La creciente preocupación de Putin por las próximas elecciones en Rusia
El jefe del Kremlin y sus aliados no están tan seguros de su capacidad para mantener el control del poder como les gustaría hacer creer al resto del mundo
Pero estas son las primeras elecciones nacionales en Rusia desde su invasión a gran escala de Ucrania en 2022. Esto significa que una campaña sin contratiempos y una cómoda victoria de “Rusia Unida” pueden presentarse como un respaldo a la guerra y a la forma en que Putin la ha gestionado. Dicho respaldo es especialmente importante porque últimamente la guerra no le ha ido bien a Rusia.
El ejército ruso ha intentado cubrir las bajas en sus filas reclutando a presos y combatientes extranjeros, entre los que, según se informa, se encuentran otros 50 000 soldados de Corea del Norte.
La movilización ha sido muy impopular entre los soldados y sus familias. Los soldados movilizados no prestan servicio durante un plazo determinado, sino que tienen una obligación de duración indefinida. Las familias de los movilizados no han dudado en quejarse de las condiciones de su servicio, incluida la falta de entrenamiento y equipamiento adecuados, así como la escasa frecuencia de los permisos para volver a casa.
Algunas de las esposas de estos soldados incluso han hecho campaña abiertamente para que se ponga fin a la movilización y sus maridos regresen a casa.
Dificultades en el frente interno
Mientras tanto, la estrategia de Ucrania de lanzar ataques con drones en el interior de Rusia hace que la guerra complique la vida cotidiana de millones de rusos que, de otro modo, quizá no se habrían visto afectados de forma significativa por ella. Los ataques ucranianos contra refinerías de petróleo han provocado una grave escasez de combustible en todo el país. La mayoría de las regiones de Rusia han sufrido algún tipo de racionamiento de combustible, con largas colas en las gasolineras.
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Las tasas extraordinariamente altas de retiradas de efectivo de los bancos rusos ponen de manifiesto la inseguridad económica que sufren los ciudadanos de a pie, que temen que el Gobierno pueda confiscar los ahorros privados para ayudar a financiar la guerra en Ucrania.
Las recientes encuestas de opinión pública en Rusia ponen de manifiesto que las opiniones de la sociedad están cambiando. El apoyo a la guerra en Ucrania ha descendido durante el último año, pasando del 78% en julio de 2025 al 66% en julio de 2026. Durante el mismo periodo, el porcentaje de rusos que creían que su país iba por buen camino descendió del 69% al 54%. En un país en el que el Estado ejerce un estricto control político y en el que expresar oposición a la guerra puede acarrear detenciones, multas o incluso penas de prisión, estos resultados son notablemente negativos.
En vísperas de las elecciones de septiembre, solo un partido político en Rusia ha expresado su oposición rotunda a la guerra. Yábloko, un pequeño partido prodemocrático, adoptó el lema de campaña: “Por la paz y la libertad, por una vida sin miedo”. Sin embargo, el Tribunal Supremo de Rusia ha prohibido ahora al partido participar en las elecciones, mientras que otro tribunal ha condenado a su vicepresidente a 11 años de prisión.
La prohibición de Yábloko pone de manifiesto la preocupación del Kremlin de que las elecciones puedan servir de válvula de escape, por pequeña que sea, para la expresión pública de la ira. En las anteriores elecciones de 2021, Yábloko solo obtuvo el 1,34 % de los votos y no consiguió ni un solo escaño en la Duma Estaal.
Incluso si se le hubiera permitido participar en las elecciones de septiembre, Yábloko no habría tenido ninguna posibilidad realista de hacer mella en la posición dominante de Rusia Unida. No se puede permitir que ningún actor político, por insignificante que sea, amenace el discurso oficial del Estado de que la guerra está bajo control y la sociedad está unida detrás de Putin.
En un intento por tranquilizar a la población y transmitir que todo va bien, el propio Putin ha estado visitando ciudades de todo el país este verano en una gira preelectoral por Rusia. Se trata de una medida inusual para un líder que es conocido por su miedo a los atentados y su reticencia a abandonar la seguridad de Moscú.
Las visitas de Putin han venido acompañadas de la repentina reaparición de la gasolina en las gasolineras allá donde va, y de su disponibilidad a precios sorprendentemente bajos: una admisión indirecta de la importancia que tienen los temas cotidianos para los votantes rusos.
Es muy probable que la maquinaria electoral rusa se ponga en marcha el mes que viene y ofrezca el resultado que Putin tanto desea como necesita. Pero la falta de confianza del Estado en esa victoria, a pesar de todas las herramientas de que dispone, sugiere que Putin y sus aliados no están tan seguros de su capacidad para mantener el control del poder como les gustaría hacer creer al resto del mundo.


