“Son personas completamente sin límites y peligrosas”: la advertencia de una experta sobre los psicópatas

La combinación de engaño y seguridad extrema dificulta reconocer a estas personalidades. Los especialistas explican por qué pueden manipular durante años y cómo proteger a las posibles víctimas

Infobae

Pocos conceptos en psicología generan tanta confusión como la palabra “psicópata”.

El psicópata no es lo mismo que una persona psicótica: esta última pierde el contacto con la realidad y, en algunos casos, tiene un trastorno mental grave (como la esquizofrenia). El psicópata, en cambio, está en pleno contacto con la realidad y sabe perfectamente lo que hace.

Aquellos de “alto funcionamiento” suelen pasar inadvertidos, pero su capacidad de causar daño puede extenderse por empresas, hogares, instituciones religiosas y hasta la política, según explica la doctora Karen Mitchell en The Guardian a partir de investigaciones recientes que buscan identificar sus rasgos y proteger a posibles víctimas.

La pregunta de fondo es por qué estas personalidades resultan tan difíciles de detectar. La respuesta que ofrecen especialistas es que combinan seguridad extrema, manipulación y ausencia de culpa, una mezcla que desactiva las señales con las que la mayoría de las personas identifica una mentira o una amenaza.

Un hombre con traje y una mujer con camisa blanca se sientan frente a frente en una mesa de madera, con documentos y bebidas sobre ella.

La combinación de engaño total y seguridad extrema dificulta que los psicópatas sean detectados por su entorno profesional o familiar (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tal como explicó anteriormente el doctor Enrique De Rosa en Infobae, habitualmente se clasificaba a las personalidades dentro de tres diferentes esferas: “Lo neurótico; lo psicótico y, finalmente, los trastornos de personalidad, en particular las llamadas personalidades psicopáticas que, si bien se encuentran conectadas con la realidad, es el otro el que queda como un actor secundario y funcional a la propia narrativa interna”.

El especialista afirmó que en los últimos tiempos se ve un incremento de las estructuras psicopáticas.

Los 20 rasgos del psicópata

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los rasgos incluyen necesidad de control, sentido grandioso de uno mismo, sed de venganza y negativa a llegar a acuerdos con otros (Imagen Ilustrativa Infobae)

La lista clásica de psicopatía fue desarrollada en 1980 por el profesor Robert Hare, figura de referencia en este campo. Sus 20 rasgos, desde la mentira patológica hasta la falta de empatía, se construyeron íntegramente con población carcelaria, una base que permitía contrastar entrevistas y autoinformes con datos externos para detectar inconsistencias.

Esa carencia persistió durante décadas. Incluso a comienzos de los 2000, cuando quiso estudiar la psicopatía en la política, tuvo que recurrir a prisiones chilenas para analizar a subordinados de Augusto Pinochet.

Cómo reconocer a un psicópata

Una mujer con blusa clara y chaqueta azul oscuro llora mientras un hombre barbudo con suéter gris se inclina y le señala con el dedo en una sala
La ausencia de culpa y la manipulación sistemática permite que los psicópatas engañen y dañen durante más tiempo a su entorno (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigadora australiana Karen Mitchell llegó a este terreno desde los estudios empresariales, no desde la psicología forense. Hacia fines de la década de 2010 llevaba 30 años trabajando como consultora en cambios de gran escala dentro de culturas corporativas, a menudo en organizaciones en crisis atravesadas por reestructuraciones, muertes o suicidios.

Mitchell sostiene que muchas etiquetas distintas describen partes de un mismo fenómeno: narcisista maligno, tríada oscura, psicópata, controlador coercitivo, psicópata primario, narcisista grandioso, psicópata corporativo, maquiavélico, tétrada oscura, narcisista encubierto o líder tóxico. Para ella, todas remiten a una “personalidad oscura” o “personalidad depredadora persistente”.

Un hombre de traje oscuro se mira en un espejo con marco dorado. Su reflejo muestra su rostro sonriente y, al fondo, dos figuras borrosas.
Las personalidades oscuras pueden ser sádicas y crueles, tener poco respeto por las leyes y actuar sin límites en las relaciones sexuales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Y completó: “Esa combinación, esa triada, permite entender de manera más adecuada esas conductas que nos asombran en hechos de la crónica forense o policial, cuando, por ejemplo, vemos conductas antisociales de alto riesgo con consecuencias graves para las personas, pero sobre todo para el entorno”.

A partir de esas entrevistas elaboró una plantilla de 20 atributos, agrupados en cuatro bloques, y 25 tácticas para identificar a una personalidad depredadora persistente de alto funcionamiento. Entre los rasgos incluyó en The Guardian.

La maniobra Darvo consiste en negar, atacar y revertir los papeles de víctima y agresor para confundir a quienes observan el conflicto (Imagen Ilustrativa Infobae)
  • El primer grupo: incluye la necesidad de control; sentido grandioso de uno mismo; respuesta interna patológica ante los desafíos; la sed de venganza; y la negativa a llegar a un acuerdo.
  • El segundo grupo: incluye ser depredador o explotador; sádico y cruel; tener poco respeto por las leyes, los acuerdos y los códigos sociales y morales; no tener límites en las relaciones sexuales; y tener expectativas poco razonables sobre los demás.
  • El tercer grupo se relaciona con la verdad: las personalidades oscuras cultivan una fachada de normalidad; son como camaleones; deshonestas; astutas y manipuladoras; y no están dispuestas a aceptar la responsabilidad por los impactos negativos que causan.
  • El cuarto grupo se centra en la vida interior de la personalidad oscura: sus emociones son fingidas y no experimentan afinidad ni la alegría que conlleva; son insensibles y carecen de empatía; no sienten remordimiento; son egoístas; y descaradas.

El rasgo que más desarma a los demás es la mentira sin incomodidad

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los psicópatas explotan el altruismo ajeno en lugar de participar en las pautas cooperativas sociales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las entrevistas reunidas por Mitchell muestran un patrón de temor persistente incluso entre profesionales experimentados y no entre víctimas directas. Otro testimonio resumió la dificultad de explicar estas experiencias fuera de esos ámbitos: “La gente no puede entenderlo. La gente que no trabaja en nuestros campos muchas veces no oye hablar ni ve el tipo de maldad perpetrada sobre otros, y simplemente no puede creerlo. Mientras que, por desgracia, en mi trabajo es algo corriente”.

La profesora de psicopatología del desarrollo Essi Viding, del University College London, describió en The Guardian a estos individuos como personas con “un grupo de pertenencia de uno”. Su idea es que explotan el altruismo ajeno en lugar de participar en las pautas cooperativas que sostienen la vida social.

Viding pone el foco en un mecanismo concreto: la mayoría cree saber cuándo le mienten porque una mentira normal genera nerviosismo, vergüenza o incomodidad. Estas personalidades, en cambio, no muestran ese malestar cuando son descubiertas, y esa combinación de falsedad total y confianza absoluta facilita que engañen durante más tiempo.

La investigadora citó un artículo de 2019 en Journal of Personality Disorders que desarrolló precisamente esa asociación entre conductas que normalmente no aparecen juntas en la población general. Para Viding, esa es una de las razones por las que “a menudo pueden hacer mucho daño antes de que alguien los descubra”.

Hombre sentado en un sillón frente a una mujer que toma notas en un cuaderno. La sala tiene ventana, plantas y una mesita con caja de pañuelos.
El daño causado por los psicópatas crece cuando el entorno adopta la versión de los hechos presentada por el agresor (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la vida pública, una de las tácticas reconocidas por el psicólogo polaco Andrew Lobaczewski fue la “obstrucción reversiva”: una mentira tan desmesurada que buena parte de la audiencia no logra procesarla como mentira y busca un punto medio entre el hecho y la falsedad.

En el plano interpersonal, esa lógica puede tomar la forma de acusar a la víctima exactamente de la conducta cometida por el agresor. En violencia doméstica, esa maniobra tiene incluso un acrónimo propio, Darvo, por negar, atacar e invertir los papeles de víctima y ofensor (en inglés, Deny, Attack, Reverse Victim and Offender), y aun así sigue nublando la percepción de quienes la padecen.

Mitchell relató el caso de una entrevistada del área de recursos humanos en el que observadores del conflicto terminaron convencidos de que la personalidad oscura era la víctima y la verdadera víctima era la agresora. El resultado, dijo, fue la destrucción de la vida de una persona con trayectoria profesional intachable.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los psicópatas de alto funcionamiento pueden integrarse en ámbitos laborales y sociales sin ser detectados durante largos períodos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa brecha entre apariencia y conducta explica por qué el daño crece a medida que aumentan estos rasgos. Viding recordó además que en un estudio de Hare sobre colaboradores de Pinochet, desarrollado durante 20 años y publicado en 2022, los mandos superiores mostraban niveles muy altos de rasgos psicopáticos, en particular falta de empatía hacia los demás.

Frente a ese panorama, Mitchell resumió su conclusión en The Guardian: “Son personas completamente sin límites y peligrosas, con cerebros muy distintos: es como la diferencia entre un gato doméstico y un gato salvaje. Millones y millones de personas han sido heridas porque no conocíamos las señales de alerta, así que tenemos que ponerlas sobre la mesa y luego enseñar a la gente a discernir”.

Viding llegó a una idea parecida desde otro camino. “Después de más de 20 años haciendo esta investigación, cada vez pienso más que realmente necesitamos entender mejor cómo podemos inmunizar a las personas contra la victimización. Porque, según la literatura y lo poco que sé de psicología evolutiva y transcultural, es muy poco probable que erradiquemos estos rasgos”.

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