Alavés - Atlético / Baena lo dibuja, Cuti lo colorea

Victoria del Atlético en Mendizorroza cinco años después. Marcó primero Grimaldo, empató luego Boyé tras un penalti de Le Normand. Ángel Pérez vio la roja tras una plancha a Julián. Baena puso la magia para el gol final del argentino.

Patricia Cazón
As
Uno lo dibujó y el otro lo coloreó. Fue Baena el del pincel. De su bota saldría ese pase primoroso buscando un compañero que le pusiera un lazo. Lo haría el Cuti. En el palo contrario y con la testa. El Atleti hacía el 1-2 y volvía a ganar en Mendizorroza, campo que siempre le cuesta. La última vez estaba ya lejos. El año del último título de Liga de los rojiblancos. Cinco años han pasado. En ese momento, el del gol de Cuti, el Alavés estaba con diez.

Los dos entrenadores más importantes de la historia reciente rojiblanca frente a frente. Uno, Quique, ahora llamado a hacer con el Alavés lo mismo, devolverle el paso ganador. Un Alavés que regresó a la competición con Denis, Toni Martínez, Blanco y Ángel Pérez como novedad con respecto al último partido en San Mamés. Uno de ellos sería el que se iría antes a la ducha. En este momento el Atleti tarda un rato en tener el balón, atropellado por el Alavés nada más salir de la caseta. Los de Quique con más intensidad, personalidad y velocidad. Y Ángel Pérez haciéndole trajes a Grimaldo cada vez que lo encaraba. Las dos primeras terminaron con el jugador del Alavés yéndose hacia la portería de Oblak para armar el disparo. Uno se le fue alto. El otro, fuera.

Este parón a Simeone le había dejado la portería vacía pero muchos condicionantes para formar su once. Que si la Champions que viene. Que si los viajes. Que si algún golpe... La noticia es que regresaba Barrios aunque costara aterrizar dónde, porque no lo hacía en el doble pivote, con Koke y Cardoso, sino en una posición cerca de la mediapunta, por detrás de Jonathan David. El once del Cholo siempre es como un Cubo de Rubik, girando constantemente sus caras. Del 5-3-2 en defensa al 4-3-3 en ataque. Un baile constante de posiciones y jugadores por el que fue sumando metros que no ocasiones. La batalla estaba en el centro del campo. Con las dos pizarras de los entrenadores chocando como en una larga partida de ejedrez.

La jugada de Quique era una gota malaya: siempre igual, siempre la misma. Por la derecha y con Ángel Pérez tomándole las medidas a Grimaldo para verticalizar al Alavés alcanzar la puerta de Oblak. Pero era la contraria, en realidad, la primera que caería aunque hasta el momento no se hubiera apenas pisado. Jonathan David iría primero, para ir dejándole dos flyer a Sivera: le dicen Iceman, es nueve de pura sangre. Si la primera vez, tras recibir solo entre líneas, su disparo terminó en los guantes del portero, la segunda la pelota terminó en el fondo de la red. El gol de Grimaldo, un puñal cuando se da la vuelta y mira a la portería rival. Lo cocinaron Lookman primero con el pase y Jonathan David después con la descarga y el pase al hueco que le devolvía la pelota a Grimaldo para que sacara el palo de golf. Así celebra los goles y así lo hizo con este 0-1 en Mendizorroza. Jonathan David por 25 millones es un GOAT a precio de ganga.

Grimaldo buscó el segundo con un trallazo que se fue fuera mientras que Oblak seguía sin estrenar los guantes. Lo haría cuando ya asomaba el descanso tras palmear un centro con peligro, desde la izquierda, del Alavés. La pelota le cayó a Ángel Pérez, que volvió a buscarle la red con un disparo ajustado al que el portero respondió con una estirada. Si Jan creyó que el peligro había pasado, nada más lejos. En cuanto continuó el juego, Lookman, tan perdido como errático otra tarde, pisaba a Ángel Pérez en un balón dividido. Piiii. Amarilla. Denis enviaba el libre directo al área y, a la vez que Oblak hacía un paradón y Koke salvaba en la línea salvaba el rechace, Le Normand agarraba a Toni Martínez como si esto fuera judo y no fútbol. Piiii. Penalti, de inmediato. El VAR primero no corrigió al árbitro y, después, confirmó que no había fuera de juego. Penalti, en efecto. Boyé lo marcó. Descanso.

Julián y Baena salían en la segunda parte y Lookman e Iceman se quedaban en el banco. El Atleti volvía en tromba, buscándole más costuras a Sivera con centros laterales. Pero este es equipo de Quique: sabe defenderse. Kang-in acababa de ocupar el sitio de Barrios cuando Ángel Pérez segó con la plancha el tobillo de Julián. Si el árbitro primero le había mostrado la amarilla, tras aviso de VAR y pantalla, le cambió el color. Roja. Julián estrelló en el palo el libre directo. El partido comenzó a jugarse en solo 50 metros de Mendizorroza, en el trozo de hierba del Alavés. Quique respondía con los cinco cambios en quince minutos. Piernas frescas para tapar espacios. El Atleti tenía tanta insistencia como poco peligro. Tampoco Sorloth que volvía, intranscendente. Como un Mariano que, tras escaparse en una contra, la finalizó con un tiro chufla, desviado y alto. El marcador parecía tallado en pieda. El Alavés sabía sufrir, que su entrenador lo aprendió en el Calderón. Y, al final, siempre estaba Sivera. Hasta que Baena dibujó ese pase con el exterior para teledirigir la pelota, como a cámara lenta, a la cabeza de Cuti en el palo contrario. El central solo tuvo que lanzarse de cabeza y desenvolver el regalo. 1-2, final. Mendizorroza vencido.

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