Nicolás Otamendi, el chico que tomaba tres buses para ir a entrenar

Manchester, Goal.com
Uno, el colectivo 721 que se tomaba hasta Panamericana; dos, el 15 hasta Puente Boulogne; y tres, el 57, que se tomaba hasta Camino del Buen Ayre. Una hora y media tardaba Nicolás Otamendi del momento en que salía de su colegio en El Talar de Pacheco, se cruzaba a su mamá que le daba una bolsita o un tupper con comida, se subía a tres medios de transporte distintos y, finalmente, llegaba al predio de entrenamiento de Vélez para pelear por su sueño.
El fútbol lo obligó a una vida de sacrificio: tuvo que dejar el colegio secundario, se ilusionó cuando Miguel Ángel Russo lo sacó de los juveniles y lo puso en Primera, se lamentó cuando Ricardo La Volpe lo volvió a bajar, tocó el cielo el 10 de mayo de 2008 cuando Hugo Tocalli lo hizo debutar y, en ese mismo torneo, cuando jugó contra River, hasta Diego Maradona se convenció de que ese pibe era un diamante.


Ese mismo partido contra River, en el que tenía que marcar a Radamel Falcao, Otamendi jugó de manera extraordinaria. Cristian Fabbiani, el otro delantero rival, salió de la cancha y lo primero que hizo fue comentarle a un amigo, vía un mensaje de texto, que le había parecido un crack el pibe que lo había marcado. No pasó demasiado tiempo para que Maradona, entrenador de Argentina, lo citara para jugar en las Eliminatorias para clasificarse a Sudáfrica 2010. En su primera convocatoria, tuvo su primera gran instancia con Diego. En el avión en el que viajaban, había siete asientos en primera clase y el cuerpo técnico decidió que allí viajaran los jugadores. Hubo un sorteo y salió en un papelito el nombre de Otamendi. Apenas se sentó, todavía tímido por lo que le tocaba, escuchó que atrás se acercó Maradona a Emiliano Papa -su compañero en Vélez- y le dijo, riéndose: “Miralo a Otamendi, una convocatoria en el Seleccionado y ya viaja en primera”.

Aunque salió campeón en Vélez, aunque jugó un Mundial, aunque le fue muy bien en Porto, aunque su paso por Brasil fue digno, el gran momento de su carrera fue en Valencia. No es que nadie lo esperaba, pero su última temporada cambió todos los criterios: para la Copa del Mundo de 2014, Alejandro Sabella tuvo dudas en citarlo y finalmente lo dejó fuera de la convocatoria y sonaba hasta lógico, pero un mes después de que terminara el Mundial, Otamendi ya era uno de los mejores defensores del mundo.

Eso conquistó a Gerardo Martino, que decidió, sin discusiones, que Ezequiel Garay y Otamendi fueran su defensa titular. Eso, también, conquistó el mercado de pases. Mientras estuvo en la concentración de Chile, en La Serena, por la Copa América, Otamendi no paró de escuchar rumores sobre su posible futuro como futbolista: en España, hasta lo daban como el sucesor de Sergio Ramos; en Francia, lo pretendían como acompañante de Thiago Silva; en Inglaterra, lo querían todos. En Valencia, había melancolía por su posible ida. El destino final fue Manchester City, que fue uno de los primeros clubes que preguntó por él.

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