El CTA se disparó en un pie con Ortiz Arias
El derbi exigía otro árbitro, menos madrileño y más experto, que hubiera servido de coartada al Comité.
El siguiente paso fue la publicación de las conversaciones entre VAR y colegiados y, finalmente, en un intento más por blanquear la imagen del colectivo, se decidió acabar con el sacrosanto veto de la territorialidad, precepto que impedía a un árbitro dirigir a equipos de su región. Se ha quedado a medias. Solo pitan a equipos de su zona si los dos contendientes también lo son. El voto de confianza se redujo a cuarto y mitad.
Ese sí pero no fue lo que llevó a Ortiz Arias a este derbi. No tocaba. No es internacional, no le queda una larga carrera por delante (lo uno y lo otro lo recordó Mourinho en forma de bala), no tenía experiencia en partidos de alta gama y no era el día teniendo en cuenta la tensión de los derbis. Poner al más experto y reputado hubiese sido coartada sólida del CTA para quedar a salvo del desastre. Tiró por Ortiz, que venía de tragarse una entrada durísima de Salinas a Comesaña en un Málaga-Villarreal, por su condición de madrileño cuando a la afición nunca le preocupó la partida de nacimiento del árbitro, sino que para juzgar una misma situación existan más criterios que autonomías.


