Una científica convierte la basura en vinagre y aceite, para combatir la crisis de residuos en Australia

La investigadora australiana trabaja desde hace una década en la reutilización de descartes, asesora a empresas emergentes para encontrar mercados y promueve modelos de economía circular frente al peso de los vertederos

Infobae

Una científica australiana convierte la basura en vinagre, biochar y aceite mediante tecnología de conversión térmica, en un país que genera 76 millones de toneladas de residuos al año, equivalente a 2,9 toneladas por persona. El caso ilustra cómo la innovación puede reorientar un problema ambiental hacia oportunidades productivas concretas, según detalló Euronews.


Hace diez años, Lynne Loo comenzó su carrera investigando cómo reutilizar los desechos de la industria del abalón en Australia. Con el tiempo, su trabajo trascendió el laboratorio: hoy asesora a empresas emergentes que buscan transformar la basura en materia prima. Lo que nació como un proyecto académico se convirtió en una red de iniciativas que desafían la lógica del vertedero y apuntan a construir modelos de economía circular aplicables a escala.

El contexto es urgente. Según el Departamento de Cambio Climático, Energía, Medio Ambiente y Agua del Gobierno australiano, el país produce 76 millones de toneladas de residuos cada año, y una parte significativa termina enterrada en vertederos.

Frente a ese escenario, investigadores, emprendedores y empresas ensayan alternativas que van desde el laboratorio casero hasta la planta industrial, con resultados que ya se miden en toneladas recuperadas y productos comercializados.

La celulosa que crece en una semana, no en 75 años

Infografía ilustrada con la cifra de 76 millones de toneladas de residuos y seis recuadros con dibujos explicativos sobre reciclaje en Australia.
Varias iniciativas ambientales en Australia procesan residuos urbanos y de biomasa para convertirlos en celulosa, bioplástico y biochar mediante tecnologías de conversión térmica (Imagen Ilustrativa Infobae)

Matt Barber opera un laboratorio en su propia casa para extraer celulosa de residuos alimentarios. El proceso le permite obtener un material versátil que puede derivar en papel, cuero, madera o bioplástico. “En lugar de cultivar un árbol, que tarda 75 años en crecer, esto puede producirse en una semana”, explicó Barber en declaraciones a Euronews.

El emprendedor compagina el proyecto con su trabajo diario, y el acompañamiento de Loo como gestora de residuos resulta central para darle viabilidad. “Tienes una start-up y no sabes qué hacer con ella, y ella te ayuda a encontrarle un mercado”, señaló. La figura de Loo funciona así como un puente entre la innovación técnica y su inserción en el mercado, un rol que pocas veces se visibiliza en el mundo del emprendimiento.

La diversidad de productos derivados de la celulosa —desde empaques hasta materiales de construcción— abre posibilidades para distintos sectores industriales. Barber trabaja para ampliar la escala de producción y explorar nuevos compradores para el material que obtiene cada semana en su laboratorio.

Mujer de cabello corto y vestido negro posa con los brazos cruzados ante un ventanal con vista a un puerto con contenedores y grúas
La investigadora australiana lleva una década enfocada en dar una segunda vida a los desechos, asesora a start-ups para encontrar compradores y promueve esquemas de economía circular (Crédito: Centro Global para la Descarbonización Marítima.)

En una planta ubicada en Collie, en Australia Occidental, la empresa Renergi lleva el concepto a escala industrial. A través de tecnología de conversión térmica, la compañía transforma residuos en vinagre, biochar y aceite. “Podemos procesar algo menos de 30.000 toneladas de residuos de biomasa al año y 4.000 toneladas anuales de residuos municipales procedentes de instalaciones solares de la ciudad”, detalló Deejay Parker, de Renergi, en declaraciones a Euronews.

El resultado es concreto: más del 70% del material procesado se recupera y se convierte en un nuevo producto. El biochar, en particular, ya llegó a explotaciones frutícolas y a una bodega en el sur de Australia Occidental, donde se emplea como enmienda del suelo para mejorar su fertilidad y retención de agua.

Las manos de una persona vierten trozos de carbón vegetal negro sobre la tierra entre hileras de plantas de vid.
La empresa informó que de los desechos tratados se obtienen nuevos insumos, entre ellos un carbón vegetal que ya se aplica como enmienda en explotaciones frutícolas y en una bodega del sur del estado (Imagen Ilustrativa Infobae)

La iniciativa de la empresa cuenta con el respaldo económico de la Agencia Australiana de Energías Renovables, dentro de un programa orientado a extender las tecnologías renovables a zonas regionales del país. El financiamiento oficial refuerza la apuesta por integrar infraestructuras de este tipo en el sistema energético y de gestión de residuos a nivel nacional.

Cuando la planta alcance su plena capacidad operativa, se proyecta que se convierta en uno de los mayores productores de este tipo en Australia. La escala de la instalación de Collie posicionaría al proyecto como referencia para otras regiones que buscan alternativas al vertedero.

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