Todo lo que necesitas saber para evitar la placa bacteriana
¿Un nuevo tratamiento para el dolor dental?
La placa bacteriana es una acumulación de microorganismos que se depositan en la superficie de tus dientes, tu lengua y todo el interior de tu boca a lo largo del día. Esas bacterias se alimentan de los restos de comida que se acumulan entre tus dientes y causan mal aliento. Además, producen ácidos que debilitan tu esmalte y dejan a la dentadura y las encías desprotegidas y propensas a las caries y la gingivitis. Y si no es retirada a tiempo, la placa bacteriana se endurece, se torna de un color marrón o amarillento y se convierte en sarro, que pone en riesgo a tu sonrisa y solo puede ser removido por un profesional. ¿Cómo puedes evitar que la placa bacteriana se extienda? Aquí te lo contamos.
Una correcta rutina de higiene bucal es esencial para tener unos dientes saludables, y el cepillado es solo el primer paso. Cepilla tus dientes al levantarte, después de comer y antes de irte a dormir. Elige un cepillo que te resulte cómodo según el tamaño de tu boca, ya que si es demasiado grande, por ejemplo, no llegará a las últimas muelas. Cuantos más rincones alcance, mejor será la limpieza que podrás realizar.
Cuando te cepilles, procura hacerlo en todas las caras de tus dientes, con movimientos verticales o circulares. Masajea también tus encías para favorecer la irrigación y retirar bacterias, con mucho cuidado de no lastimarlas. Para esto último, asegúrate de que las cerdas de tu cepillo no sean demasiado rígidas y que no estés haciendo una fuerza excesiva al durante la limpieza. Por último, cepilla también tu lengua y los costados de tu boca, puesto que allí también se acumula placa. Reemplaza tu cepillo cada tres meses, o cuando notes que las cerdas se abren por el desgaste.
Luego del cepillado, recurre al hilo dental. Su función principal es retirar restos de comida que se acumulan entre tus dientes en aquellos sitios a los que tu cepillo no puede llegar, pero es importante que lo uses correctamente, para no generar resultados adversos: no utilices segmento más de una vez para no "recolocar" la suciedad que retiraste, y pon atención en presionar el hilo no solo contra los espacios entre tus dientes sino contra su superficie para maximizar su eficiencia.
Finalmente, es momento de completar la limpieza eliminando los últimos restos de comida y bacterias, especialmente las que quedaron en los costados de la boca, bajo tu lengua y en los lugares que no has cepillado. Tu mejor aliado para este paso es un enjuague bucal, que se encargará de arrastrar toda la suciedad y mantener tu aliento fresco por horas. Enjuagar tu boca por alrededor de un minuto suele ser suficiente, y puedes elegir entre varias opciones, como productos sin alcohol, con fluor o incluso formulados especialmente para dientes sensibles.
Además de llevar adelante tu rutina de higiene bucal, es importante que tomes recaudos durante el día. A medida que pasan las horas, es normal que proliferen bacterias en tu boca; y si bien es un proceso inevitable, hay mucho que puedes hacer para mantenerlo bajo control entre cepillado y cepillado.
Limita el consumo de azúcar, el alimento favorito de las bacterias. Cuando las bacterias descomponen el azúcar producen ácidos que atacan el esmalte de tus dientes y los dejan a merced de las caries. Prefiere snacks como una manzana fresca y crocante, cuya textura rugosa limpia los dientes.
Bebe abundante agua durante el día. Las bacterias se sienten particularmente cómodas en una boca seca, por lo que mantener una buena hidratación resulta esencial. Elige, también, consumir té verde. Esta bebida contiene componentes antisépticos que ayudan a combatir la placa y, además, evitan el mal aliento. Si llegaste hasta el final de esta nota, ¡ya eres un experto!
La placa bacteriana es una acumulación de microorganismos que se depositan en la superficie de tus dientes, tu lengua y todo el interior de tu boca a lo largo del día. Esas bacterias se alimentan de los restos de comida que se acumulan entre tus dientes y causan mal aliento. Además, producen ácidos que debilitan tu esmalte y dejan a la dentadura y las encías desprotegidas y propensas a las caries y la gingivitis. Y si no es retirada a tiempo, la placa bacteriana se endurece, se torna de un color marrón o amarillento y se convierte en sarro, que pone en riesgo a tu sonrisa y solo puede ser removido por un profesional. ¿Cómo puedes evitar que la placa bacteriana se extienda? Aquí te lo contamos.
Una correcta rutina de higiene bucal es esencial para tener unos dientes saludables, y el cepillado es solo el primer paso. Cepilla tus dientes al levantarte, después de comer y antes de irte a dormir. Elige un cepillo que te resulte cómodo según el tamaño de tu boca, ya que si es demasiado grande, por ejemplo, no llegará a las últimas muelas. Cuantos más rincones alcance, mejor será la limpieza que podrás realizar.
Cuando te cepilles, procura hacerlo en todas las caras de tus dientes, con movimientos verticales o circulares. Masajea también tus encías para favorecer la irrigación y retirar bacterias, con mucho cuidado de no lastimarlas. Para esto último, asegúrate de que las cerdas de tu cepillo no sean demasiado rígidas y que no estés haciendo una fuerza excesiva al durante la limpieza. Por último, cepilla también tu lengua y los costados de tu boca, puesto que allí también se acumula placa. Reemplaza tu cepillo cada tres meses, o cuando notes que las cerdas se abren por el desgaste.
Luego del cepillado, recurre al hilo dental. Su función principal es retirar restos de comida que se acumulan entre tus dientes en aquellos sitios a los que tu cepillo no puede llegar, pero es importante que lo uses correctamente, para no generar resultados adversos: no utilices segmento más de una vez para no "recolocar" la suciedad que retiraste, y pon atención en presionar el hilo no solo contra los espacios entre tus dientes sino contra su superficie para maximizar su eficiencia.
Finalmente, es momento de completar la limpieza eliminando los últimos restos de comida y bacterias, especialmente las que quedaron en los costados de la boca, bajo tu lengua y en los lugares que no has cepillado. Tu mejor aliado para este paso es un enjuague bucal, que se encargará de arrastrar toda la suciedad y mantener tu aliento fresco por horas. Enjuagar tu boca por alrededor de un minuto suele ser suficiente, y puedes elegir entre varias opciones, como productos sin alcohol, con fluor o incluso formulados especialmente para dientes sensibles.
Además de llevar adelante tu rutina de higiene bucal, es importante que tomes recaudos durante el día. A medida que pasan las horas, es normal que proliferen bacterias en tu boca; y si bien es un proceso inevitable, hay mucho que puedes hacer para mantenerlo bajo control entre cepillado y cepillado.
Limita el consumo de azúcar, el alimento favorito de las bacterias. Cuando las bacterias descomponen el azúcar producen ácidos que atacan el esmalte de tus dientes y los dejan a merced de las caries. Prefiere snacks como una manzana fresca y crocante, cuya textura rugosa limpia los dientes.
Bebe abundante agua durante el día. Las bacterias se sienten particularmente cómodas en una boca seca, por lo que mantener una buena hidratación resulta esencial. Elige, también, consumir té verde. Esta bebida contiene componentes antisépticos que ayudan a combatir la placa y, además, evitan el mal aliento. Si llegaste hasta el final de esta nota, ¡ya eres un experto!


