River, un equipo con mandíbula floja y entrenador novato

El resultado no tiene que ver con el trámite pero la ineficacia en las áreas se paga. A Ponzio le sobra liderazgo, ahora deberá trasladar eso al campo.

Mauro Palacios
TyC
Hay derrotas que se explican por una superioridad del rival, otras en las que se juega mal generando poco y terminás perdiendo merecidamente. Pero esta fue una derrota "River de los últimos tiempos".

Esta caída 2-1 sobre Huracán es muy difícil de digerir porque el resultado no está acorde a lo que fue el partido, una historia completamente distinta. Pero se explica por las falencias de este equipo. Una de ellas, necesitar de muchas situaciones para convertir una; la otra, la mandíbula floja al ser atacado.

Cuando uno repasa las situaciones de gol se explica todo a la perfección, Huracán tuvo dos remates al arco y convirtió los dos. River generó una cantidad de situaciones que tranquilamente podrían haberle permitido ganar el partido, pero volvimos a ser víctimas de nuestra propia ineficacia:

  • Driussi tuvo un mano a mano que tapó Galíndez.
  • Correa quedó frente al arco y definió por arriba.
  • Nuevamente Ángel volvió a generar peligro con un centro rasante al que nadie pudo llegar.
  • Hubo otro remate de Driussi que Galíndez logró controlar.
  • En el complemento, Driussi tuvo esa volea en el área chica que se fue pegada al palo.
  • Otamendi probó desde afuera y la pelota también pasó muy cerca.
  • Ya sobre el final, Beltrán tuvo un cabezazo casi en el área chica que terminó afuera.

Esto en el fútbol se paga. River lo hizo y salió muy caro. Huracán no necesitó construir una superioridad futbolística para ganar. El primer gol llegó en una pelota parada, un tiro libre de Óscar Cortez que nadie llegó a desviar y terminó metiéndose junto al segundo palo, mientras que el segundo tanto fue una acción en la que Lucas Blondel encontró el espacio y definió cruzado: dos llegadas claras, dos goles.

La mandíbula floja, una característica que sigue impregnada mas allá del entrenador de turno, más de 30 partidos en los que no puede dar vuelta un resultado adverso y un entrenador que le sobra liderazgo pero deberá demostrar que tiene capacidad para generar mejores niveles a la hora de ejecutar los cambios y que sus ideas tácticas están a la altura.

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