Vinicius no consigue regatear a su pasado
Asiste tres veces más que Mbappé y duplica los registros de Bellingham, pero no cultiva su imagen.
Habrá que concluir, pues, que las tres grandes figuras se reparten, casi a partes iguales, la responsabilidad de dos años de fracasos. Sin embargo, la condena es notablemente más severa para Vinicius por parte del público del Bernabéu, un hecho que tiene poco que ver con lo futbolístico. La pérdida del Balón de Oro en 2024 se dramatizó en exceso. El juego del brasileño entró en depresión y ese disgusto arrastró fatalmente a todo el club. Un carácter equivocadamente expansivo le generó una antipatía general que se extendió hasta su estadio cuando bañó en agua fría la tarde feliz de una victoria en un Clásico al revolverse contra Xabi Alonso, cuyos resultados eran casi intachables hasta ese momento. En esa deriva avinagrada se dejó querer por el fútbol saudí y por el Arsenal, mientras daba largas durante más de un año a un Madrid que pretendía su renovación.
La llegada de Mbappé complicó más su escenario, como si el cariño del público hacia uno u otro resultase divisible. Y además apareció el Barça de Flick, que instauró con éxito una ética del esfuerzo que no hacía distinciones entre vacas de granja y vacas sagradas. La gente del Bernabéu apreció que aquí no sucedía y fue encontrando agravantes hacia Vinicius, pese a que no ha jugado peor que el resto, que está nominado por cuarta vez al Balón de Oro y que parece haber suavizado su carácter. Mourinho hace lo que puede por cancelar esa hipoteca y haría bien el estadio en seguirle porque el futbolista, libre de cargas, merece mucho la pena.


