Un Madrid de dos caras
El equipo de Mourinho firma un primer tiempo excelente, con goles de Endrick y Alexis Ciria, y se desmaya en el segundo. Debutaron Dumfries y Carlos Espí.
Faltan jugadores, faltan piernas y faltan automatismos, pero ya empieza a ser visible el plan para que a Mourinho le quepa la constelación al completo, un 4-2-3-1 (esta vez matizado con un tercer central que derivó hacia el 3-4-2-1) que permita la coexistencia pacífica y eficaz de Diomande (cuando proceda), Bellingham, Mbappé y Vinicius. Una fuerza de choque que exigirá una retaguardia de acero. De momento, el portugués prueba con lo que tiene. Siete del primer equipo y cuatro del filial empezaron ante la Fiorentina, en la premiere del verano, con Camavinga y Valverde al volante, Arda Güler para enganchar, Trent en un papel híbrido entre el tercer central y el tercer centrocampista y Dumfries alargándose mucho como lateral derecho. No es una anomalía. Le apetece más el campo contrario que el propio. A prueba siguen dos centrales con currículum en las categorías inferiores del Madrid y de la Selección: Joan Martínez, de 18 años, y Mario Rivas, de 19 años e hijo de Nano Rivas, exdefensa de Getafe, Betis y Levante.

El partido también era un examen para Endrick, con el recién llegado Carlos Espí, que comenzó en el banquillo, como amenaza. Venía del erasmus en Lyon y no perdió el tiempo. Un envío profundo de Güler a Carreras y un centro raso de este le dieron la primera oportunidad y no la dejó pasar: control rápido y remate de media vuelta de izquierda para adelantar al Madrid y colgarse una medalla. Durante todo el partido le faltó finura y le sobró hambre.
La presión
Para entonces el Madrid había aplacado el ímpetu inicial de la Fiorentina y había puesto cierto empeño en la presión alta y la recuperación rápida, que ahorra kilómetros y esfuerzos para acercase al gol. Es una vieja reivindicación de la afición y un cierto síntoma de modernidad: se trata de enseñar los dientes casi en área contraria y si es posible, utilizarlos. No es moda, sino necesidad.
El Madrid se aplicó en ello y recibió el premio de un segundo gol, con una recuperación en tres cuartos de campo que acabó en conducción de Camavinga. En su pase cruzado se dio mus Arda Güler y la maniobra de distracción dejó sin vigilancia a Alexis Ciria, cuyo disparo cruzado provocó la indefensión de De Gea, portero que estuvo a un fax del Madrid. El canterano le puso arte a la oportunidad recibida y le echó cara en el desborde.
Alexis Ciria hizo así el 2-0.JAVIER GANDULEl Madrid jugaba a placer, amparado en la jerarquía de Valverde y en el papel de agente triple de Trent, casi lateral, casi central y casi mediocentro, un jugador extremadamente creativo al que cuesta ver en defensa. La Fiorentina, que también empieza proyecto con Grosso, aceptaba su papel de sparring: encerrado atrás, sin capacidad para salir, malviviendo sin la pelota y expuesto a las puntuales llegadas del equipo de Mourinho, con Arda Güler movilizando permanentemente el ataque. Así que el gol de Piccoli antes del descanso, producto de un desmarque que no adivinó Mario Rivas, resultó una verdadera sorpresa, si no una rareza.
El empate
Tanto como la vuelta del descanso, donde la Fiorentina se metió el partido en el bolsillo y creó tres ocasiones clarísimas en apenas seis minutos, especialmente una de Gudmunsson, al que el remate picado se le marchó fuera por dos palmos. Ocurrió ante un Madrid insólitamente descompuesto. El arreón italiano fue tremendo, con permanente presencia en el área, y acabó en el empate. Dos recién llegados al partido, dos titularísimos, lo prepararon: aceleró Fagioli por la izquierda y su centro a media altura lo cabeceó cruzado a la red Kean, un clásico de la Serie A, anticipándose a Mario Rivas. El equipo de Grosso, recluido durante un tiempo, giró hacia una presión avanzadísima, agresiva y efectiva.
Con este cabezazo empató Kean el partido.JAVIER GANDULEl partido, de hecho, perdió toda condición de amistoso. Se peleó a partir de entonces por cada metro de terreno y se hicieron frecuentes las faltas y los parones. Nadie regala un resultado, ni siquiera en un ensayo.


