Raphinha toma el mando
El brasileño es el elegido por Flick para ser el primer capitán del equipo. En el campo es el líder y esta pretemporada vuelve a predicar con el ejemplo.
Acostumbrado a lidiar con situaciones más que difíciles a lo largo de su vida, Raphinha no es de los que se arrugan. A finales de abril del año pasado, el jugador blaugrana detalló en una entrevista a UOL como había sido su infancia: “Después del entrenamiento, me paraba en la calle y le pedía a la gente que me comprara algo para comer o un refrigerio. Algunas personas me ayudaban, otras me llamaban vagabundo sin rodeos. Tenía entre 12 y 14 años y pasaba 8 o 9 horas sin comer, con lo justo para pagar el autobús de vuelta a casa”. Todo ello en un entorno nada recomendable como la favela de Restinga en Porto Alegre, donde el crimen y el tráfico de drogas eran parte del día a día. “Durante mi adolescencia aparecieron oportunidades fáciles para ganar dinero. Ahí es donde la gente se pierde. Perdí muchos amigos en el mundo del crimen, en el narcotráfico… Amigos que eran mejores que yo en el fútbol”, recordaba.
Con esta mochila a la espalda, no es de extrañar que Raphinha se crezca ante las dificultades. La pasada campaña el jugador reconoce que estuvo lejos de su mejor nivel. Las lesiones, tuvo hasta tres recaídas, la última en el Mundial, no le permitieron brillar al nivel que demostró hace dos temporadas, cuando fue sin discusión el mejor jugador del Barça y de LaLiga con unos registros sensacionales. Ese curso marco 34 goles y repartió 26 asistencia en 57 partidos jugados. Unas cifras que se redujeron drásticamente el curso pasado con 21 goles y ocho asistencias. Y lo del Mundial tampoco mejoró el año.
Flick detectó enseguida un deseo de rebelión en Raphinha y ha decidido darle mando en plaza en su tercer proyecto al frente del FC Barcelona. Cuentan los que ven los entrenamientos que el brasileño, totalmente recuperado de la lesión sufrida en el Mundial ha vuelto al equipo desatado.
Se reincorporó a los entrenamientos a media estadía en Inglaterra y su nivel impresionó al cuerpo técnico. En sus apariciones en los partidos de pretemporada ha sido el mejor del equipo siempre, ya sea jugando en banda u ocupando la posición de falso delantero centro. Sobre el campo es el capataz de Flick. Corrige, anima, reprende y ademas predica con el ejemplo. Sigue sin ahorrar un gramo de fuerza en cada presión o desmarque.
A Flick no le ha pasado desapercibido este hecho y al que calificó hace dos temporadas como “el jugador más importante de mi equipo” y ha querido premiarle con la primera capitanía. Un desafío que motiva más un Raphinha que ya dejó claro en su discurso en la presentación antes del Gamper que el cargo no le viene nada grande y le sienta como un guante. Su discurso lo tuvo todo, corrección, ilusión liderazgo y compañerismo.
Raphinha ha llegado para mandar.


