Gracias a Dios por Melania Trump
Imaginen el daño que su marido podría causar con una Evita a su lado

Lo más cercano a una revelación en el nuevo documental “Melania” es una escena en la que, preocupada por la seguridad, la señora Trump objeta repetidamente la rutina tradicional de la pareja presidencial de bajarse de la limusina para caminar un poco durante el desfile inaugural (al final, citando el frío, el señor Trump trasladó la celebración al interior). En contraste, Evita una vez apartó a un colaborador que intentaba bloquear a una suplicante con una llaga sifilítica en la boca y luego besó a la mujer pobre en los labios.
La señora Trump deja claro en el libro que apoya el derecho al aborto, otro asunto en el que debe de haber tenido poca influencia o haber optado por no ejercer la que tenía. Sobre el ataque al Capitolio por parte de los partidarios de su marido el 6 de enero de 2021 escribe: “La violencia que presenciamos fue inequívocamente inaceptable”. (No denunció la violencia mientras ocurría, explica, porque “no estaba al tanto de los acontecimientos”). La señora Trump es la primera inmigrante naturalizada en desempeñarse como Primera Dama, lo que también puede crear terreno para un desacuerdo político profundo —y, de ser así, también dolorosamente irrelevante—. “No importa de dónde vengamos, estamos unidos por la misma humanidad”, dice en una de las muchas banalidades del documental, aunque una que golpea fuerte, dado que el presidente ha llamado “basura” a algunos inmigrantes.
Apuestas Trump
La señora Trump ha logrado una hazaña mayor de autoenriquecimiento trumpiano. No hubo que transferir ninguna tecnología sensible. De hecho, al permitir el acceso de una cineasta en los días previos a la asunción del año pasado, la señora Trump consiguió aportar casi nada de interés en absoluto. Sin embargo, el documental fue (s)untuosamente financiado por Amazon, que, de nuevo según el Journal, ofreció cerca de tres veces más que cualquier otro postor, 40 millones de dólares, después de que ella presentara la idea a Jeff Bezos durante una cena. Según se informa, la señora Trump se quedó con al menos 28 millones de dólares como honorarios, junto con el control editorial. Amazon ahora está gastando 35 millones de dólares para promocionar el anuncio que le pagó a la señora Trump para que hiciera sobre sí misma. Ni siquiera el propio proveedor de Trump Steaks logró jamás un acuerdo tan pulido. (Uno se pregunta, de hecho, si la nueva demanda de 10.000 millones de dólares del presidente contra el gobierno que dirige, por su declaración impositiva filtrada, pretende recuperar la delantera en algún retorcido certamen familiar).
La señora Trump, que a los 55 años es 24 años menor que su marido, ha hecho más que sus predecesoras como Primera Dama para afirmar una independencia personal, si no política. Desde que Martha Washington se comparó con una prisionera del Estado, las Primeras Damas han luchado con la sensación de estar atrapadas. Pero la señora Trump ha vivido fuera de la Casa Blanca gran parte del tiempo y ha desaparecido de la vista pública durante largos períodos. Pese a las riquezas de su marido, la independencia financiera también le importa; la llama “un valor central” en sus memorias. Al menos, con su chanchullo, está construyendo su propia marca más que la de él, y construyéndola alrededor de un engaño relativamente inocuo: que tiene un gusto excepcional, no una visión para Estados Unidos. Pat Nixon llamó a ser Primera Dama “el trabajo no remunerado más duro del mundo”. En esos dos aspectos, y sólo en esos, Melania Trump está a la altura de la afirmación de su película vanidosa de que está reinventando el rol.


