el Smithsonian, el prototipo se armó con una lámina plástica delgada y cinta Kapton, materiales disponibles para el astronauta durante la misión.
Ese primer recipiente abrió el camino a nuevas versiones. La ficha del museo indica que se fabricaron modelos impresos en tres dimensiones que viajaron al espacio en 2012 y que variantes de esas tazas se han utilizado desde entonces.
La versión de porcelana conserva ese diseño y registra el recorrido que llevó una solución concebida en órbita hasta una colección museística.

Un canal lateral lleva la bebida hasta el borde
El rasgo que define el diseño es un canal inclinado que parte del fondo, sube por uno de los laterales y termina en el borde desde el que se bebe. Un informe técnico publicado por NASA Tech Briefs explicó que esa forma permite conducir una bebida en microgravedad.
Dentro de ese canal actúan las fuerzas capilares, que hacen que el líquido se adhiera a una superficie y avance por una zona estrecha. Gracias a ese efecto, el café recorre la pared interior hasta el borde sin depender de la gravedad.
Al llegar allí, el líquido se detiene porque las fuerzas que lo empujan alcanzan un equilibrio. Cada sorbo modifica ese punto y hace que una nueva porción suba desde el fondo.

El proceso continúa hasta que quedan apenas unas gotas, una cantidad similar a la que puede permanecer en una taza de cerámica después de terminar una bebida en la Tierra.
La tensión superficial completa el mecanismo al mantener la bebida dentro del recipiente durante los movimientos habituales de una comida en microgravedad.
El documento técnico indicó que la taza no puede apoyarse sobre una mesa, aunque puede fijarse a una pared de la cabina y retirarse cada vez que se usa.

La pieza conserva una solución surgida de los experimentos de Pettit
La taza de porcelana remite a los ensayos que Pettit desarrolló durante sus misiones a partir de situaciones cotidianas en órbita.
En septiembre de 2024, una publicación de la NASA recuperó el origen de esta taza espacial y señaló que el astronauta creó el primer prototipo con una lámina de transparencia.
La agencia incluyó esa experiencia dentro de la ciencia de oportunidad, una serie de pruebas nacidas de observaciones que Pettit hacía mientras vivía en la Estación Espacial Internacional. El diseño respondió así a una dificultad concreta: beber café sin que la gravedad lleve el líquido hacia el borde.

El informe técnico también registró un inconveniente después de usar el prototipo con café. Los restos secos cambiaban la manera en que el líquido se adhería al canal y podían impedir que ascendiera con facilidad.
Para resolverlo, las paredes flexibles permitían aplicar una presión suave que estrechaba el canal y reforzaba el movimiento del café hasta el borde. Una estrategia que permanece hasta la actualidad.


