Corea del Norte celebra su 70º aniversario sin alarde de misiles

Kim Jong-un ha presidido un desfile multitudinario en el que el énfasis se ha puesto en el desarrollo y no ha habido alusiones al programa nuclear

Macarena Vidal Liy
Pekín, El País
Ni misiles intercontinentales, ni de largo alcance. Corea del Norte conmemoró este domingo el 70º aniversario de su fundación con un espectacular desfile militar, como suele celebrar los grandes hitos de su historia. Pero en esta ocasión lo hizo en un tono menos belicoso: los cohetes capaces de alcanzar territorio estadounidense, que había exhibido en años anteriores en un alarde de poderío, brillaron por su ausencia. Tampoco hubo ninguna referencia a su programa nuclear.


El desfile, presidido por el líder norcoreano Kim Jong-un, puso este año el acento en el desarrollo económico y la prosperidad. Como en ediciones previas, miles de soldados, marcando el paso de la oca perfectamente sincronizados, y decenas de miles de civiles en sus mejores galas -chaqueta y corbata ellos, vestido tradicional para las mujeres-, marcharon a lo largo de la plaza de Kim Il-sung, coreando a gritos vivas al líder durante dos horas. Pero en esta ocasión, aunque se mostraron diversas piezas de artillería, solo se exhibieron misiles de menor alcance. Las coloridas carrozas de las unidades de trabajo civiles aludían a temas como el desarrollo científico, la prosperidad económica o la construcción.

Kim Jong-un, recibido como siempre con una larga salva de aplausos frenéticos, no habló directamente al público. Esa tarea le correspondió esta vez al veterano jefe de Estado, Kim Yong-nam, de 90 años. Él también abandonó el tono beligerante que había caracterizado estos discursos con anterioridad. Corea del Norte, aseguró, se ha convertido ya en una potencia militar capaz de defenderse a sí misma; los soldados deben estar ahora preparados no solo para combatir, sino también para mejorar el desarrollo económico.

El acento en el bienestar y el progreso llega después de que este año el líder norcoreano diera por completado el programa nuclear del país y anunciara que el énfasis se pondría a partir de ahora en la economía. “Vamos a dedicar todos nuestros esfuerzos a la construcción económica”, había declarado el tercer líder de la dinastía Kim en abril, mientras se iniciaba un tentativo proceso de diálogo con Estados Unidos y de deshielo con Corea del Sur.

En parte, el tono menor del desfile puede deberse a un deseo de evitar roces con Estados Unidos, en un momento en el que el proceso de conversaciones parece estancado después de la cumbre que mantuvieron en junio Kim Jong-un y el presidente de EE UU, Donald Trump, en Singapur.

Corea del Norte quiere la firma de un tratado que ponga fin definitivamente a la guerra coreana (1950-1953), que técnicamente continúa al estar detenida únicamente por un armisticio. Pyongyang se lamenta de que ya ha ofrecido gestos de buena voluntad, como el desmantelamiento de su centro de pruebas nucleares en Punggye-ri, que no han recibido medidas recíprocas por parte de Estados Unidos. Washington, por su parte, considera que Corea del Norte debe dar aún pasos más claros y definitivos hacia la desnuclearización, antes de ofrecer nada a cambio. Trump canceló el mes pasado una visita de su secretario de Estado, Mike Pompeo, a Pyongyang, al concluir que no se había progresado lo suficiente.

Pero esta semana, tras la visita de una delegación surcoreana de alto nivel a Pyongyang, Kim reiteró su confianza en el actual inquilino de la Casa Blanca, según Seúl. La agencia oficial norcoreana repitió los mensajes del régimen sobre su compromiso con la desnuclearización de la península coreana. Trump, bajo el impacto de un artículo de opinión anónimo en The New York Times que denunciaba el descontento entre sus asesores, enviaba un cálido mensaje al líder norcoreano: “Kim Jong-un de Corea del Norte proclama su ‘fe intacta en el presidente Trump’. Gracias al presidente Kim ¡Juntos lo lograremos!”, aseguraba en un tuit.
Soldados a paso de ganso y columnas de tanques en el desfile de Pyongyang. ED JONES (AP) / ATLAS

El próximo paso previsto llegará el 18 de septiembre, cuando el presidente surcoreano, Moon Jae-in, visitará Pyongyang para una cumbre de tres días. Moon, que a lo largo del proceso de deshielo este año ha multiplicado los esfuerzos para facilitar la comunicación entre el Norte y Estados Unidos, tratará de mediar para dar un nuevo impulso a las negociaciones sobre desnuclearización.

Un asunto en el que China también desempeña un papel protagonista. De modo significativo, en el desfile de hoy, y junto al propio Kim Jong-un, se sentaba Li Zhanshu, “número tres” chino y enviado personal del presidente Xi Jinping. Ambos se estrecharon las manos cálidamente y saludaron juntos al público.

Inicialmente se había conjeturado la posibilidad de que el propio Xi asistiera al desfile. Kim ha viajado este año tres veces a China, en las primeras salidas al exterior que se le conocían desde su llegada al poder en 2011, y Xi había aceptado devolver la visita. Pero inmerso en una agria guerra comercial entre Pekín y Washington, y tras una atareada cumbre con los líderes africanos, el jefe de Estado optó por no acudir él mismo. Aunque el hecho de que enviara en su lugar a uno de los hombres de su máxima confianza transmitía una señal clara: China mantiene su respaldo a Kim.

Las celebraciones del aniversario norcoreano continuarán más allá del desfile. Desde esta noche y a lo largo de septiembre presentará sus “Juegos de Masas”, un espectáculo en el que decenas de miles de personas se mueven en perfecta sincronía para componer danzas, imágenes y acrobacias en honor de la patria y su líder.

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