Eterno Koke
Cambió el derbi cuando entró en juego. Es el rojiblanco con más victorias de la historia ante el Real Madrid (14).
Eso en cuanto a los números. Ahora, las sensaciones. Y estas sí que son inmensas. Cuando Koke pisa la hierba, el balón se cuadra, como si solo lo domaran las órdenes que salen de sus botas. En el año 17 y un día de su debut con el primer equipo del Atlético, Koke fue el futbolista de Simeone que cambió el derbi. A sus 34 años, como si sus apellidos, en vez de Resurrección Merodio, fuesen Benjamin Button, dio 62 de 64 pases certeros y fue el futbolista que más ocasiones creó, dejando al Real Madrid con un 34% de posesión y en 155 pases, contabilizó Atlético Stats.
“Necesitamos su talento”
Con Koke el balón comenzó a fluir y, además, con Koke, Cardoso pudo soltarse para sujetar al equipo y dedicarse solo a robar, no a que el balón circulara. Hasta entonces había controlado las transiciones pero no la fluidez. Eso que Koke solucionó. El mismo Simeone lo encomió al término del partido.
“Venimos creciendo y necesitamos seguir todos involucrados como Koke, suplente, juega el partido de su vida aunque su entrenador no lo ponga de inicio y la rompe según sale. Necesitamos su talento”, decía el técnico. Pero es que el capitán ante el Madrid dio otra lección de fútbol. Y cuántas lleva ya en las botas. Renovado año a año desde hace tres, cada minuto que juega sigue siendo importante. Su rendimiento brutal, su esfuerzo, su entrega, son encomiables. Pero es cuando su cuerpo se proyecta sobre la hierba, su sombra tiene la forma del escudo.
La temporada pasada, esa en la que parecía llamado a ocupar más tiempo de banquillo que de juego, terminó como quinto jugador de campo en minutos (3.610) con actuaciones emocionantes como la final de Copa, las eliminatorias ante el Barça y Arsenal de Champions. Amén del derbi en el Metropolitano ante el Madrid. El 5-2. Con el del pasado domingo ya son 14 sus victorias sobre los blancos. Y aquí otro dato: Koke es también el futbolista que más. Eterno Koke. Para alabar, disfrutar y, sobre todo, nunca dejar de aplaudir. De Koke al cielo.


