"Contaba los ciclos de la Luna para no perder la noción del tiempo": la historia del pescador que sobrevivió 438 días a la deriva en el océano Pacífico
José Salvador Alvarenga pasó más de 14 meses perdido en el mar tras salir desde México y llegar a las Islas Marshall, en una travesía de 10.800 kilómetros marcada por el hambre, la sed y el aislamiento
Infobae
José Salvador Alvarenga sobrevivió 438 días a la deriva en el océano Pacífico tras salir a pescar desde la costa de México y aparecer más de un año después en las Islas Marshall, a unos 10.800 kilómetros de su punto de partida. El caso, reconstruido por The Guardian, quedó registrado como una de las travesías de supervivencia más extensas documentadas en mar abierto.
De acuerdo con el diario británico, la emergencia comenzó cuando una tormenta golpeó la nave, dañó el motor y dejó a los dos hombres sin posibilidad de retomar el rumbo hacia la costa.
La salida de pesca se transformó en una deriva sin comunicación, sin combustible útil y sin margen de maniobra frente a las corrientes del Pacífico. Alvarenga y Córdoba empezaron a depender de lo que lograran recolectar o capturar en el agua: peces, tortugas, aves marinas y lluvia acumulada en recipientes improvisados. La rutina de supervivencia quedó marcada por la exposición al sol, las tormentas y la falta de agua dulce.
Con el paso de las semanas, el cuadro físico de Córdoba se agravó. El joven se enfermó luego de ingerir carne de ave en mal estado y dejó de alimentarse. El propio Alvarenga relató después que intentó asistirlo durante días en una embarcación cada vez más deteriorada. “A los cinco días me entregué a Dios”, dijo más tarde, en un testimonio citado por The Guardian sobre una experiencia que combinó hambre, sed y aislamiento extremo.
La hidratación fue uno de los desafíos centrales. Alvarenga dijo que recurrió a su orina y a sangre de animales marinos para evitar el colapso. Se alimentó de carne cruda y agua de lluvia almacenada. Sobrevivió con peces crudos, tortugas, aves pequeñas, tiburones y agua de lluvia, de acuerdo con sus declaraciones tras el rescate, recogidas por Associated Press (AP).

El paso del tiempo: la observación de los ciclos lunares como refugio
A medida que la deriva se prolongaba, el principal riesgo dejó de ser solo físico. El aislamiento absoluto abrió un frente psicológico igual de severo. Sin relojes, sin calendario y sin señales estables del exterior, José Salvador Alvarenga desarrolló una referencia mínima para no perder por completo la dimensión del tiempo: contar los ciclos de la Luna.
“He mirado la luna crecer y menguar durante más de un año”, describió el pescador mientras atravesaba soledad, desesperación y pensamientos suicidas. La observación del cielo operó como una forma de ordenar los días dentro de una experiencia sin puntos de apoyo. El conteo lunar no modificaba el hambre ni el desgaste físico, pero le ofrecía una estructura mental básica para resistir.
El dato también ayuda a dimensionar la duración del viaje. Desde la salida en noviembre de 2012 hasta la llegada a tierra el 30 de enero de 2014, transcurrieron 438 días.
Reuters informó en 2014 que el pescador apareció en las Islas Marshall tras haber quedado a la deriva a unos 10.000 kilómetros de la costa mexicana, una distancia que distintas reconstrucciones posteriores ubicaron hasta en 10.800 kilómetros, según la posible trayectoria de las corrientes del Pacífico hasta el atolón de Ebon.
En ese período, la embarcación sufrió cambios bruscos de clima, noches sin resguardo y largos lapsos sin avistar otros barcos. El agotamiento físico se sumó a una rutina extrema sin margen de error: conseguir alimento, almacenar agua y sobrevivir un día más. “Bebía mi propia orina”, contó el pescador, resumiendo la precariedad en la que sobrevivió más de catorce meses.

El retorno a casa y el impacto de un viaje de 10.800 kilómetros
El final del naufragio llegó cuando Alvarenga distinguió tierra y abandonó la embarcación. Alcanzó la costa de un islote del atolón Ebon, en las Islas Marshall, donde dos habitantes de la zona lo encontraron exhausto el 30 de enero de 2014. Para ese momento había cruzado una vasta porción del Pacífico en una de las derivas más largas verificadas en una pequeña lancha de pesca.
La aparición del pescador generó dudas iniciales por la magnitud del relato, aunque el caso ganó respaldo con el paso del tiempo. The Guardian reconstruyó la dimensión humana de esa travesía y la persistencia de la referencia lunar como sostén mental.
La distancia estimada de hasta 10.800 kilómetros convirtió a su historia en un caso excepcional dentro de los antecedentes conocidos de supervivencia en el mar.
Alvarenga regresó a El Salvador el 10 de febrero de 2014. Luego tuvo controles médicos, exposición pública y secuelas emocionales por el aislamiento. Contó su experiencia en entrevistas y un libro, relatando el impacto al volver. La travesía, iniciada como pesca frente a la costa de México, se convirtió en un episodio seguido internacionalmente y en un testimonio extremo de resistencia humana.


