Julián Alvarez, una derrota al cubo
De la no operación salen un jugador deprimido, una afición encendida y un fichaje desesperado.
Tampoco el Barça sale bien parado. Ya con Lewandowski fuera de la plantilla, permitió la salida de Ferran esperando hasta el final que la postura del argentino y las fanfarronadas de Laporta acabaran por quebrar al Atlético, pero Gil Marín había empeñado su palabra y eso fue un muro de acero. Así que el Barça acabó fichando a última hora a Gabriel Jesús, que ha tenido una carrera descendente, que en las últimas dos temporadas solo ha sido 21 veces titular con el Arsenal y que cerró el curso pasado con solo seis goles. Lewandowski hizo 19 en el mismo periodo. La operación ha sonado a maniobra desesperada.
Y finalmente pierde el futbolista, mal aconsejado por quienes le aseguraron, desde la cercanía y desde la lejanía, que saldría dónde y al precio que él quisiera. Ahora, obligado a quedarse a punta de contrato (el que él firmó en su día libre de presiones) salvo sorpresa sobre la campana, jugará bajo fuego amigo y enemigo. Un error de cálculo que han acabado pagando Simeone y el vestuario que le rodea. Hay determinadas batallas de mercado que solo hay que emprender si se está seguro de ganar y, a pesar de lo que le contaron, Julián Alvarez estuvo siempre lejos de la victoria en esta.


