Caricia y herida
Madrid, Tomás Setién FernándezConfirmándose un millón doscientas cincuenta mil veces que tanto el puesto de portero es el más ingrato en una cancha de fútbol, como el hecho de que el monstruo del millón de cabezas no posee ningún tipo de memoria, practicando además el hecho impío de destrozar a los que apenas ayer fueron sus muy bien delineados héroes, se llevo al cabo la presentación como arquero de equipo caro, diría yo súper millonario, con Euros lanzándolos al cielo como confetis albos, del costarricense Keylor Nava, lanzándole hurras y vivas los seguidores del Real Madrid, y a la vez vomitando fuego el ¿respetable? para lo que aún queda entre una mancha gigantesca de cenizas en torno a Iker Casillas, al cual le debió haber llegado el grito desaforado de ¡fuera, fuera!, así hubiese procedido a esconderse en el centro mismo de la tierra.
Siendo todo el monte de orégano para el estupendo portero tico, que revalido admiración por su trabajo desarrollado en la ultima edición de la copa del mundo, que aquí entre nos tuvo el sello de algo mas que los voladores de Papantla, habiéndose robado el show en Brasil 2014 toda una gama de guarda vallas, que vaya que si con su tonelada de arena finalizaron por hacer el magno evento en algo enteramente recordable por años y años.
Mas como siempre ha existido un prietito en el arroz, una de las excepciones a la labor de gala de los porteros en el mundial pasado, fue precisamente el harakiri perpetuado por el ya referido Casillas situado en la portería del seleccionado de España, habiendo regado sino el tepache, si el espléndido contenido de la botella de vino tinto, sobre todo recordando aquel encuentro sostenido por la que fue definitivamente apagada furia ante los clavados y la contundencia del representativo de Holanda.
Diciéndolo todo ese pavoroso marcador de cinco goles por uno que dejo prácticamente en el centro de la sala de terapia intensiva a un rey que buscaba re encontrar los doblones de oro, en el interior de sus bolsillos, solo hallando migajas y aire para nada acondicionado.
Tragándose, sin masticar siquiera de una manera regular, mínimo un par de tantos el ahora fusilado, vilipendiado y pisoteado Casillas, olvidando el rugir de la Bestia todo lo que significó su trabajo cuatro años atrás, cuando se convirtió en el arquero menos goleado del mundial de Sudáfrica, en donde por cierto España logró el primer campeonato de su historia en esa clase de eventos.
Manteniendo virgen su meta Iker dentro de la segunda parte de ese torneo, deteniendo todo lo que le mandaron las artillerías de Portugal, Paraguay, Alemania y finalmente Holanda, Casillas con tan solo dos tantos permitidos, sucediendo eso en la primera ronda, fue declarado como el mejor portero del mundo.
Hoy cuatro años después es tan solo un apestado.
¿Usted comprende al mundo?
¡Yo no!

