El CTA se disparó en un pie con Ortiz Arias

El derbi exigía otro árbitro, menos madrileño y más experto, que hubiera servido de coartada al Comité.

Luis Nieto
As
Todos estuvieron mal, salvo el Atlético, y en ese saco de los errores hay que meter al Madrid, a Mourinho, a Ortiz Arias y a quien decidió ponerle en un derbi cuando no tocaba. El Comité Técnico de Árbitros lleva tiempo buscando loablemente la limpieza general de una institución que siempre olió a naftalina. La cosa empezó por explicarle al mundo, un par de veces al año, las utilidades del VAR. El porcentaje de aciertos anunciado generalmente no se correspondía con la impresión general de los aficionados. De ahí se saltó a las explicaciones a jugadas puntuales, no siempre las que estaban en boca del público, y a comparecencias de los árbitros, por si en la falta de comunicación estuviese el origen del mal. En una de ellas, González Fuertes, árbitro de VAR de la final copera de 2025, un Madrid-Barça por más señas, tuvo la ocurrencia de arremeter contra la televisión del club blanco, que vio en él juez y parte, con velada amenaza de plante.

El siguiente paso fue la publicación de las conversaciones entre VAR y colegiados y, finalmente, en un intento más por blanquear la imagen del colectivo, se decidió acabar con el sacrosanto veto de la territorialidad, precepto que impedía a un árbitro dirigir a equipos de su región. Se ha quedado a medias. Solo pitan a equipos de su zona si los dos contendientes también lo son. El voto de confianza se redujo a cuarto y mitad.

Ese sí pero no fue lo que llevó a Ortiz Arias a este derbi. No tocaba. No es internacional, no le queda una larga carrera por delante (lo uno y lo otro lo recordó Mourinho en forma de bala), no tenía experiencia en partidos de alta gama y no era el día teniendo en cuenta la tensión de los derbis. Poner al más experto y reputado hubiese sido coartada sólida del CTA para quedar a salvo del desastre. Tiró por Ortiz, que venía de tragarse una entrada durísima de Salinas a Comesaña en un Málaga-Villarreal, por su condición de madrileño cuando a la afición nunca le preocupó la partida de nacimiento del árbitro, sino que para juzgar una misma situación existan más criterios que autonomías.

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