Fútbol cochabambino: Wilstermann recuperó gol, aplastando a Colcapirhua


José Vladimir Nogales
Wilstermann propinó una descomunal (7-1) paliza a un Colcapirhua tan brioso como inocente, que sucumbió temprano a una ráfaga de artillería y que, ante la magnitud del destrozo, se descompuso y careció de reacción y recursos para solventar una utópica remontada.

Con la victoria, los rojos extendieron a ocho puntos la diferencia sobre sus escoltas (hasta hoy, precisamente su víctima) y llevó a 24 los partidos sin perder desde su retorno a la Asociación. La única caída ocurrió el 17 de abril de 2010, ante Nueva Cliza.

El gol de apertura fue concretado en el amanecer del partido (minuto 4) por Carlos Vargas, quien capitalizó un letal desborde del argentino Collantes. El destructivo arreón de los rojos continuó, dos minutos después, cuando Luis Carlos Paz recogió, desde el piso, el detrito de un previo disparo suyo y con una patada acrobática clavó el balón junto al palo derecho.

No había terminado de reponerse Colcapirhua del cimbronazo, cuando Garzón, a espaldas de una defensa desacomodad, ganó en el salto y clavó un contundente cabezazo. Once minutos, 3-0.

La enorme superioridad de los rojos emergió de un dispositivo táctico razonable, que supuso un más equitativo reparto de espacios y tareas para, de ese modo, cimentar un funcionamiento coherente. Partiendo de un equilibrado 4-4-2 (con Taboada gravitando en el lateral, con una salida limpia y constructiva desde los botines de Paz), Wilstermann sometió sin contemplaciones a un rival aturdido por la ráfaga de goles y paralizado por su propia inocencia.

Sin embargo, tras la ráfaga, Wilstermann se llamó a un anestésico sosiego. La excesiva paz llevó el partido a un pozo de tedio e intrascendencia. Mucho manejo y poca profundidad. Hasta el final de la etapa, los medios exageraron en el juego combinatorio a punto de perder la perspectiva de la profundidad, degradando la precisión. El efecto fue el aislamiento de los atacantes (Vargas y Collantes), muy separados del bloque y escasamente asistidos por pelotazos o defectuosas habilitaciones al vacío. Y mientras el cuadro rojo dormía, Colcapirhua exploró fisuras y las fue encontrado a espaldas de Richard Rojas (quien muy temprano reemplazó al lesionado Paz) y, esencialmente, buscando detrás de la flotante posición de Francisco Rodríguez. Un disparo al travesaño y un par de revolcones de Machado certifican que la siesta roja pudo transformarse en una inquietante modorra.

A la segunda mitad, Wilstermann compareció con la voracidad que había propiciado un prematuro cierre de la batalla, dando cabida a un protagonismo unívoco. Un cambio fue fundamental para mejorar drásticamente la imagen de Wilstermann: el ingreso de Javier Guzmán en lugar de Christian Machado. Guzmán se ubicó como medio centro, dejando a Rojas la tarea de recuperación. Y desde sus botines fluyó un fútbol químicamente puro, que encontró complemento en las proyecciones de Rodríguez, los piques de Collantes, la prolífica sociedad con Ítalo (ubicado como volante izquierdo) y las mortíferas habilitaciones de Taboada, quien sintonizó a la perfección con los piques de Collantes.

El argentino anotó el primer gol de su "hat trick" tras una perfecta cesión de Guzmán desde su propio campo. Recibió en soledad a espaldas de la defensa, encaró al golero y cruzó con maestría ante su salida. El mismo Collantes empujó el balón a la red luego de Taboada encontrase el espacio adecuado, sobre la banda derecha, para meter un centro raso, paralelo a la raya de fondo. El goleador quedó cara a cara con el golero Villarroel y definió acomodando el balón lejos de su estéril maniobra abortiva.

Wilstermann se floreaba con el balón. Exhibía un juego pulcro, coordinado, de toque exquisito, con atacantes movedizos y volantes que leían sus movimientos para ejecutar finas entregas que dejaban desarbolada a una inocente defensa que hacía rato había perdido la posición. Tras un certero córner enviado por Ítalo desde la izquierda, Garzón volvió a ganar en las alturas para anotar de cabeza en el segundo palo, 6-0. Quedaba suficiente tiempo para que Wilstermann se sacudiese la mufa del sufriente 0-0 con Vaca Diez, la preocupante sequía en las prácticas, para que olvidase las carencias ofensivas, las patógenas deficiencias de funcionamiento. Todo parecía disiparse con los goles, pero fundamentalmente con el buen funcionamiento ofrecido.

Un nuevo desborde de Taboada derivó en otro pase de gol para que Collantes, otra vez solo ante su víctima, certificase su "hat trick" en una tarde consagratoria para él y balsámica para un equipo que necesitaba aire puro antes de afrontar el cuadrangular del torneo B Nacional.

Mientras Wilstermann hacía gala de exquisiteces técnicas, domesticando el balón, haciéndolo circular con deliciosas caricias, estéticas combinaciones, dibujando arabescos en la alfombra verde; los descuidos (a veces inevitables en tardes pletóricas de ofensividad y prolíficas en eficacia) comenzaron a ofrecer oportunidades al cuadro azul. En una ocasión, Machado desactivó un mano a mano con el escurridizo Ramiro Andrade. En una segunda, Bengolea rechazó sobre la línea cuando toda la defensa había sucumbido. En la tercera, Andrade demoró el disparo (con ángulo y espacio) y fue bloqueado in extremis. Hubo una cuarta oportunidad que Colcapirhua no desaprovechó para aligerar la holgura de la caída, borrando el ominoso cero de su cuenta: Andrade recibió a espaldas de Taboada (demasiado entretenido en el fructífero quehacer ofensivo), eludió la precipitada salida de Machado y depositó suavemente el balón ante un arco con el custodio desactivado, 7-1.

Aunque lo abultado de las cifras expresa una superioridad incuestionable, resultó escasa para redondear la verdadera diferencia que hubo en el campo. Lo de Wilstermann fue aplastante. Erró muchos más goles que lo que puede presumirse después de tamaña pirotecnia. Y nadie se hubiese extrañado si excedía, despiadadamente, la decena de anotaciones, más allá de que, en la perspectiva futura, puede hacerse una defomada interpretación de las cifras. Para valorar el progreso demostrado no se cuestiona ni el saldo ni el funcionamiento, pero para calibrar su dimensión no debe perderse de vista la debilidad (inocencia y pobreza) del adversario, indudable víctima propiciatoria de la estridente goleada.

Wilstermann: Mauro Machado, Nicoll Taboada, Ronald Arana (Diego Bengolea), Daniel Garzón, Francisco Rodríguez, Gianakis Suárez, Luis Carlos Paz (Rojas), Crhistian Machado (Guzmán), Italo De Souza, Carlos Vargas, Jesús Collantes.
Goles: Vargas 4´, Garzón 10 PT y 23 ST, Paz 6’PT, Collantes 9,25 y 28’ST

Colcapirhua: Hugo Villarroel, Wálter Román, Edwin Baldelomar, Ricardo Colque (Ledezma), Oscar C aballero, Remberto Rocha, Marcelo Figueroa, José Escobar, Ramiro Andrade, José Luis Galarza (Limachi), Isaac Céspedes (Maldonado).
Gol: Andrade a los 35’ (ST)

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