Real Sociedad 0 - Atlético 3 / Lo mejor, para el final
El Atlético mejoró, y goleó tras los cambios, tras una hora de bodrio. La Real dominó pero no tuvo peligro. Grimaldo hizo el 0-1 con un penalti raro y Jonathan David y Giuliano cerraron la goleada en diez minutos, los últimos.
Si a Matarazzo le faltaban los dos centrales que cerraban la puerta (Jon Martin y Zubeldia), al Cholo le faltaban sus dos mejores futbolistas, Barrios y Julián. Con Beitia, del Sanse, y el debut de Sarr en Anoeta solucionaba el primer técnico sus faltas. Con el movimiento de Giuliano al carril y de Llorente al medio para que ejerciera de interior, como Baena, por delante de Hjulmand, lo hacía el segundo.
Los dos equipos salieron valientes, presionando, en un ir y venir sin tregua. La Real con construcción pero ya sin finalización. El Atleti con cierta intención, al menos de inicio, que Kang-in se escapaba nada más comenzar el partido para plantarse ante Remiro y saludarle con un disparo desde la frontal que se marchó fuera por un dedo, ajustadísimo al palo. Aramburu ejercía casi como tercer central para ayudar a Beitia a cubrir el territorio de Lookman, el 9 del Cholo de inicio. Por el recuerdo de la final de Copa, quizá. Porque el Lookman de ahora es un primo de aquel y lejanísimo. Que ya no mola, solo mira. Desgajado, intrascendente, insípido y lento si no tiene la portería de frente. Cada partido sin 9 para el Atleti no es solo ya un acto de fe. Se le está convirtiendo en pesadilla. Al equipo enseguida se le fue el gas y, según fueron pasando los minutos, se fue espesando. También dejó de cruzar la línea del centro del campo.
En el medio, nadie al volante. Tampoco es que lo hubiera en cualquier otro lugar. Este equipo sin Barrios es una caricatura de sí mismo, y mala, anquilosado e incapaz de dar tres pases seguidos, con los balones en largo como única salida, lanzados a ver si, hacia ningún lugar. Baena tenía la tarde apagada y Kang-in se fue fundiendo. Salvo un cabezazo con el que Hjulmand remató un centro del surcoreano, una acción tan peligrosa como aislada, todo ocurría a los pies de Oblak. El fuego lamiéndole las plantas de las botas. El miedo. Los nervios. Impreciso el portero con los pies. La Real olía la sangre pero ahí seguía, solo rascando sin premio y sin que Oyarzabal apareciera demasiado o Guedes encontrara huecos. Sucic trató de meter el pie en medio del caos, después de un tuya-mía-de-nadie entre Grimaldo y Hjulmand que terminó con la pelota en el croata. No acertó, sin embargo, cuando le tocó apretar el gatillo ante Oblak. Tampoco lo hizo Sergio Gómez con esa falta que el meta le sacó con la uña. El descanso llegó con el 0-0 como un milagro. El Atleti nulo en el juego pero con las ocasiones más claras. La Real con más claridad pero nulidad en el área.
Ni Matarazzo ni Simeone hicieron cambios de hombres en el reposo aunque sí de ideas. El Atleti que volvió lo hacía con Lookman en la izquierda, por eso de volver a encararle de frente y no siempre de espaldas la portería. La Real, con un Barrenetxea que comenzó a aparecer más en los uno a uno, tunelando a Grimaldo. Lo cierto es que, hasta el momento, su mayor aportación como rojiblanco era ser capaz de provocar nostalgia por Ruggeri. Pero hasta eso lo cambió también Simeone con sus cambios, a la hora.
Llorente, el mejor de los del principio, fue en esa ola que se llevó también a Baena y Kang-in mientras Lookman y Giuliano, ambos horribles, se quedaban. Pubill no andaba algo mejor. También es primo lejano el de ahora de aquel que era el curso pasado. Hasta los pelotazos se los llevaba todos la Real. Los rojiblancos mal colocados todos, superados. A la Real solo le faltaba el gol. Y le sobraban el Cuti, Llorente y Oblak con las manos. Hasta que Simeone introdujo dos medios (Koke y Cardoso) y un 9 (Jonathan David) para que el partido dejase de ser un masticar ladrillos con los espectadores como único salvable. Porque ahí seguían. Ante semejante bodrio.
Pero mejoró el Atleti cuando hizo la digestión de los cambios, con más balón gracias a ese doble pivote (Hjulmand-Cardoso) con Koke por delante. El Atleti ganó en calma y colocación. Y luego es que ya tenía a un 9 de verdad. Y después se le sumaría Arnau, que puso alboroto y, al menos, se iba de rivales. El Atleti había regresado ante Remiro cuando Ochieng le dio a una pelota con el brazo muy extendido. Piiii, penalti. El VAR no corrigió aunque ese balón viniera de un rebote. Grimaldo lo pidió y lo marcó para demostrar que no se ha dejado la pierna izquierda en Leverkusen aunque a veces lo pareciera. Cinco minutos después, en el 90’, asistía a David para que Simeone regresara a Madrid con su 9 estrenado: cuerpeó a tres rivales y marcó para hacer el 0-2 antes de que Giuliano le pusiera el lazo al final con uno de esos golazos solo fruto de sus carreras imposibles. Tres puntos más y un alivio doble: regresan los partidos en casa


