Qué es la crisis de ausencia, la condición que afecta al futbolista Jamal Musiala
El mediocampista del Bayern Múnich, de 23 años, experimentó desmayos en dos paridos consecutivos, una situación vinculada a episodios neurológicos breves que suelen pasar inadvertidos y requieren atención médica especializada
InfobaeLa salud del futbolista alemán Jamal Musiala generó inquietud luego de que sufriera dos desmayos durante partidos amistosos en apenas tres días. La figura del Bayern Múnich eligió contar en primera persona qué le sucede y aclaró que la causa de sus episodios se relaciona con una disfunción neurológica que produce lo que se conoce como crisis de ausencia.
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El caso de Jamal Musiala: diagnóstico y testimonio
Musiala se desmayó dos veces durante partidos amistosos del Bayern Múnich. En una carta publicada en su cuenta de Instagram, el deportista explicó: “Me han detectado ausencias temporales y breves, pero que se pueden tratar bien, y que se deben a una disfunción neurológica. Estas ausencias pueden provocar situaciones como las que ocurrieron recientemente, por ejemplo, contra el Leipzig o ahora en Heidenheim”.
El primer desmayo de Musiala ocurrió al final del partido ante el RB Leipzig, donde fue asistido por su compañero Ismael Saibari tras mostrar signos de inestabilidad. Tres días después, repitió el cuadro en otro amistoso, esta vez ante Heidenheim, donde fue retirado del campo tras mostrar aturdimiento. En ambos casos, Musiala pudo ponerse de pie y abandonar la cancha por sus propios medios.
Crisis de ausencia: qué son y cómo se manifiestan
Las crisis de ausencia, también conocidas como ausencias epilépticas o petit mal, son breves episodios de pérdida de conciencia que suelen pasar inadvertidos para el entorno. Según la Mayo Clinic, consisten en períodos breves y repentinos en los que la persona parece mirar al vacío y se interrumpe la actividad que realiza, sin sufrir caídas ni lesiones físicas en la mayoría de los casos. Generalmente, tras el episodio, el individuo recupera el estado de alerta rápidamente y no recuerda lo sucedido.

De acuerdo con Johns Hopkins Medicine y la Universidad de Harvard, estos episodios se deben a una alteración temporal de la actividad eléctrica cerebral, donde las neuronas envían señales desorganizadas que interrumpen momentáneamente la conciencia. Las crisis de ausencia suelen durar menos de 15 segundos, no tienden a extenderse por más de 15 minutos, y se presentan sin aviso previo. Son más frecuentes en niños, pero pueden ocurrir en personas de cualquier edad.
En muchos casos existe un componente genético que predispone a padecer este tipo de episodios. También pueden influir factores como el desequilibrio en los neurotransmisores y, en ocasiones, antecedentes familiares de convulsiones. La causa exacta no siempre se identifica, pero todas coinciden en que la disfunción neurológica es el desencadenante principal, tal como explicó Musiala.
Los síntomas más comunes de una crisis de ausencia incluyen una mirada vacía, chasquidos de labios, aleteo de párpados o pequeños movimientos automáticos con las manos. Durante la crisis, la persona no responde a estímulos. Cuando termina el episodio, retoma la actividad anterior como si nada hubiera ocurrido, lo que puede dificultar la detección del trastorno.
Diagnóstico, tratamiento y vida cotidiana

El diagnóstico de las crisis de ausencia se realiza mediante un electroencefalograma (EEG), que permite registrar la actividad eléctrica cerebral y detectar patrones característicos de estas convulsiones. Según la Mayo Clinic, también pueden emplearse estudios de imágenes como la resonancia magnética para descartar otras causas, y análisis de sangre para evaluar posibles factores asociados.
El tratamiento principal es el uso de medicamentos anticonvulsivos que ayudan a controlar la aparición de nuevos episodios. En casos donde los fármacos no logran controlar las crisis, puede considerarse una dieta cetogénica o ajustes en el estilo de vida, como asegurar un buen descanso, evitar el estrés y mantener una rutina saludable.
Vivir con crisis de ausencia implica adaptar ciertas actividades y contar con apoyo familiar, escolar y profesional. Las personas afectadas pueden llevar una vida normal, aunque es necesario tomar precauciones en actividades que requieran atención continua, como manejar. El pronóstico es favorable en la mayoría de los casos, y muchas personas superan el trastorno en la adolescencia o edad adulta. Sin embargo, el seguimiento médico resulta crucial para ajustar el tratamiento y monitorear la evolución.
En el caso de Jamal Musiala, el diagnóstico de disfunción neurológica asociada a crisis de ausencia no implica un riesgo adicional para su salud y permite que continúe con su carrera futbolística bajo supervisión médica. El testimonio del propio jugador y la información de especialistas subrayan la importancia de la detección, el tratamiento adecuado y el acompañamiento para quienes conviven con este tipo de episodios.


