Racing - Boca: empate justo y un puntito para cada uno

Con goles de Marcos Rojo, de penal, y Miguel Merentiel, la Academia y el Xeneize no se sacaron diferencias en el Cilindro de Avellaneda. Por ahora, los dos están afuera de los playoffs.

Gonzalo Suli, Olé

Fue empate y estuvo bien. Fue empate y le dejó buenas sensaciones tanto a Racing como a Boca. Fue empate, 1-1 en el Cilindro, y no le sirve demasiado a ninguno de los dos. Por la necesidad imperiosa de una alegría por parte del local, sumergido en el espiral de exigencia, impaciencia y de impotencia que -al menos- lo hizo jugar el partido como una verdadera final de principio a fin. Por el lado del Xeneize, la materia pendiente tiene que ver con hacer pie en un partido fuerte, dar la talla y un paso adelante en cuanto a su construcción para seguir confiando en lo propio. Y la imagen final, con goles desperdiciados una y otra vez en los dos arcos, resultó elocuente en cuanto a que los dos querían ganarlo.


Es que una buena parte de lo que este Boca empieza a tener de diferencial (de sus propios errores, de sus recientes fracasos) es una capacidad distinta para reponerse de las adversidades. No por el resultado en sí, sino porque los golpes empiezan a ser parte de una rutina que no lo derriba. No será una situación eterna y el Vasco Arruabarrena deberá trabajar en no seguir dando la ventaja de empezar perdiendo tan seguido, pero al menos ver que la reacción inmediata a caer en desgracia es seguir como si nada hubiera pasado es parte del camino hacia la evolución como equipo.



Es cierto que el gol de Marcos Rojo (un penal ocurrido a los 3 minutos por un torpe pisotón de Ayrton Costa a Canavo que se ejecutó casi a los 8) sucedió cuando casi no había pasado nada en el trámite del clásico, pero lo cierto es que muy pronto la visita se hizo cargo de su parte, asumiendo la necesidad de no volver a sufrir un traspié y -mucho más aún- la responsabilidad de saber que sus armas se pueden imponer por peso propio.

Así, el fútbol de Tomas Aranda no dejó de intentar, Milton Delgado proyectó su sombra de pequeño gigante para ser la principal salida desde el medio y tanto Leonel Flores como Miguel Merentiel fueron dos puntas bien integrados con el resto del armado. Una muestra de que el trabajo viene surtiendo efecto y que Boca se conecta y tiene motivos para creer. Aunque, claro, hay errores y muchas cuestiones a atender y se vieron con claridad también en esa primera parte, antes y después del empate merecido de la Bestia.



¿Cómo lo complicó Racing a Boca? Aprovechando la superioridad numérica en su renovado mediocampo. Con Lodico y Ortegoza duplicando a un Camilo Rey Domenech por momentos muy sólo y con Leonel Pérez y Miljevic agrediendo y acompañando a la línea menos agraciada de los de Vojvoda, esa delantera sin peso que conformaron Conechny y Elías Torres. Fue una primera parte de dueño cambiante, con mucho ida y vuelta que confluyeron en un trámite atractivo.

El complemento tuvo algo distinto: el cansancio se vio reflejado en un Boca que tuvo que cambiar muchas fichas para sostenerse en el ritmo que Racing sí pudo mantener mucho más parejo. Sin embargo, las chances de gol más claras (tal vez las más claras del partido entero), las tuvieron los de Arruabarrena en esos 45 minutos finales: una definición tardía y sin convicción de Flores, un remate por arriba de Villa entrando sólo por el medio y una definición que casi culmina de manera ideal una contra perfecta que nació en Montero, que Velasco manejó bien y en la que Villa asistió a Enner Valencia para que casi convierta en un gran movimiento su primer gol con la azul y oro.

El ecuatoriano terminó rematando también la penúltima bola del partido antes de una contra más de Racing que terminó en la nada, y con el pitazo final de Ramírez. Que selló el empate. El que no sirve, el que abre la esperanza de un futuro próximo mejor para ambos. Y el que en definitiva resulta más que justo para un clásico que se jugó sin miedo y con chances de ganar para ambos equipos.


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