Mourinho ya no es el rey del ‘glam’

En el apogeo de su fama en el Madrid, el entrenador portugués dijo que quería dirigir a Portugal en el ‘break’ internacional. Ahora está en la situación de cualquier otro entrenador y el arranque del equipo no le ayuda.

Santiago Segurola
As
Una amplia mayoría de los jugadores del Real Madrid viajaron, un día después de la derrota en el derbi, a los destinos marcados por la Liga de las Naciones. Serán casi tres semanas de ruptura con las vicisitudes cotidianas del club. Hace 16 años, apenas comenzado el campeonato de Liga y después de vencer a la Real Sociedad en Anoeta, José Mourinho declaró que se aburría en los trechos que el calendario reservaba a los partidos de selecciones. Lo dijo tan enfáticamente que añadió una coda sorprendente: “Me gustaría dirigir a Portugal en este periodo”.

Mourinho había llegado al Madrid con 47 años y estaba claro para todo el mundo que era mucho más que un entrenador de prestigio. El propio entrenador se encargaba de recordarlo a todo el que quisiera oírlo. Se había autocalificado como ‘The Special One’ y a sus méritos en el Oporto y en el Chelsea había añadido su doble éxito con el Inter de Milán, campeón de Europa ese mismo año (2010) y vencedor del Barça en las semifinales. Con toda probabilidad, fue más importante lo primero que lo segundo para cautivar a Florentino Pérez, de manera que Mourinho aterrizó en Madrid como una estrella del rock. Y como a una estrella del glam se le ocurrió aquella chaladura de dirigir a Portugal en el primer break de la temporada.

En su sonado trienio al frente del Madrid, fue la única ocurrencia que el club no le concedió, no sin cierto temor al disgusto del técnico portugués. No se recuerda ningún comentario al respecto de Florentino Pérez, pero no se olvidan los llamativos elogios del presidente a Mourinho cuando abandonó el Madrid en 2013. Florentino pareció echarle de menos un día después de no renovarle el contrato.

Estaba escrito en el cielo que Mourinho regresaría en algún momento del mandato de Florentino Pérez. Y aquí está: 13 temporadas después, con 63 años, un gran título en este largo interregno -campeón de la Premier con el Chelsea en 2015- y una trayectoria correcta, declinante para algunos, en una larga cuerda de equipos: Chelsea, Manchester United, Tottenham, Roma, Fenerbahce y Benfica. Su regreso ha provocado interés, pero no conmoción. Atraviesa un momento en el que le toca demostrar que está en condiciones de dirigir con garantías a un Madrid cuestionado y bajo presión popular.

Se han disputado siete partidos de Liga, pequeña fracción de la extensa temporada que queda. El Madrid se encuentra a seis puntos del Barça, que vuela a reacción. Mourinho justificó la derrota en el Metropolitano por las perjudiciales decisiones del árbitro. Es muy razonable su punto de vista en el horrible tabazo de Kang In Lee a Valverde, pero con 11 y con uno menos el Real Madrid hizo poco o nada por ganar el partido. Su pasividad fue clamorosa, las estrellas hicieron mutis por el foro o confundieron, caso de Bellingham, el derbi con el reciente Argentina-Inglaterra. Acabó desquiciado en sus cuitas con Romero, Giuliano Simeone y Julián Alvarez.

Mourinho ya no es el rey del ‘glam’20/09/26 PARTIDO PRIMERA DIVISION ATLETICO DE MADRID - REAL MADRID BANQUILLO AURELIEN TCHOUAMENI ANDREY LUNIN VINICIUS JR ARDA GULER ALVARO CARRERAS THIAGO PITARCH JESUS ALVAREZ ORIHUELA

Cuando tuvo que cambiar, Mourinho prescindió de Vinicius, con buen criterio, y de Guler, decisión cuestionable. Que Bernardo Silva apareciera a última hora y complicara la vida al Atlético con su astucia, dice mucho de la necesidad que tenía el Madrid de contar en el campo con Guler, una joven y acreditada versión del centrocampista portugués.

Hoy, no se ve la evolución del equipo. En ciertos aspectos se detecta una involución con respecto al Madrid que ganó 12 de los primeros 13 partidos de la temporada anterior. Muy atrás quedan los tiempos en los que Mourinho se aburría en las inactivas semanas internacionales y pretendía emplearlas como seleccionador de Portugal. Ya no está en condiciones de pedir esa clase de licencias. Ahora se encuentra en la posición de cualquier otro entrenador del Madrid: escrutado al milímetro por la hinchada y con un trabajo enorme, duro de cumplir, en un equipo y en un club que atraviesan tiempos agitados.

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