El Independiente del ya
El Rojo jugó un buen primer tiempo ante San Lorenzo pero se quedó en el segundo y con poco se lo empataron. Es difícil ilusionarse en un club donde no hay un día de paz.
Los primeros 45 minutos en el Libertadores de América habían dejado cierta satisfacción en el hincha. Los dirigidos por Jadson Viera tuvieron la pelota, las llegadas y el empuje para justificar la ventaja con la que se fue al descanso. Claro que hay que resaltar el debut en la red de Juan Miguel Arrayago, el defensor de 17 años que viene levantando aplausos en la grada roja. Pero aunque cada gol de uno de los nuestros sentimos que vale un poco más, la realidad querido amigo lector es que solo cuenta por uno y la diferencia con la que terminó la primera parte pareció y terminó siendo demasiado corta para lo que había insinuado.
Ya para la segunda parte el golazo de Facundo Farías cambió el rumbo del partido e Independiente no pudo volver a hacerse dominador y aunque buscó no estuvo cerca de mostrar una imagen parecida a la del inicio. Quedó tiempo para el ingreso de más pibes de las Inferiores que suman por el lugar que en definitiva están teniendo y que además obligan al hincha a tener más paciencia en el andar del partido. El punto termina teniendo gusto a poco, sobre todo por volver a fallar en casa y acumular cuatro encuentros sin ganar en Avellaneda.
Afuera se acumulan los pasacalles, los volantes y hasta pintadas de nombres que comienzan a candidatearse para conducir los destinos de un club que necesita acomodarse de forma urgente. En Independiente todo tiene que ser para ya. Las respuestas económicas, los éxitos deportivos y el orden institucional no pueden esperar. Sin embargo la desesperación no puede volver a confundir. Las soluciones mágicas no existen y aunque obligue el ayer, se necesite todo para hoy, alguna vez hay que pensar en el mañana.


