Hallan un perro momificado sobre una pareja en una tumba egipcia: el vínculo inédito que revela la arqueología
Una excavación en la Necrópolis de Tebas encontró restos humanos y de un animal dispuestos de forma singular, aportando nuevas pistas sobre las relaciones afectivas y los rituales funerarios en la antigua civilización del Nilo
InfobaeEn una tumba de la Necrópolis de Tebas, frente a las ruinas de Luxor en Egipto, un equipo hispano-egipcio halló una disposición poco común: un perro momificado colocado directamente sobre una pareja de humanos. Según un estudio reciente publicado en Frontiers in Environmental Archaeology, esta escena sugiere un vínculo afectivo entre el animal y las personas, reflejando la importancia de las relaciones emocionales en las costumbres funerarias del Antiguo Egipto. El hallazgo sorprendió a la comunidad arqueológica por su rareza y por la nueva perspectiva que aporta sobre los lazos entre humanos y animales en ese período.
“Ya durante la excavación veíamos que había una evolución en la forma de utilizar la cámara, y precisamente los cuerpos, su posición y las relaciones que establecen entre ellos nos permiten reconstruir cómo fue cambiando esa lógica funeraria a lo largo de varios siglos”, explicó Jared Carballo-Pérez, primer autor del estudio e investigador de la Universidad de La Laguna.

La singularidad del perro momificado
El elemento más llamativo del hallazgo es el perro momificado colocado sobre las momias de una pareja. La ubicación exacta de este animal fue documentada en la sección sureste de la cámara tres de la tumba. Según explicó Miguel Ángel Molinero Polo, profesor de egiptología y coautor del estudio, la presencia del perro podría interpretarse de dos maneras: como un símbolo de una relación cercana entre el animal y las personas, o bien como un cambio en el ritual funerario donde el animal adquiere el papel de psicopompo. Es decir, un guía simbólico para acompañar a los difuntos al más allá.
No existen registros anteriores de un perro momificado colocado directamente sobre dos cuerpos humanos de esta forma en el antiguo Egipto. Hasta ahora, si bien se habían hallado restos de perros en contextos funerarios, nunca se había documentado una disposición que generara una relación espacial tan directa entre el animal y los humanos.

Cambios y continuidad en los rituales funerarios
La evolución en el uso de la tumba refleja cambios en las costumbres funerarias. En los entierros más antiguos, los cuerpos se encontraban en ataúdes, acompañados de redes funerarias, amuletos y objetos de valor, como ánforas fenicias. “Los primeros individuos enterrados aquí parecen haber pertenecido a un alto estatus social, ya que fueron sepultados en ataúdes, con redes funerarias y amuletos, y con un conjunto que contenía objetos costosos, como el contenido de ánforas fenicias”, detalló Molinero Polo.
Con el paso de los siglos, la cámara fue reutilizada y los nuevos cuerpos se acomodaron verticalmente, sin ataúdes, en espacios disponibles entre los restos anteriores. En dos tercios de los entierros, los cuerpos se superpusieron. En algunos casos, los arqueólogos observaron cambios en la postura, como brazos cruzados sobre el pecho, lo que los especialistas llaman la “posición osiriana”. Es decir, una forma de disposición asociada al dios Osiris, símbolo de la resurrección y la vida tras la muerte.

La cámara funeraria también sufrió inundaciones, incendios y posibles profanaciones, lo que dificulta reconstruir la secuencia exacta de los depósitos. No obstante, los expertos insisten en que la lógica ritual no se perdió en ningún momento. Cada nuevo entierro respetó la presencia de los anteriores y mantuvo una organización que responde a una “biografía acumulativa” del espacio funerario.
Actualmente, el equipo estudia los restos óseos desde la bioarqueología para obtener información sobre la salud, la actividad física y las condiciones de vida de las personas que descansan en la tumba. “Desde la bioarqueología estamos estudiando qué pueden contarnos sus huesos sobre salud, actividad física y condiciones de vida cotidiana, y cómo estas variables pudieron cambiar entre los distintos momentos de utilización de la tumba”, señaló Carballo-Pérez. Los resultados de este análisis se publicarán próximamente.
El hallazgo del perro sobre la pareja, junto a los cambios en la disposición y el uso del espacio funerario, ofrece una nueva perspectiva sobre las prácticas y creencias de la civilización egipcia en torno a la muerte. Como afirmó el equipo, la tumba funcionó como un entorno dinámico donde cuerpos, objetos y arquitectura interactuaron para construir una memoria colectiva.


