Las fuerzas turcas conquistan la ciudad kurdo-siria de Afrin

Los civiles huyen ante el avance turco y denuncian vejaciones y crímenes de las facciones árabes aliadas de Turquía

Andrés Mourenza
Estambul, El País
La bandera turca ya ondea sobre lo que hasta ahora era la sede de gobernación del cantón kurdo de Afrin, señalando la victoria final de la ofensiva de las Fuerzas Armadas de Turquía y sus aliados del Ejército Libre Sirio (ELS) y otras facciones islamistas sobre las milicias kurdas Unidades de Protección Popular (YPG). Según imágenes distribuidas por Ankara, los tanques turcos han penetrado en el interior de la ciudad y patrullan sus calles.


“Esto es un tributo a los mártires que ha dado su vida por la nación turca”, proclamó un soldado desde el balcón del edificio gubernamental de Afrin tras colocar las banderas de Turquía y la oposición siria. Haciendo gala de su condición de comandante en jefe, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, anunció triunfalmente: “A las 8.30 de la mañana, unidades del Ejército Libre Sirio apoyadas por las Fuerzas Armadas Turcas ha tomado el control total del centro de Afrin. Los terroristas han escapado con el rabo entre las piernas”.

Las defensas de las YPG se han desmoronado como un castillo de naipes desde que Turquía tomase el control de las áreas montañosas que rodean la ciudad de Afrin hace menos de dos semanas. La invasión de este cantón kurdo del noroeste de Siria, que hasta ahora había sido uno de los rincones más pacíficos durante los siete años de guerra que vive el país, se inició el pasado 20 de enero con la justificación de que las milicias kurdas que lo controlaban suponían una amenaza para Turquía dado que mantienen estrechos vínculos con el grupo armado kurdo PKK, que actúa en territorio turco y está incluido en las listas de organizaciones terroristas de Ankara, Bruselas y Washington. Pese a lo cual, las YPG combaten contra el Estado Islámico de la mano de Estados Unidos en el norte y este de Siria. Los últimos días de ofensiva han sido un paseo triunfal para el Ejército turco, que ha avanzado desde el extrarradio de Afrin gracias al apoyo de los bombardeos aéreos y sin apenas resistencia ante la aparente huida de los milicianos de las YPG.

También buena parte de la población también ha huido. Decenas de miles de personas (hasta 200.000 de las 350.000 que habitaban en Afrin, según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos) han tomado los pocos enseres que han podido y en coches, camionetas y tractores han buscado refugio de los combates y los bombardeos turcos en áreas bajo dominio del régimen sirio.
Mapa de localización de Afrin, al noroeste de Siria

“Vivimos en un país devastado por la guerra, pero en Afrin estábamos a salvo. Teníamos un hogar, teníamos dignidad. Ahora no tenemos nada. Junto a mí están mi madre y mi hermana, pero tenemos poco dinero y no sabemos adonde ir”, explica Rania a este diario por teléfono y entre sollozos. Esta maestra ha tenido que escapar en tres ocasiones del lugar dónde se cobijaba ante el avance de las tropas turco-árabes: “Al principio pensaba que el mal no puede ganar, que el mundo actuaría y detendría el ataque. Pero fui estúpida. Vivimos en un mundo que es una jungla, donde cualquiera puede invadir tu tierra bajo falsos pretextos y el mundo ignorará sus atrocidades. En 1948, cuando Palestina fue ocupada por Israel, la gente tuvo que abandonar sus hogares y sus pueblos. Siempre que leía sobre ello lo justificaba en que entonces la comunidad internacional no hizo nada porque no sabía, porque no había medios ni internet. Pero hoy estamos en 2018 y esto mismo le ocurre a los kurdos ante el silencio del mundo”.

La mayoría de la población de Afrin es kurda y muchos temen las ansias de venganza de las facciones rebeldes que acompañan a los soldados turcos, en algunos casos procedentes de localidades en otras partes de Siria controladas por milicias kurdas. En las redes sociales han aparecido vídeos de milicianos islamistas y del ELS insultando, vejando y maltratando a civiles, así como otros derribando la estatua del herrero Kawa, figura central de las tradiciones kurdas, que presidía una glorieta en Afrin.

Fuentes kurdas también han denunciado crímenes de guerra como el bombardeo del hospital Avrin, el único que funcionaba en la ciudad conquistada por la ofensiva turco-árabe, hecho que las autoridades en Ankara han negado. “El hospital Avrin fue alcanzado por tres misiles y quince personas perdieron su vida en el ataque. Hace tres días, las fuerzas turcas también atacaron con lanzacohetes el edificio de la Media Luna Roja y el hospital Avrin”, denunció Mustafa Ahmet, de la Media Luna Roja Kurda. Según el Observatorio Sirio, desde el pasado enero, 289 civiles, entre ellos 43 niños, han fallecido bajo las bombas turcas.

La misma organización ha incrementado el número de bajas mortales de las YPG en toda la campaña de Afrin hasta las 1.500 (previamente había dicho que no superaban las 500), y hasta las 496 el de las fuerzas atacantes, en su mayoría combatientes del ELS y grupos islamistas. El Ejército turco reconoce la muerte de 46 de sus soldados.

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