El guiño del destino

Zidane vuelve al Stade de France 28 años después de su noche más gloriosa y debuta con victoria al frente de Francia.

Frédéric Hermel
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Siempre pasan cosas especiales con Zidane. Anoche, mientras el papa León XIV hacía vibrar el estadio de Francia durante una maravillosa vigilia con jóvenes católicos, el mismo lugar dónde hace 28 años el “Zizou” jugador marcó dos goles en la final del Mundial contra Brasil, el “Zizou” seleccionador debutaba en el puesto con una victoria en Turquía. Es lo que se llama un guiño del destino. También una pequeña hazaña porque un nuevo técnico de Francia no ganaba su primer partido desde 1994. Sin embargo, no se puede decir que el antiguo entrenador del Madrid haya sido tocado por la gracia ni que su equipo juegue como los ángeles. Si Didier Deschamps, que dejó el banquillo este verano, hubiera propuesto esta imagen (los últimos minutos con 11 contra 10 fueron lamentables) las críticas serían furiosas.

Pero como es Zidane, se le deja un margen de confianza. Algo entendible. Aparte de la imposición de un claro sistema en 4-3-3 y de la voluntad de tener la pelota, es muy complicado deducir de este encuentro que “Zizou” ya ha dejado su huella. Estamos muy lejos todavía de la brillantez que se ha vendido con algo de desprecio por el antiguo seleccionador. Tiempo al tiempo.

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