Tenis | US Open / El momento Zverev

El alemán gana ante Shelton en el US Open su segundo título de Slam. Estados Unidos cumple 23 años sin ver un campeón local.

Nacho Albarrán
As
Alexander Zverev, el mejor jugador de la generación de los 90, con permiso de Daniil Medvedev y Dominic Thiem, que tienen en su palmarés un título de Grand Slam menos que él, ha encontrado su momento en el tenis. Si bien es cierto que para ganar el primero, en Roland Garros, no tuvo que enfrentarse ni a Sinner, ni a Alcaraz ni a Djokovic, y que tampoco ha tenido que hacerlo para apuntarse el segundo, en el US Open, el alemán de 29 años ha sabido aprovechar la ola y prevalecer por delante del resto de los aspirantes. Este domingo arruinó los deseos de un Ben Shelton un tanto ansioso y del público del estadio Arthur Ashe, que esperaba ver por fin a un hombre estadounidense proclamarse campeón del torneo y, en general, de un Grand Slam, 23 años después del último, Andy Roddick. Zverev disipó los fantasmas de los dos sets que le remontó Thiem en el partido por el título de Nueva York en 2020 y cerró el marcador con un 6-3, 7-6 (2), 5-7 y 6-2 en 3h33.

“Llevábamos 13 años sin ganar un Slam y ahora hemos ganado dos en tres meses. Creo que Dios ha visto lo mucho que hemos trabajado”, dijo Sascha, líder de la temporada en títulos (2) y triunfos en majors (25-2), también en victorias totales (52), y segundo tenista de su país que triunfa en Flushing Meadows, después de Boris Becker (1989). Este es el 26º título de su carrera y los tiene de todas las categorías: desde 250 a Slams, pasando por 500 y Masters 1.000, además del oro olímpico en Tokio 2020 y las ATP Finals de 2018 y 2021. Por equipos, le falta la Copa Davis. Es curioso, pero no ganaba uno en pista dura desde París-Bercy 2024. Es el quinto jugador en activo que gana más de un major, después de Djokovic (24), Alcaraz (7), Sinner (5) y Wawrinka (3).

El camino de Sascha

El primer set fue curioso, porque empezó con quiebre de Zverev, facilitado por una doble falta de Shelton, y acabó exactamente igual. Entre medias, Zverev sesteó mayoritariamente al resto y Shelton no fue capaz de recuperar la desventaja, ni siquiera tuvo una oportunidad de break, entre otras cosas porque el teutón solo perdió un tanto con sus primeros servicios y eso, y alguna que otra buena subida a la red, le sacó de algunos tímidos apuros ante un rival más bien romo y agobiado, que aún no había cumplido un año (ahora tiene 23) cuando Roddick triunfó en el US Open.

Sin hacer nada del otro mundo, con un tenis fluido y seguro, eso sí, Sascha tomó la delantera. Manejaba bien las direcciones, con precisión, y así a Shelton le era muy difícil atacar, en constante movimiento. Su único pero eran los segundos saques, porque perdía bastantes puntos con ellos, aunque no los importantes. Ahí fallaba Ben por ansiedad. La segunda manga se resolvió en un desempate fantásticamente jugado por Zverev, que lo inició con un 5-0 y lo terminó con un saque que no pudo restar en condiciones su oponente.

Le quedaba el remate. E intentó hacerlo a fuego lento en el tercer parcial. Shelton, muy seguro con su servicio desde el segundo set y más entonado en general, no le dejó precipitar el final del encuentro. Hubo tres juegos en blanco seguidos entre el 1-2 y el 2-3 para el americano. Y, de repente, a las 2h18 de partido llegó su primera bola de break. Zverev hizo que se fuera por la gatera con tres saques tremendos. Lo malo para él es que la dinámica positiva del tenista de Atlanta le llevó hasta una nueva oportunidad, un 0-40 con 6-5 a favor en el marcador que no desaprovechó, ayudado por una mala volea del hamburgués, excesivamente conservador.

Así que hubo un cuarto set, para alegría, no tanto disfrute, de los espectadores locales. Y en su inicio despertó Zverev a lo grande, con una rotura de salida y un aumento claro de su agresividad. Seguro que el recuerdo de aquella remontada de Thiem le ayudó a intentar evitar por todos los medios que llegara otra parecida. Aunque la oposición de Shelton fue decidida, Alexander apretó y no abusó tanto de los golpes de transición como había hecho en la tercera manga. Así mantuvo la distancia e incluso la aumentó hasta la conclusión, y se sacó la espina de aquel amargo 2020.

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